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Cuarón contra el Estado Gravity o ¿por qué no debatir?

19/05/2014 17:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A raíz de la puesta en marcha del proceso legislativo para pseudo-debatir y aprobar las leyes secundarias de la Reforma Energética, Alfonso Cuarón, el ganador del Premio Oscar 2014, por la dirección de la película Gravity, le puso el cascabel al gato, al hacerle a Enrique Peña Nieto, 10 preguntas

A raíz de la puesta en marcha del proceso legislativo para pseudo-debatir y aprobar las leyes secundarias de la Reforma Energética, Alfonso Cuarón, el ganador del Premio Oscar 2014, por la dirección de la película Gravity, le puso el cascabel al gato, al hacerle a Enrique Peña Nieto, 10 preguntas sobre su cacareada estrategia en materia de energía.

De esta forma, Cuarón se convirtió en la piedra en el zapato de la Presidencia de la República, al tomar fuera de base al primer mandatario, pero también a sus carísimos asesores y secretarios de Estado, quienes fueron incapaces de responder en el momento sobre un tema que se supone conocen y dominan al 100%.

Puesta la mesa para el debate sobre los temas coyunturales que afectan al país y a los mexicanos, asuntos entre los que se encuentran, además de la Reforma Energética, la Reforma Telecom e incluso el actual status fallido de la economía, los funcionarios de Peña Nieto, con él a la cabeza, prefirieron salirse por la tangente, respondiendo con retórica y más retórica las preguntas del cineasta.

Dejar en plan de intocables los gasolinazos y darle dos años de plazo a las reformas estructurales para que empiecen a verse los resultados en los bolsillos y en la calidad de vida de los mexicanos, evidencia la gravedad de la simulación política con la que se maneja el círculo cercano de Peña Nieto, en donde no alcanzan a entender que informarle a Cuarón y al pueblo, de forma veraz y atingente, no es otra cosa que su obligación.

Acostumbrados a tomar decisiones al viejo estilo priísta, no está de más recordarles que en pleno siglo XXI, en la era de la información, la imposición de las decisiones ya no tiene razón de ser, de ahí que pretender dorarle la píldora al pueblo para hacer y deshacer con los recursos naturales, entregándolos al mejor postor, solamente refleja la escasa racionalidad de las acciones impulsadas por el PRI y sus afines, con su respectiva cuota de cinismo.

En respuesta a las respuestas dadas a conocer por la Presidencia, Cuarón argumentó: "Yo expresé lo que consideraba necesario expresar, corresponde ahora al público, a los medios, al presidente y al Congreso darle seguimiento si lo creen relevante". Y sí, vaya que es relevante darle seguimiento a este tema, que no es otra cosa que un debate sobre la ausencia de debate en torno al presente y futuro del país.

Y es que de cara a las preguntas hechas por Cuarón, no faltaron los analistas políticos que decidieron irse a la yugular del cineasta, al considerar ofensivo y fuera de lugar el que se cuestione al sacrosanto presidente; es el caso de los periodistas Ricardo Alemán y Carlos Mota, quienes tomaron la pelota lanzada por el ganador del Oscar, sólo para recordar glorias pasadas, defendiendo un rancio presidencialismo que ya no tiene lugar en el México actual.

El derecho de Cuarón a preguntar lo que sea que se le antoje en materia de políticas públicas y la Reforma Energética, es el mismo que tienen millones de mexicanos más para cuestionar el modo personal de gobernar de Peña Nieto en relación con temas como las telecomunicaciones, el respeto a la libertad de expresión y tantos otros asuntos que son de vital importancia para la viabilidad medioambiental, política, económica y social del país.

En tiempos de dictadura, la Perfecta del Partido Revolucionario institucional, por ejemplo, el ejercicio de las garantías individuales, incluida la libertad de expresión, deberá extinguirse rápidamente bajo la fuerza del todopoderoso presidencialismo mexicano, es el escenario que prefieren Ricardo Alemán y Carlos Mota, cuando lo que debería prevalecer es lo contrario.

