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Crónica de la eternidad

26/01/2014 13:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Juan Eduardo Martínez Leyva

Christian Duverger presentó en la pasada feria del libro de Guadalajara su trabajo publicado por editorial Taurus en 2012 con el título Crónica de la eternidad, en el que pretende demostrar que fue Hernán Cortés y no Bernal Díaz del Castillo quien escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

Duverger es un antropólogo francés que ha dedicado su vida al estudio del periodo prehispánico y colonial. Ha realizado investigaciones de antropología y arqueología en México y en Centroamérica. Actualmente imparte la cátedra de Antropología social y cultural de Mesoamérica en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la ciudad de París. También fue agregado cultural de la embajada de Francia en México. Tiene publicados diversos trabajos relacionados con la cultura, la religión, el arte y el mestizaje de las poblaciones indígenas de México. En el 2010 publicó una obra sobre la vida del conquistador con el título: Cortés. La Biografía más reveladora.

La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España fue publicada por primera vez en Madrid en 1632. Su autor era un soldado de la tropa de Hernán Cortés.

Díaz del Castillo escribe su obra con el fin de oponerla a la publicada en Zaragoza por Francisco López de Gómara en 1552, bajo el título de Historia general de las Indias, cuya segunda parte lleva el subtítulo Conquista de México.

El trabajo de López de Gómara está orientado a resaltar el papel de Cortés en la conquista de México. Lo presenta como un gran héroe. Narra de manera detallada sus batallas. Es una novela de capas y espadas, "pero en la que la intriga mezcla sus amores con la princesa Malinche, su duelo político con Carlos V, su mirada fascinada por la grandeza azteca, su gusto por la aventura y lo desconocido que lo echa a la exploración del Pacífico".

Bernal intenta corregir algunos errores en los que incurre supuestamente López de Gómara en la narración de ciertos acontecimientos, pero sobre todo, trata de reivindicar el papel de la tropa en la epopeya; de los soldados que, como él, tuvieron una conducta tan o más destacada que la del propio Cortés. Esta es la intención que explica el título Historia verdadera.

Duverger hace un trabajo de investigación exhaustivo, verdaderamente notable. Practica una especie de arqueología documental. Consulta los archivos en México, Guatemala y España. Halla inconsistencias cronológicas, rastrea la existencia de Bernal Díaz como sabueso y encuentra lagunas biográficas, escudriña el lenguaje de diversas obras de la época, detalla los últimos años de la vida de Cortés en Sevilla y Valladolid. Describe sus intentos desesperados, sus gestiones, por recuperar lo que la Corona le había quitado: la recompensa material y la gloria. Analiza el expediente del juicio de residencia que enfrentó Cortes en 1529, en el que Nuño de Guzmán le imputa haber asesinado a su esposa y de no "temerle a Dios". En fin, Duverger, de manera brillante y convincente, va tejiendo la red en la que pretende atrapar al impostor. Al parecer lo logra, y Bernal Díaz del Castillo es empujado a los mares de la piratería literaria, mientras que Hernán Cortés es colocado, al lado de Cervantes, en el panteón de los grandes escritores.

Para los mexicanos la reivindicación del conquistador es como santificar al mismísimo demonio. Querer sacar del infierno a un condenado por la divina comedia mexicana, donde yacen infinidad de personajes.

¿Cuáles son los elementos que llevan al autor a sostener tamaña "herejía"?

En primer lugar, el antropólogo francés, pone en duda la autenticidad de Bernal Díaz del Castillo. Para él es un impostor que va transformando con el tiempo su nombre, sus apellidos e inventa su papel de soldado cercano a Hernán Cortés. No hay registro de su nacimiento en Medina del Campo, en Castilla la Vieja, de donde se dice originario. Cortés no menciona el nombre de Bernal Díaz del Castillo en sus escritos, ni en ninguna otra circunstancia. Cuándo Cortés es nombrado por sus soldados capitán general, se genera una carta al emperador Carlos V con la firma de 544 soldados, prácticamente toda la tropa. Por ningún lado aparece el tal Bernal. Tampoco aparece en la lista de veintidós testigos de cargo presentados en el juicio de residencia instaurado contra Cortés. Duverger encuentra, en una lista de personas embarcadas hacia América en 1514, el nombre de Bernal Díaz (sin el apellido del Castillo), pero de padres distintos a los que manifiesta nuestro personaje.

