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Conjuntó Luis Ortiz Monasterio estéticas prehispánica y occidental

15/02/2011 03:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En casi 70 años de trayectoria el escultor mexicano Luis Ortiz Monasterio, muerto el 16 de febrero de 1990, conjuntó las formas estéticas de las culturas precolombinas, el legado artístico de Occidente y la constante búsqueda de un indiscutible valor universal. Considerado uno de los pilares de la escultura mexicana contemporánea, buscó en el arte prehispánico y la tradición mexicana motivos para plasmar en su obra. Sin embargo, a pesar de que su plástica fue nutrida en las raíces del pasado, es profundamente actual. Ortiz Monasterio nació el 23 de agosto de 1906 en la Ciudad de México, fue uno de los integrantes de la generación de la vanguardia de artistas inmersos en la encrucijada del arte emanado de la Revolución Mexicana. Cuando la Academia de San Carlos vivía una etapa de transición de la enseñanza, el entonces director de la institución educativa, Alfredo Ramos Martínez, le asignó un taller-estudio para que el escultor desarrollara su obra con libertad. A la edad de 25 años, el joven creador impartió uno de los talleres de la Escuela de Escultura y Talla Directa, donde el artista compartió sus conocimientos con decenas de estudiantes. En la Sala de Arte de la Secretaría de Educación Pública realizó una de sus primeras exposiciones, donde presentó dibujos y tallas en piedra de madera en las que se puede apreciar una síntesis de la escultura egipcia, griega y precolombina, elementos constantes en su obra. En la década de 1930, el escultor continuó con la antigua tradición de “la piedra de Miguel Ángel”, no obstante, sus obras eran un reflejó su espíritu nacionalista que se puede apreciar en “El soldado herido”, “El esclavo” y “Monumento a los defensores de la ciudad de Puebla”. En 1935 realizó una de sus obras magistrales, “La victoria” en la que presenta la gloria bajo un concepto moderno con raíces en el mundo clásico, elementos que mezcló y repitió en tres de sus trabajos más representativas: “El nacimiento de Apolo”, “La Venus mecánica” y “La Diana”. Estas piezas fueron inspiradas en el reflejo de un México preindustrial y en el que el artista tomó los antiguos héroes de la mitología clásica y los ubicó en contextos más modernas. Dichas características son apreciadas al igual que el nacionalismo predominante en la época, que se pueden percibir en los monumentos públicos que Ortiz Monasterio realizó en la Ciudad de México. Entre 1946 y 1948 ejecutó los altorrelieves del frontispicio de la Escuela Normal de Maestros, en los que a través de 14 paneles representó el desarrollo de la cultura universal, desde la tradición judeocristiana y la tradición clásica hasta la evangelización de los frailes. Lo mismo que desarrolló en esos cuadrángulos el devenir de la cultura nacional, desde la Independencia hasta el zapatismo. Entre 1955 y 1956 creó uno de sus proyectos escultóricos más significativos, la monumental “Fuente de Nezahualcóyotl”, ubicada en el Bosque de Chapultepec, y en la que logró integrar la escultura y la arquitectura. Además, entre 1961 y 1963 fue el precursor de la plaza cívica de la unidad habitacional Independencia, donde cinceló las fuentes, esculturas y el pórtico del teatro al aire libre. En el último año, 1963, esculpió en el Centro Médico Nacional, también en la Ciudad de México, la columna y el emblemático escudo del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Antes, en 1948, Ortiz fue inventado por el arquitecto Carlos Villagrán a participar a su lado en el concurso del periódico “Excélsior” y el Departamento del Distrito Federal para la realización del monumento a la madre, el cual ganaron. Monasterio se encargó de su ejecución en talla de piedra, y representó en los laterales a la educación y la tierra, símbolos del conocimiento y la fertilidad, emblemas de la maternidad. Ortiz Monasterio empleó prácticamente todas las técnicas en su producción escultórica, desde la talla directa, pasando por el barro cocido y el yeso, hasta los complejos trabajos de fundición. Entre sus aportaciones más originales se encuentran las terracotas policromadas realizadas entre 1949 y 1950, que fueron exhibidas en la Galería de Arte Mexicano de Inés Amor. A mediados de la década de 1960, Ortiz Monasterio se dedicó más a su obra íntima de caballete. Después de haber desarrollado realismo en sus grandes monumentos, creó obras con tendencia al arte abstracto, cercanas a las esculturas de Henry Moore, pero empleó elementos del arte prehispánico. Siete años después, en 1967, fue galardonado con el Premio Nacional de Bellas Artes y en 1968 fue miembro fundador de la Academia de las Artes. Luis Ortiz Monasterio murió el 16 de febrero de 1990, en su ciudad natal.


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