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Confiesa Manuel Muñoz que sigue en la pintura por pasión desbocada

23/12/2009 11:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Preso de una pasión desbocada que lo "obliga" a continuar en la pintura, el artista plástico Manuel Muñoz Olivares será objeto de un reconocimiento cuando a sea inaugurado el museo que llevará su nombre, a principios de 2010. El artista plástico, cuyo recinto será abierto por la Universidad de Saltillo, afirmó que "nací pintor, por eso continúo profesando mi tarea con plenitud. La pintura es una droga, una vez que se prueba y que gusta, ya no se suelta por nada". Nacido en Matamoros de la Laguna, Coahuila, en 1925, es decir con 84 años de edad, cumplidos este día, refirió que para él todos los días son para la pintura; "desde que despierto hasta que el sol se oculta". Al tiempo que sostienen una pila de documentos que resumen su vida, puntualizó que "a pintar no se enseña, se nace con ello. Si a usted le gusta debe saber que no hay más que tres formas de hacerlo: primero se prepara la base del cuadro, se sigue con el complemento o el sujeto principal y, finalmente, se pinta el fondo. "Un día alguien me dijo que yo copio, y le contesté: `Bendito sea Dios! porque el que no copia no sabe hacer nada´", refirió. En el pasillo de entrada a su casa comienza el museo personal del artista: decenas de obras, entre bodegones, retratos, paisajes y copias de cuadros de artistas mundiales en óleo, acuarela, tinta y lápiz, se exhiben en las habitaciones. Mientras que en su estudio se apilan bastidores que él mismo prepara, más de 100 pinceles y un sinfín de bocetos. El museo que abrirá en los primeros meses de 2010 la Universidad de Saltillo, con su nombre, estará integrado con 56 obras del maestro, donadas por su esposa, Irene, recientemente fallecida. "Tengo temas en bocetos para crear 10 murales, como por ejemplo para pintar todo el rededor de la universidad; poseo más de 100 pinceles, y mi tarea es ya un vicio y es lo que me ha dado la vida. Cuando me preguntan de qué vivo les respondo: de realizar murales". Discípulo de Manuel Guillermo Lourdes (1898-1971), a quien le debe su instrucción temprana, también se siente en deuda con Romero de Torres, Leonardo Da Vinci y Saturnino Herrán, a quienes admira. Sentado frente a su escritorio que sostiene numerosos libros de pintura, dijo que "lo que tenía que hacer en este mundo ya lo hice. Si me muriera mañana sabría que he cumplido con lo que me trajo a este universo, porque íhe hecho tantas cosas! No creo que me falte nada por hacer". Manuel Muñoz es un hombre robusto, de bigote ralo y mirada apacible, Sus manos siempre están en continúo movimiento, por ejemplo, con ellas busca documentos con los cuales, en ocasiones, apoya sus frases. Tuvo 10 hijos con Irene Vázquez Aguilera: María Guadalupe, Manuel, Manuel Guillermo, María del Rosario, Dolores, Manuel Francisco, Gerardo, Víctor Hugo y Norma Ileana, siete de los cuales pintan también, aunque no como profesión. Recordó que "yo nunca tomé, nunca fumé, pues tenía 10 hijos y tuve que trabajar toda mi vida". La creación del maestro, de quien Salvador Novo escribió "ocupa un lugar de primera fila en la pintura mexicana de todos los tiempos", se ha exhibido en diversas partes del mundo y sus obras se encuentran en iglesias pequeñas o museos internacionales. Uno de los primeros encargos que le hicieron, cuando aún estudiaba en la secundaria 18 de Marzo, de Gómez Palacio, Durango, fue el Vía Crucis para la iglesia del Refugio de Matamoros de la Laguna, de Torreón, recinto que resguarda más de 20 de sus cuadros. Destacó que una de sus características es haber logrado una gran rapidez, "no conozco a nadie que pueda concluir una obra de gran formato (80 por un metro, por ejemplo) en menos de un mes, como yo lo hago". Y aseveró: "pervive en mí una pasión desbocada; sólo cuando me pongo a pintar se calma la ansiedad espiritual y el hambre por restablecer mi equilibrio interno. Eso es lo que me ha mantenido como soy. El amor a la pintura es tan grande como el amor a los hijos. Cada vez que mi mujer vendía un cuadro, yo lo sentía mucho, porque es como si vendiera a un hijo". Una gran parte de su producción se encuentra en manos de coleccionistas particulares. Su vida también ha estado ligada a los medios de comunicación: a los 15 años de edad empezó a colaborar en "El Siglo de Torreón", tarea que aún realiza. Trabajó en "Excélsior", "Novedades", "El Diario de la Tarde", en la revista "Mundo Social", "Hoy" y en "Siempre!". Sobre la pintura contemporánea considera que "toda tendencia es buena, yo que estoy desde el siglo pasado, seguí la academia y estudié anatomía, y composición para ambientar cada cuadro y así sigo trabajando, sin preferir algún tema en particular, pero lo que intento es hacer hablar a mi obra de las profundas verdades de la vida". Confesó que le gusta escuchar ópera, arte que conoce gracias al barítono chileno Carlo Morelli, de quien fue amigo. Reconoce que su arte es un don, porque ni su padre, que no tuvo instrucción primaria, ni su madre, quien falleció cuando él tenía siete años de edad, le inculcaron conocimientos. "Yo seguí la corriente de Goitia, Sorolla y Zuloaga, éste último maestro de Manuel Guillermo Lourdes, mi primer maestro, y he explorado bajo esa línea universos variados como profundos".


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