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Consolidó Enrique González Martínez lírica introspectiva

12/04/2011 03:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Figura emblemática de la poesía en México, Enrique González Martínez, quien nació el 13 de abril de 1871, abrió las puertas a una nueva sensibilidad poética acorde con los tiempos y la contemporánea aparición de las vanguardias. Su obra fue influida por la poesía simbolista francesa y se sitúa a finales del modernismo, ofreciendo reflexiones sobre la vida, el dolor, el amor, la muerte y la eternidad. De acuerdo con los estudiosos de su obra, entre sus aportaciones a la poesía lírica mexicana destaca su participación como presidente de la asociación Ateneo de la Juventud, agrupación de jóvenes creadores que a su disolución reconocieron como maestro a González Martínez. Ejemplo de ello fue la influencia que generó en López Velarde, quien afirmaba: "Yo, entre muchos, le debo enseñanza" a González Martínez. González Martínez nació en Guadalajara, Jalisco, y se recibió como médico en 1893, poco antes de cumplir los 22 años. A poco de recibirse fue profesor adjunto de Fisiología. Después de dos años y medio de práctica en Guadalajara partió con su familia a Culiacán, donde su padre fue contratado para dirigir un colegio. Ejerció como médico 15 años en diversos lugares del estado de Sinaloa, sin embargo, desde temprana edad su pasión por las letras iba tomando forma y lo llevó a publicar sus versos en periódicos y revistas. La prensa, la cátedra, la política y la diplomacia estuvieron presentes durante su vida. En Mocorito, Sinaloa, dirigió con Sixto Osuna la revista literaria Arte. Posteriormente, a su regreso a la Ciudad de México fundó la revista literaria “Argos” y más tarde “Pegaso”. Fue editorialista de “El Imparcial”, presidente del “Ateneo de la Juventud”, secretario del Gobierno del estado de Puebla, profesor de Literatura Francesa en la Escuela de Altos Estudios y también profesor de Literatura Mexicana en la Escuela Nacional Preparatoria (ENP). En 1920 ingresó al servicio diplomático y ocupó los puestos de ministro en Chile, Argentina y España. A su regreso a México fue miembro fundador, primero, del Seminario de Cultura Mexicana y, después, de El Colegio Nacional, donde sustentó conferencias sobre diversos temas de historia literaria. En 1946 se le otorgó el Premio Nacional Ávila Camacho. Según informes del certamen González Martínez fue condecorado por “su extensión y su sinceridad, por su profundo sentido humano y altísimas cualidades literarias”. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y perteneció al extinto Liceo Altamirano. Perdió la batalla de la vida el 19 de febrero de 1952, dejando a la posteridad su poesía como una lúcida reflexión sobre el hombre y las cosas, el amor, el dolor, la eternidad, la muerte, el paisaje y sobre todo la positiva actitud ante la vida. Entre sus obras más importantes se encuentran “Preludios” (1903), su primer libro; “Los Senderos Ocultos” (1911), “La muerte del cisne” (1915), “La palabra del viento” (1921) y “Ausencia y canto”, el cual escribió posterior a la muerte de su esposa Luisa. Otros no menos importantes son “El diluvio de fuego” (1938) y “Bajo el signo mortal”, en este último el poeta canta a la muerte de su hijo, el también poeta Enrique González Rojo, con el poema titulado “El hijo muerto” que muestra su desesperación. Su lírica introspectiva aborda cuestiones fundamentales como el ser, la muerte y el sentido de la vida, reseñan sus biógrafos.


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