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En segundo lugar, el autor cuestiona el don de la ubicuidad del soldado escritor. En la Historia verdadera se narran con gran detalle, acontecimientos vividos y sentidos personalmente por Cortés, de los cuales se ha comprobado su veracidad, de tal manera que el narrador debería ser la sombra misma del conquistador. Una persona tan cercana que hubiese acompañado a Cortés a todos lados, haber sido su confesor y haberlo conocido de tal forma que pudiese saber de sus sentimientos, dudas y aflicciones. Alguien de esas características debió haber sido un personaje importante, o al menos conocido, mencionado por alguien. Pues bien, no hay nada de eso.

En tercer lugar Duverger pone en tela de juicio la erudición del escritor. La obra está escrita con un lenguaje propio de un hombre con una amplia cultura clásica, con conocimiento de la literatura griega y latina, de las intrigas y vericuetos de la política del imperio. Era prácticamente imposible que un humilde soldado pudiese tener tal educación en esa época. A este hombre modesto que escribió desde Santiago de Guatemala, le era imposible conocer, durante las fechas de su escritura, obras censuradas y acontecimientos sucedidos en España, que se citan con gran conocimiento en la Historia verdadera.

Hasta aquí, el lector se convence de que Bernal es un impostor. La obra debió haber sido escrita por alguien más. El autor repasa la lista de conquistadores en busca de un probable autor, pero los va eliminando uno a uno, por distintas razones. Al final sólo queda el propio Hernán Cortés. Pero ¿Por qué pensar que fue él?

Cortés mantenía una abierta disputa con Carlos V. Escribe cinco cartas de relación, cuatro de las cuales son publicadas. Lo hace con auténtico conocimiento del oficio literario. Los escritos de Cortés no sólo son prohibidos por una orden de la Corona, también son confiscados y quemados en la plaza pública de Sevilla, Toledo y Granada. Se convierte en un autor proscrito, como hubo muchos en esa época. Es entonces cuando decide ser un escritor anónimo, refugiado en el seudónimo de un soldado del montón. Dedica los últimos años de su vida a dejar constancia escrita de su grandeza. Duverger desenvuelve, en esta parte, una serie de argumentos igual de convincentes, que analizan las semejanzas de estilo entre las cartas de relación y la Historia verdadera. Le sigue la pista a Cortés hasta su muerte, ocurrida en 1547. Documenta su relación con Francisco López de Gómara. En fin, casi no queda duda alguna de que Cortés escribió esta obra.

No obstante todo el esfuerzo que realiza Duverger por demostrar su hipótesis, y de lo convincente que puedan ser sus conclusiones, quedan en el terreno de la especulación los dos hechos más importantes del asunto. Nadie vio a Cortés escribir la Verdadera Historia de la conquista de la Nueva España, él nunca confesó que lo estaba haciendo y no existen pruebas directas de ello. Duverger tampoco puede demostrar fehacientemente como llegó el manuscrito original, supuestamente escrito por Cortés, a Guatemala, a manos del autor apócrifo. El investigador amarra estos dos cabos sueltos con el método deductivo. El vacío de la prueba lo llena con el razonamiento. "Si no fue Bernal el que escribió, después de descartar a todos los demás, es lógico que haya sido Cortés", pareciera ser la forma en que intenta cerrar el círculo. Sí, el problema es que, en ocasiones, lo que es lógico no es real. El autor conoce esta debilidad, aunque no lo dice explícitamente. La resuelve, sin embargo, al agregar un epílogo imaginario a su trabajo. Este agregado es ficción literaria. Se trata de un encuentro en la Academia Francesa, ocurrido el 17 de enero de 1907, entre Cortés y Alonso Remón, el responsable de la primera edición de la Historia verdadera. Cortés le confiesa a Remón que él es el verdadero autor de la obra y que Bernal Díaz del Castillo es sólo un seudónimo. Aquí también, en el ámbito de la ficción, se despeja el enigma de la verdadera identidad de Bernal, quien termina siendo un pariente del conquistador de apellido Sánchez Pizarro, a quien Cortés envía a Guatemala. Remón queda convencido de las explicaciones que Cortés le da tres siglos y medio después de haber sido escrita la obra. El epílogo se cierra con la esperanza del conquistador de que algún día se le reconocerá como escritor. "Tengo la eternidad por delante", dice con convicción.

Crónica de la eternidad, con su atrevida provocación, tiene la virtud de despertar el interés por el análisis crítico de un periodo de la historia de México, que los mexicanos hemos estudiado a través de la narrativa tradicional y, a menudo, maniquea.

Christian Duverger se suma a la lista de intelectuales franceses, que como Le Clézio, premio nobel de literatura 2008, se han interesados por la historia y la cultura mexicana. Lo han hecho desde una perspectiva distinta, desde el mirador del observador externo, lo cual siempre ayuda a ponderar las cosas.

México D.F. enero 26 de 2014


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Autor:
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Fuente:
amanecersinaloa.com
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Tipo:
Reportaje
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