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Cumplió 205 años edificio que alberga al Museo Nacional de San Carlos

29/12/2010 04:08 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Con un acervo de arte moderno que encierra seis siglos de historia y que es considerado entre los más importantes de América Latina, el edificio que hoy ocupa el Museo Nacional de San Carlos (MNSC) cumplió este 2010, 205 años de existencia. Se trata de un inmueble cuya creación se llevó a cabo entre el año 1798 y 1805 por encargo de la segunda marquesa de Selva Nevada para su hijo, el conde de Buenavista, quien murió antes de terminado el palacio. Su proyección se atribuye al arquitecto valenciano Manuel Tolsá, director del área de escultura en la Academia de San Carlos y autor de destacados ejemplos neoclásicos en arquitectura y escultura, como el Palacio de Minería, las obras de conclusión de la Catedral Metropolitana y la estatua ecuestre de Carlos IV, conocida como “El Caballito”. El acervo que actualmente resguarda este inmueble como sede del MNSC tiene su origen en la colección que comenzó a formarse a finales del siglo XVIII en la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos de la Nueva España. A principios del siglo XIX, dicho acervo se incrementó con obras de los propios maestros y con las realizadas por alumnos durante sus viajes de estudio a Italia, así como las que presentaban para obtener el grado de académicos. En este periodo se incorporaron además piezas provenientes de coleccionistas particulares, de la Academia de San Lucas en Roma y de conventos clausurados. En la primera década del siglo XX el gobierno mexicano hizo una importante donación de obras pictóricas adquiridas durante la Exposición Española de Arte e Industria, que se llevó a cabo en las fiestas del Centenario de la Independencia de México. En la década de 1920 se integró la Colección Pani y en 1930 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público donó importantes piezas de los siglos XIV al XVII. Las últimas adquisiciones importantes por el número y calidad, se dieron en las décadas de 1970 y 1980, gracias al interés del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y de coleccionistas nacionales y extranjeros. La exposición permanente del recinto abarca un periodo de casi seis siglos, en los que se desarrollaron diversos estilos artísticos cuyos límites formales y temporales resulta difícil precisar, debido a las circunstancias económicas, políticas y religiosas de cada región o país. Sin embargo, los criterios de estilo y una cierta periodización resultan imprescindibles para dar orden y sentido a la muestra. En este recinto museístico se pueden apreciar obras de Rubens, Carrucci, Tintoretto, Zurbarán, Goya, Ingres, Clavé y Sorolla, entre otros grandes maestros de la pintura europea. Cuenta con 10 salas de exhibición, seis permanentes y cuatro temporales, biblioteca, librería y cafetería. El inmueble fue habitado posteriormente por el general Antonio López de Santa Anna y la familia de Iturbe. Durante el siglo XX tuvo varios usos, entre ellos sede de las oficinas de la Tabacalera Mexicana, oficinas de la Lotería Nacional y sede de la Preparatoria Nacional número 4 de la UNAM, hasta que en 1966 fue cedido al INBA e inaugurado como Museo de San Carlos en 1968, y como Museo Nacional en 1994 por decreto presidencial. El patio del Palacio del Conde de Buenavista se tomó como punto primordial en torno al cual se fue desarrollando la ejecución total del edificio. Se diseñó a partir del trazo de una elipse que, enmarcada por un rectángulo, es un ejemplo del uso de los tratados de artistas como Giacomo Barozzi da Vignola (1507-1573). Las plantas siguen el estilo de las casas coloniales, en la baja se distribuyeron los espacios públicos y los destinados a la servidumbre, mientras que los espacios privados se acomodaron en la planta alta. En el piso bajo está delimitado por 20 pilares almohadillados de capitel toscano, dispuestos simétricamente, cuyos ejes coinciden en un punto central a partir del cual se puede contemplar el edificio en su totalidad. El ritmo causa un juego de luces y sombras que evoca el barroco. En el piso superior, la elipse se define por una balaustrada, interrumpida de tramo en tramo por los altos basamentos donde se sustentan columnas de orden jónico compuesto, que se continúan sobre los pilares del piso bajo. La cornisa se proyecta y rompe la línea del entablamento, y es el elemento donde se apoyan la balaustrada y los florones que coronan el espacio elíptico del patio. De acuerdo con especialistas en arquitectura, en este edificio se armonizan los estilos barroco y neoclásico. El primero se manifiesta en la planta, en su remetimiento semi-elíptico que, al tiempo que prefigura el patio interior, funciona como un primer vestíbulo que acoge al visitante y le invita a continuar hacia adentro. El segundo se observa en la simetría racional de los dos cuerpos de la fachada principal. En su cuerpo inferior, el almohadillado de cantera gris, material utilizado en todo el edificio, se alterna con los vanos adintelados de las ventanas y de la entrada principal. En su cuerpo superior los vanos se convierten en balcones, cuyas balaustradas van apoyadas en ménsulas; aparecen separados entre sí por pilastras estriadas, y rematados sucesivamente con frontones triangulares y semicirculares. Actualmente, el MNSC presenta la exposición temporal “Gesto, identidad y memoria. La escultura, un lenguaje para la historia de México”, formada por alrededor de 110 obras, entre escultura, pintura, grabado, dibujo, fotografía, libros, manuscritos, algunas revistas y video. En esta muestra se ofrece un análisis del lenguaje plástico académico empleado para la recreación de episodios y la representación de personajes de la historia nacional, lo cual a partir de 1846 fue promovido en el país en gran medida por el artista catalán Manuel Vilar. La curaduría es de Eloísa Uribe Hernández, investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, y de Ana Catalina Valenzuela González, investigadora del MNSC. Ellas han dispuesto una sala introductoria en la que se presentan las líneas generales de la exposición y en donde el público conocerá dos de las principales obras de la muestra: el Tlahuicole, de Manuel Vilar, y la escultura de Vicente Guerrero, de Miguel Noreña.


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