Sí, aunque le duela a los oficiosos jilgueros del Presidente en turno, más hombres y mujeres del ala cultural, nuestras mentes creativas por excelencia, deberían estar cuestionando la toma de decisiones que, sobre las rodillas, realizan Enrique Peña Nieto y sus funcionarios, quienes por más irracionales y absurdas que sean sus acciones, persisten en su empeño, como si de éstas no dependiera el futuro del país y de 118 millones de mexicanos.

Queda claro que si las decisiones se toman en lo oscurito, al gusto de la clase política en el poder, que es lo que desean hacer con las leyes secundarias de las reformas estructurales, México quedará atrapado en la peor zona de gravedad conocida hasta el momento. Esto se pondrá, pues, Gravity… o como luego dicen: color de hormiga.

El debate en las Cámaras, propuesto por el PAN y el PRI ante el ¿Por qué no debatir?, de Cuarón, pregunta que también le dirigió a EPN, no nos alcanza porque el común de los diputados y senadores están ciegos, sordos y mudos ante la realidad del país, ya que en lugar de ser parte de la solución, la clase política es parte del problema y de esa incongruencia con su deber ser, surge la necesidad de hacer política, pero de la verdadera y ésta sólo se hace debatiendo.

Y para muestra un botón: Lo ocurrido en la Cámara de Diputados, la noche del 13 y la madrugada del 14 de noviembre del año pasado, ejemplifica muy bien la ruindad con la que se maneja la clase política mexicana, que pese a ser increpada a debatir por el diputado del Movimiento Ciudadano, Ricardo Monreal, hizo mutis y se sumió en el silencio, negándose a discutir de manera seria y honesta, las reservas realizadas sobre distintos rubros del Presupuesto Federal.

Este es el modelo de debate sin debate en el que la clase política propone debatir las leyes secundarias de las reformas Telecom y Energética, estrategia que es muy útil como muro legislativo, pues en éste, el presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados y/o de Senadores, se concreta a pedirle al pleno que vote si se debe o no debatir tal o cual punto y la respuesta usualmente es: -“Señor Presidente, mayoría por la negativa”, en cuyo caso la respuesta que concluye el diálogo de sordos, es un lacónico “No se admite, se desecha”.

Por eso, cuando Cuarón le preguntó a la clase política y a Peña Nieto ¿Por qué no debatir?, esas cuatro palabras y sus respectivos signos de interrogación, estremecieron los cimientos del viejo Sistema Político Mexicano, según el cual, las propuestas presidenciales que se envían al Congreso son para aprobarse, no para debatirse, al fin que para eso se pintan solos no pocos diputados y senadores, quienes se encuentran en la curul para dos cosas: cobrar su cheque y votar a favor de lo que se les ordene. Ni más, ni menos.

¿Dónde debatir en torno a las reformas estructurales? Pues ahí en donde lo ha propuesto Cuarón: En las cadenas nacionales de televisión, porque si Televisa y TV Azteca se asumen como capaces de hacer presidente al presidente, pese a sus conocidas limitaciones, lo justo es que también hagan debates y en Prime Time, para que todo México se entere sobre los pros y los contras de las reformas estructurales que impulsa la Presidencia de México.

En esta feria de las propuestas de reforma promovidas por Enrique Peña Nieto para transformar a México, resulta que el pasado 2 de mayo, la Conferencia Episcopal Mexicana le hizo al presidente 5 preguntas sobre la naturaleza y las consecuencias de la reformitis que padece su administración, respuestas que se tardaron 10 largos días en responder.

Cualquiera que tenga claros los fundamentos de las propuestas que promueve, responde en el momento y más una figura tan importante, como es el caso del dirigente de un país, quien estando a la cabeza de lo que se presume como democracia mexicana, debería estar montado en el debate, dialogando con todo aquel que quiera saber o tenga algo qué decir en torno al futuro de la nación.

