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Crisis, ¿Sólo económica?

17/05/2012 00:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

UNAM, Fac. Economía/Linea editorial Siempre libre/ Número 1

El panorama actual ante la crisis

Muchos de nosotros, aunque no estemos directamente envueltos en los estudios del impacto financiero en la economía global, hemos escuchado hablar muy seguido (sobre todo desde la década de los 80’s) de una crisis apremiante y que aparentemente no se reduce, a pesar de los esfuerzos y propuestas de los estudiosos e investigadores que dedican su vida a impactar en el terreno de la realidad el problema desde distintos ángulos. Esto no es un tema fácil, pues se necesita mucho valor para “apostar” por una solución que puede resultar más perjudicial y generar un problema todavía más grande; es por eso que los que están directamente buscando propuestas y soluciones para la crisis actual tienen una gran responsabilidad, no tanto económica, sino social para con el mundo directamente afectado por el fenómeno económico.

Por supuesto, los puntos de vista y las diferentes teorías, muchas veces peleando entre ellas, no han tenido la capacidad de generar una solución que deje vislumbrar una esperanza a la solución del problema económico global, pues las divisiones en el terreno son de verdad muy marcadas y el sistema predominante sigue pugnando por la poca difusión de las propuestas y teorías que salen de la práctica ortodoxa neoliberal actual, pues la solución que plantea ésta corriente sale totalmente de los intereses de las clases afectadas, que evidentemente no son las dominantes. Es decir, todas las supuestas pequeñas minorías se ven generalmente avasalladas por las supuestas grandes mayorías, deviniendo así en un problema todavía más sensible por su naturaleza más humana: la inestabilidad política y social. Si bien es por la mayoría de nosotros conocido el hecho de que la clase dominante absorbe la capacidad de decisión en problemas que involucren o que pongan en riesgo a sus capitales invertidos en la dinámica del mercado mundial, y que las acusaciones que para algunos parecen disparatadas sobre que el FMI (Fondo Monetario Internacional) protege a los grandes capitalistas, olvidando al grueso de la población que sobre nuestros hombros llevamos una carga que no nos corresponde y que tendremos que cargas hasta el último de nuestros días.

Es verdad, señores, vivimos en una sociedad en crisis económica y social, que no logra redimir sus diferencias, sino que por el contrario, cada día que pasa se agudiza la desigualdad y las diferencias que separan la clase dominante de la clase trabajadora. Los grandes capitalistas se preocupan por que si tasa de ganancia no descienda o que por lo menos se mantenga y los proletarios nos preocupamos por que nuestro poder adquisitivo se reduce a pesar de nuestros esfuerzos de participación en los procesos productivos capitalistas, en donde se generan todas las mercancías que consumimos en el mercado. Pero, si las diferencias son tan grandes y dramáticas como a veces parecen; ¿por qué seguimos viviendo bajo el subyugo de aquellos a los que beneficiamos con nuestro trabajo y consumo? En este articulo de intentará plantear una respuesta a la anterior pregunta, y es: Dentro de todo el consumo capitalista, el mercado genera una oferta distinta que la mayoría consume: la indiferencia.

La indiferencia social como principal “catalizador” de la dominación burguesa.

Por Mario Segovia

UNAM

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Tanto la simulación como la indiferencia representan problemas a los que darles solución significaría un aliento para los países en crisis.

En la introducción de el presente escrito se habló de una crisis económica que se extiende por algunos países de la unión europea, Norte América, América Latina, Asia y África, es decir, una crisis mundial. Pero el objetivo de este artículo es abordar el problema desde otra perspectiva, no necesariamente diferente, pues existen quienes realizan un análisis de las consecuencias sociales y políticas que genera una crisis económica de tales magnitudes llegando a conclusiones distintas.

