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El Coro Niños Cantores del Centro Histórico en el Museo Frank Mayer

14/05/2012 04:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

* Un orfeón de niños modula temas musicales que van de Vivaldi a Manzanero Por Carlos Olivares Baró Los niños cantan y los suspiros de Dios disciernen los oídos mortales de los hombres. Voces inocentes entonando milagros y salmos: el fraseo de un infante, sagrada acústica que regala la eternidad. Dicen que el voceo de unos chiquillos no se sedimenta jamás: después que lo disfruta la concurrencia sigue camino en la largueza de los ecos y se traslada por el resto del cosmos, allí donde las ánimas piden melodías blandas y compases abreviados para calmar la pena. Las sílabas de los pequeños conmueven porque las pronuncian entablando un diálogo con la pureza. Cuando modulan, no sólo acarician los diapasones, también destierran la incomunicación del mundo: sus destellos apaciguan las pedregosas ansias de la maldad. Los niños vocalizan con los ojos, no con el diafragma como algunos suponen. Cierran sus pupilas, sonríen: las niñas sopranean con llovizna el tiempo de la dicha, los varoncitos tenorizan los indicios de la gracia. Fue el Emperador Maximiliano I de Habsburgo (1459-1529), en la Baja Edad Media, el primer monarca que quiso un coro de niños como acompañamiento para la misa de la capilla del palacio. Escribió una carta-decreto en la que ordenaba: "Contraten a un maestro de canto, dos bajos y seis niños, quiero que acompañen a las misas. Los pequeños recibirán solida educación musical". Inicio del Coro de Niños de la Corte Vienesa que hoy se conoce en el mundo como Niños Cantores de Viena. El gran compositor -pionero del Romanticismo-, Franz Schubert, fue niño cantor del Coro de la Capilla Imperial de Viena. "Nuestro orfeón no se puede comparar con las grandes corales infantiles de Europa, está conformado por niños humildes, vecinos del Centro Histórico. Somos exigentes con ellos en su formación musical, pero queremos, más que todo, que sigan siendo niños y que bajo esa premisa canten. Tenemos 13 años en esta suma de satisfacciones y seguiremos adelante llevando nuestro canto a los diferentes escenarios en cada Festival de México", explicó Agustín Carmona, director artístico del Coro de Niños Cantores del Centro Histórico de la Ciudad de México. "Estoy nerviosa, pero tranquila; vamos a cantar varias canciones que me gustan mucho", me confiesa sonriente una niña de siete años que está haciendo ejercicios de vocalización en el preludio de un recital "al que le hemos puesto mucho empeño. Ensayamos con disciplina los temas y ésta es nuestra quinta presentación dentro del 28 Festival de México. Lo haremos bien", confirma otro muchacho de unos 14 años. El pianista Juan Carlos García y 26 niños (19 niñas y siete varones: el menor de seis años; el mayor de 16) se preparan, tras las bambalinas de la sala de acto del Museo Franz Mayer, para un recital "en el que presentaremos canciones del repertorio clásico, música popular mexicana y canciones de Italia y Francia", reafirma Agustín Carmona, que se acerca a sus pupilos y les indica cómo deberán modular los distintos pasajes del repertorio que presentaran al mediodía. Son las 11 y 30 de la mañana y los 26 integrantes del Coro están tranquilos, con espíritu profesional sorprendente. Ríen entre ellos, se abrazan, se acomodan blusas, camisas y pañoletas. El director pide silencio y ejecutan para afinar detalles, por última vez, un pasaje de una pieza de Mozart. Preludio: Tercera llamada. Presentación. Entrada de los 26 muchachos y el pianista al proscenio. En una esquina la foto de una niña de ojos grandes y vivaces. El director explica: la muchacha de la foto se llama Mara Libertad, ex integrante del orfeón infantil, fallecida hace unas semanas. "A ella, sus compañeros quieren dedicarles esta presentación, este mediodía, este domingo". Aplausos cordiales. Público en su mayoría compuesto por familiares de los 26 niños cantores: abuelitos, madres, padres, hermanos, tíos, primos… Primer tiempo. Bloque de tres composiciones del repertorio de música de concierto (barroco, Vivaldi: "Gloria"; clásico, Mozart: "Ave Verum"; romántico, Verdi: "Nabucco"), que los impúberes concertistas ejecutan con corrección, pero abrigado en total apocamiento y nerviosidad. La emisión en falsete se sobrepone y la tessitura (extensión, timbre, vibrato, coloratura) coral devela espontaneidad y frescura impostadas. "Alfabeto" (Anónimo), "Chocolate caliente"-el director invita al público a tararear la composición---, "Concierto para una sola voz" (Manzi/Preaux) y dos canciones de la profesora mexicana Diana Couriel ("Una vela para la paz" y "Amigo te tengo que decir") completan la entrega con tonalidades de swing/jazz, vals/tango, canción francesa y balada: los vocalistas están más "desabrochados", más vivaces. Rematan con un emotivo "Canto della Terra" (Sartori/Quarantotto) -canción popularizada por Andrea Bocelli-- en el que los agudos de los varones en amplificaciones de tenor ponen de piel al auditorio. Segundo tiempo. Bloque de tres clásicos de la canción infantil: "El ratón vaquero", "Los cochinitos" y "La patita" que el orfeón infantil disfruta en su ejecución: pianista que apoya las figuraciones vocales y director que goza en cada declamación. "La lluvia" (Manuel M. Ponce), "Así" (María Grever), "Esta tarde vi llover" (Armando Manzanero), "La sandunga" (Máximo Ramón Ortiz) y "Qué bonita es mi tierra" (Ruben Fuentes) llenan el mediodía de frondas mexicanas: los jóvenes se contonean a los compases de los boleros, los sones y huapangos. Recitación en cánticos profesionales. Cierre majestuoso. Una señora que está a mi lado, madre de una de las niñas, llora de la emoción. Encore con "Una vela por la paz": "…la repetimos porque nos gusta mucho", explica el director en pujas de conmoción y orgullo ante sus pupilos, quienes colmaron de pureza la media tarde de un domingo inmemorial. Ovación. Los padres toman fotos. Saludos y besos. "Ella, la del poncho rojo y la blusa azul, es mi hermanita", presume una niña de unos ocho años señalando el escenario. Me cuelo tras las cortinas y veo como todos se abrazan, saltan, ríen… El director los felicita, señala errores, enumera aciertos…: "Cómo logras esto", le pregunto. "No sé, pero ahí está el resultado de los ensayos. Cada canción que montamos es un escalón que subimos. Juego con ellos, más que nada les transfiero mi amor por las canciones. Hoy me pusieron la piel de gallina con 'La sandunga'", concluye. Coro de los Niños Cantores del Centro Histórico de la Ciudad México, otra razón para amar a esta ciudad de alborozos, desencuentros, trompicones y miserias. Los niños cantan y los vagidos de Dios nos arrebujan. Excelente iniciativa de la Asociación Civil que, desde hace 28 años, hace posible el ya ineludible Festival de México.


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