En una democracia, el debate y el libre flujo de información es la norma a seguir; en una dictadura lo que circulan son bozales, siendo éstos últimos hacia donde los jilgueros del PRI han querido llevar la discusión, encaprichados como están en que se cumpla la voluntad de quien maneja los hilos de la Presidencia de la República, que ciertamente no debe ser Peña Nieto, porque en esencia, las reformas ni las hizo él, ni tampoco las leyó.

¿Quién es Alfonso Cuarón para preguntarle algo a Peña Nieto y sus funcionarios? Sólo un productor de películas, dicen sus severos críticos, pero vale recordarles que los cineastas son diseñadores de Universos y como tales, son prospectadores de futuros eventualmente posibles, además poseer una gran capacidad de abstracción para entender el meollo de los problemas y sus eventuales soluciones.

En EU la pauta de los avances tecnológicos, la van dando los cineastas y escritores y para muestra un botón: Antes de que el mundo tuviera robots, escritores de la talla de Isaac Asimov, ya los habían imaginado como colaboradores de la humanidad, así que descalificar a Cuarón por su profesión, es, además de una actitud estúpida, un vulgar acto discriminatorio y una necedad.

En este sentido, para entender la perspectiva desde la cual el ganador del Oscar ve las reformas, vale recordar lo siguiente: Al dirigir Children of Men, basada en la novela homónima de P. D. James, Cuarón tuvo que visualizar a la humanidad 21 años en el futuro, con todos sus problemas socioeconómicos, políticos, éticos, demográficos y ecológicos, así que sí, cuando el cineasta le hizo las diez primeras preguntas a Peña Nieto, fue a sabiendas de que lo que puede pasar con las reformas es muy grave.

¿Dónde va a parar la propuesta de debatir en serio la Reforma Energética? Obviamente, a juzgar por la soberbia de la clase política actual, en bote de la basura, pues queda claro que ya tomaron una decisión: Aprovecharán el Mundial de Futbol de Brasil, para imponer la reforma, vía Fast-Track, sin debate y, de hecho, incluso sin una lectura previa por parte de los levanta-dedos interesados en sacar ventaja política o económica de su voto.

De cara a una clase política ensoberbecida y corrupta como lo es la mexicana, la realidad es que puede haber mil debates, pero el problema de fondo con las reformas estructurales y cualquier ley que se apruebe en el Senado, en la Cámara de Diputados e incluso en los congresos estatales, es más complicado; resulta que los legisladores no leen lo que votan, sea por falta de tiempo, falta de interés o porque los angelitos no saben leer. Y sin embargo, la clase política se molesta porque Cuarón, igual que millones de ciudadanos más, exige resultados.

Y para muestra un botón que evidencia el caos que se vive en el Congreso Federal: Los senadores de todos los partidos políticos, recién aprobaron la pensión vitalicia para magistrados electorales, llamada mañosamente por los beneficiarios bajo el subterfugio “haber de retiro” y ni lo sabían. Votaron la nueva legislación electoral vía Fast-Track, sin leer el dictamen, sin debatirlo y luego salió un esperpento de ley que regala dinero público que no se tiene a funcionarios que no se lo merecen.

Justamente eso es lo que va a pasar con las leyes secundarias de las reformas energética y de telecomunicaciones, si echan por la borda los argumentos del ganador del Oscar para debatir nuestro futuro en Prime Time y en cadena nacional: Nuestros caros legisladores van a votar a ciegas, por la vía rápida, prácticamente al vapor, sin apenas leer y debatir lo que van a votar, porque están más interesados en el futuro que le depara Brasil 2014 a la Selección Mexicana de Futbol, que en los problemas coyunturales del país, pero eso sí, ellos son felices, andan porque ya deben andar bien maiceados.


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Autor:
Roberto Díaz Ramírez (122 noticias)
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