En cuanto a mi planteamiento de la situación; es conocido que las crisis económicas generan graves fracturas en una sociedad capitalista, pues aunque la mayoría de los ciudadanos no estén enterados de un déficit en la balanza de pagos, la caída súbita del PIB o la baja disponibilidad de divisas, sí es verdad que todos los bolsillos se ven afectados de manera inmediata, directa e irreversible ante cualquiera de las situaciones antes planteadas. A cualquiera de nosotros nos enojaría un aumento constante en los precios de la canasta básica, los efectos negativos en nuestros bolsillos como la pérdida del poder adquisitivo, la desocupación, la poca oferta educativa, la privatización de servicios, la retirada de subsidios a productos de primera necesidad, en fin, todo lo que estamos experimentando actualmente en México, y que ya se sufrió con mayor impacto en países como Grecia y más recientemente en España.

Pero a pesar de toda la cantidad de problemas que se generan en una crisis, encontramos a la mayoría de la población afectada inerte ante la situación tan grave que se está experimentando, a lo que muchos de nosotros nos preguntamos el por qué de la poca reacción social para enfrentar las decisiones tomadas en las reuniones privadas de los banqueros de nuestro país con los banqueros del FMI. El caso griego, por ejemplo: Grecia llegó a estar endeudada por un total del 150% de su PIB, lo que se traduce a que de cada 100 euros que obtenían, debían 150, y tras unas largas negociaciones con el BM y el FMI en donde se buscaba un refinanciamiento de su deuda, estos dos organismos les plantearon la reducción del gasto público en Grecia (reducción del presupuesto de salud y educación), el ahorro, subir los impuestos, en fin, una serie de medidas que afectarán directamente a la población; y estos se preguntan por qué tienen que ser ellos quienes paguen esta deuda de banqueros. El pueblo griego no vio un sólo euro del préstamo y reclama las medidas que se están tomando en torno a la situación, pues pagarán una deuda que ellos no adquirieron, con la justificación de la clase dominante de Grecia que insiste en que toda la población se benefició en un principio y que ahora también el pueblo en su conjunto tiene una responsabilidad en el pago de ésta.

No es un llamado a tomar las armas y revelarse, pues la sociedad no se construye con un “ellos o nosotros”, sino con un “ellos y nosotros”

La situación en Grecia, no nos es desconocida a nosotros los mexicanos; pues en 1994 se cometió el llamado “error de diciembre”, en donde se instauró un programa de rescate económico a los banqueros que se llamó FOBAPROA, el cual todavía y hasta la siguiente generación va a pagar. Nos preguntamos, al ver la situación de Grecia, marcada por constantes movimientos, marchas, organización ciudadana, etc; por qué en México no se da una situación que guarde una similitud correspondiente a las que existen en el origen del problema, y es aquí en donde se incluye una de las “mercancías” que el capitalismo utiliza como arma para que ni siquiera tenga la necesidad de reprimir con agresividad a la población, arma con el poder de definir la relación entre la clase dominante y la clase trabajadora; estamos hablando de la indiferencia con la que actúa la mayoría, dispersos en intereses distintos que entran en los patrones de conducta buscados por la burguesía, vendiendo su cerebro a las televisoras por una dosis diaria de “reality shows” que fungen como catarsis a la frustración generalizada. Es una acusación grave, y de eso soy muy consiente, pero no se aleja de la realidad sino todo lo contrario, se queda corta para describirla. Bastaría con mirar a las personas que te rodean para darse cuenta de que el único interés, que obedece a su individualismo, es mantenerse relativamente bien, tanto como lo permita la situación sin importar lo que le rodea; la desocupación, inflación, el déficit, la deuda no les interesa, no les interesa las injusticias cometidas contra pueblos marginados que son golpeados directamente por los peones del estado opresor (el ejército) y sólo se busca pasar el día, vivir al día; sobrevivir a la crisis.

