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Conmoverá “Las llaves de Sarah” a cinéfilos mexicanos

01/11/2011 02:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El filme de Gilles Paquet-Brenner, “Las llaves de Sarah”, basado en la novela de Tatiana de Rosnay, logra hacer que las lágrimas afloren en los espectadores, ante la impotencia de ver la terrible injusticia que expone esta historia, que se estrenará el viernes próximo, en 24 salas de la Ciudad de México. El público, seguramente, se conmoverá con este drama, en el cual participan Kristin Scott Thomas, Mélusine Mayance, Niels Arestrup, Frédéric Pierrot, Aidan Quinn y Gisèle Casadesus, entre otros actores. Incluso, Paquet-Brenner y Serge Joncour, autores del guión echan una mirada al Holocausto, a través de las narraciones de los sobrevivientes y descendientes de esa terrible tragedia. Mediante su relato, los cineastas son contundentes en uno de sus diálogos, al decir: “No fueron los alemanes, fueron los franceses…, a la hora de explorar este suceso del siglo XX que cambió el rumbo de la historia. Hoy, quienes lean la novela de Tatiana Rosnay se preguntarán qué razones motivaron a que el gobierno francés decidiera “secuestrar” a miles de personas de origen judío en un velódromo, para entregarlos al gobierno alemán para su deportación, camino a una de las más señaladas atrocidades en la humanidad. Se trata de uno de esos tristes episodios que pareciera quedaron en el olvido y del que el grueso de la colectividad “desconoce” y que lamentablemente las nuevas generaciones no se enterarán jamás. La madeja se desprende en mayo de 2002, cuando “Julia Jarmond” (Kristin Scott Thomas), una periodista estadunidense radicada en París desde hace 20 años, le encargan un artículo con motivo del sexagésimo aniversario de una redada contra los judíos. La reportera está casada con “Bertrand Tézac”, con quien procreó una hija (Zoé), quien tiene ya 11 años, y poco a poco irá conociendo una serie de secretos sobre lo acontecido en 1942. Circunstancialmente dará con lo ocurrido a “Sarah”, una joven que, curiosamente, está relacionada con su familia política, los Tézac. Tras este descubrimiento, ella se obsesionará de tal manera que no descansará hasta conocer cuál fue el destino de la chica y cuál es su relación con la familia de su marido. Las escenas y planteamientos son impactantes, sobre todo, cuando la vida obliga a inocentes a tomar decisiones que conciernen a adultos, como cuando “Sarah” niña, horrorizada por lo que les sucederá decide encerrar a su hermanito en un ropero, bajo la promesa de que regresará para salvarlo del Holocausto. Una promesa sumamente cruel, cuyo cumplimiento queda en el aire con el destino que le espera a la niña en los campos de concentración. Paquette-Bertrand recrea esa triste atmósfera al abordar un tema en el que lanza al viento un señalamiento para preguntarle al mundo quién o quiénes son los culpables de esta bajísima acción que parece no remorder conciencia alguna. Asimismo, desvela el nivel de conciencia de algunas personas, como en el caso de “Julia”, quien asume una posición autocrítica y a costa de su propia felicidad no descansa en la investigación que llevará hasta “Wiliam”, el hijo sobreviviente de “Sarah”, quien desconoce por completo que ha vivido 50 años escondido en una personalidad y origen que no son suyos.


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Espectáculos (21096 noticias)
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