Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Emilho escriba una noticia?

Crónicas de un niño de la calle (La Acocota)

11/07/2009 18:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Queridos lectores, disculpen el atraso, estuve dándome unas ricas vacaciones. Les pediría que si algunos de ustedes quiere recomendar algún lugar, lo sugiera en los comentarios

La Acocota

Bien venidos a la Acocota, este fin de semana fui con mi padre a comer memelas en lo que hoy es el mercado. Y bien, les presento un poco de los recuerdos que este lugar trae a mí y, también, los recuerdos de mi padre quien vivió ahí antes de que fuera mercado.

Cuando visitábamos a mis tías en la seis oriente (los remedios), generalmente los fines de semana, solíamos desayunar memelas de la Cocota (así generalmente se dice) y recuerdo que a veces acompañaba a mi primo cuando iba por ellas. No sé ustedes pero, se han dado cuenta que los sabores que de niños nos son exquisitos jamás los olvidamos de grandes; yo recuerdo el sabor de esas memelas y, a pesar de tantos años que dejé de frecuentar estos lugares, cuando las volví a probar surgió en mi cabeza esta pregunta: por qué ya no había venido. Y es cierto, uno deja de hacer muchas cosas porque supone que todo pasa, sin embargo, y bien lo confirman las investigaciones recientes, también somos lo que comemos.

Memelitas con la Güera y un rico champurrado

Dice mi padre que cuando era niño como de dos años vivió en lo que hoy es el mercado, incluso afirma que existe una foto donde está él en la entrada de esa vecindad con unas pistolas de juguete que su madre le regalara, quería ser Math Masterson, una serie de su época. Recuerda que, donde hoy venden películas pirata, era la entrada a su casa gracias a una reja que está atravesando la calle, en la dulcería. Me cuenta en las mañanas acompañaba a su madre a lavar por ser el más grande y que desde ese momento se preguntaba si verdaderamente existía Dios.

Sobre la calle de la 18 norte, frente al mercado, se encuentra el DIF, recuerdo que una vez vi escapar a un chavo de ahí (ha de ser horrible estar encerrado), cuando nos poníamos chillones o nos emberrinchábamos, mi madre nos amenazaba diciendo que nos iría a dejar en el DIF; creo que desde ese momento siento un gran miedo por quedar encerrado en algún lugar. En contra esquina del DIF había un parque al que raras veces íbamos a jugar, no porque estuviera lejos sino porque los juegos estaban bastante oxidados y generalmente las bandas de aquellos años como “La Banda de los niños sin amor” frecuentaban esos lugares para echar el chemo, a demás por esa época estaba de moda “el roba chicos”. Hoy ese parque prefirieron convertirlo en escuela, ya no hay juegos pero sigue habiendo chemos (algunos, claro).

Si uno camina por la 16 norte se dará cuenta que aún existen los baños de San Ignacio (mejor conocidos como Los Nachos), no son muy antiguos pero yo los vi de niño, por lo menos ya llevan 24 años ahí

Si uno camina por la 16 norte se dará cuenta que aún existen los baños de San Ignacio (mejor conocidos como Los Nachos), no son muy antiguos pero yo los vi de niño, por lo menos ya llevan 24 años ahí. También pueden ver el Kinder en la esquina de la cocota del que, sinceramente, tengo un mal recuerdo, no porque hubiese sido mi escuela sino porque siempre quise entrar y saber cómo era por dentro, se me hacía sorprendente ver un Kinder en un mercado, pero así es el mundo de extraño. También pueden ver que el caos automovilístico no ha cambiado mucho.

El merado de La Acocota está dividido en tres partes, una donde fueron vecindades en algún momento y uno puede encontrar ropa, películas, las deliciosas memelitas y alguno que otro juguete; la parte media donde ya parece haber sido construido como mercado y uno puede encontrar artículos pala la cocina, semillas, jugos, y la otra parte donde hasta cambia todo de color por tener un techo más alto y donde uno encuentra todo lo necesario para la comida: verduras, carne, fruta, etc. E incluso ahí hay varias cocinas económicas donde puede uno echarse un rico y delicioso molito de panza.

Caminando dentro del mercado, todos trabajan menos yo.

Sobre la cuatro oriente qué les puedo decir, existe una infinidad de comercio que uno dice, a poco venderán tan bien, un uno de eso mi mamá una vez me compró unas chanclas en forma de pez, sinceramente me veía un poco afeminado pero, bueno, era un niño con la necesidad de unas chanclas para que me dejaran ir a nadar. La “cocota” no es muy grande, pero a veces es peligrosa, más cuando las bandas actuales salen a mercar. ¡aguas con los vagos de la ocho, que son mis primos! Sigamos andando la vida por las calles de Puebla.


Sobre esta noticia

Autor:
Emilho (13 noticias)
Visitas:
5144
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.