Es decir, además de enfrentarnos a una crisis económica, se nos presenta una crisis social que tiene características distintas según la gravedad de la situación; pero que el ingrediente que prevalece para que estas evolucionen tiene que ver directamente con un problema de indiferencia ante las situaciones y decisiones impuestas por los que dominan el país. No es una mentira, ni estamos alejados de la realidad cuando hablamos del aumento de impuestos, o el aumento de precios a los productos de la canasta básica, el aumento de la jornada laboral provocado por la baja en el poder adquisitivo, y en ocasiones, la baja en los salarios, los grandes despidos y la tasa de desocupaciones en incremento, ventas de empresas nacionales y paraestatales a la iniciativa privada, abaratando el patrimonio nacional, etc, acciones que empobrecen cada día más a los países ya de por si pobres, sucumbiendo a los deseos voluntariosos de aquellos que no quieren ver su tasa de ganancia disminuida y pasando por la soberanía y la libertad de la gente que construye el rumbo económico de un país con su trabajo; la misma que con apretarse el cinturón y limpiarse las lágrimas pagan las deudas que adquieren y de las cuales, nosotros vemos beneficios casi nulos. Y con el panorama tal cual descrito, nos preguntamos: ¿cómo es que los ciudadanos no nos mantenemos organizados en contra de todos los atropellos ya mencionados (y faltaron muchos) para tener una posibilidad de refutar las acciones o determinaciones tomadas por aquellos que deciden el rumbo financiero del país en el que vivimos? porque sí, es verdad que en ocasiones al mirar el periódico o el noticiero matutino nos encontramos con una noticia sobre una huelga, marcha, plantón o cualquier acción civil de resistencia lo tomamos como una molestia que interrumpirá de alguna manera con la cotidianidad en la que nos manejamos; es verdad que no mostramos suficiente interés en lo que está sucediendo en sectores de la población cada vez más cercanos a nosotros y que son avasallados por las consecuencias de la crisis. Las acciones sociales que se toman en casos de desesperación son apenas organizadas por algunos con más conciencia de la situación y que suma al movimiento a cientos de personas que se encuentran exactamente en la misma situación, pero sólo a los que se encuentran en la misma situación; el resto de la población no hace suya la causa que mueve a estas masas, actuando con indiferencia, comprando la idea vendida por los noticieros de las televisoras (por cierto, privadas) que los movimientos generan caos vial, alteraciones en el orden, criminalidad y un listado de disturbios que en realidad a muchos no nos afecta, pero nos molesta escucharlo; e incluso los movimientos que se organizan y que toman fuerza, actúan con indiferencia ante las causas de otros movimientos en lugar de unirse para tomar más fuerza y conjuntarse para la formación de uno que persiga diferentes intereses y que se torne más versátil en la lucha por defender los derechos de la clase trabajadora.

Todos los problemas que puede generar la apatía social o la indiferencia a lo que nos rodea se tornan todavía más peligrosos para la población cuando se conjuntan con un problema generado por la clase dominante: la simulación. Cuando supuestamente se toman cartas en el asunto en cuestión que apremia a un sector social y al parecer finalmente parece que las peticiones han sido escuchadas por aquellos que tienen en sus manos las mayoría de las decisiones. Pero en muchas ocasiones como éstas, únicamente se simula buscar una solución e implementarla; sólo se limitan a hacer como que les interesa y hacer como que lo solucionan, acompañado del resto de nosotros, que hacemos como si nada hubiera pasado, olvidando las circunstancias que nos orillaron a manifestarnos en contra de lo que nos pareció incorrecto en un momento.

Estas dos situaciones en conjunto, son esparcidas y distribuidas por la burguesía como viles mercancías, por medio de la televisión y las campañas de publicidad, así como Josep Goebbels propagó la ideología nazi, para mantener un patrón de orden en la sociedad y no perder la gobernabilidad; pero la sociedad debe darse cuenta que la unión de los movimientos, el aumento de la inteligencia y el desarrollo de la subjetividad son los pasos a seguir para que el rumbo de las decisiones se incline en favor de las mayorías.

Para esto hace falta mucho trabajo, y aquellos que tenemos el conocimiento y que no actuamos con tanta indiferencia, o que nos sumamos a causas y movimientos ya organizados somos los que podemos definir el rumbo de la crisis social actual, así como los economistas en proceso de formación podremos romper con la ortodoxia y buscar soluciones distintas, pues en palabras atribuidas a Albert Einstein: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”

No es un llamado a tomar las armas y revelarse en contra de la burguesía, al menos no todavía; es un llamado a unirnos todos en pro de una sociedad mejor, pues la sociedad no se construye con un “ellos o nosotros”, sino con un “ellos y nosotros”.


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