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Dasefíos sobre el tecaldo: humor con acento venezolano

10/05/2017 14:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageEs mejor leer este libro en un lugar relacionado con Venezuela, para asídisfrutar aún más de su humor característico. EnGramabar, localizadoen Madrid, los mesoneros sirven platos venezolanos mientras hablan y se ríencon el acento de ese país. Foto: Zvonimir Ilovaca LeiroEste libro, compuesto por 23 relatos, cuenta con anécdotas personales e historias de ficción llenas de humor venezolanoEl título de este libro tiene dos gazapos que saltan de inmediato a la vista: en la primera y la última palabra, las letras parecen estar revueltas. Pero no se trata de un error de edición, sino de un guiño intencional de su autor, el venezolano Alejandro Prado Jatar. Como se explica en el prólogo, desde que era niño Prado empezó a luchar contra ladislexiay, como una evidencia de ese humor con el que se ha tomado siempre las cosas, decidió dejar huellas de este trastorno a lo largo de su obra.Dasefíos sobre el tecaldoestá compuesto por 23 relatos, algunos de ficción y otros inspirados en anécdotas personales. Al principio, pensé que encontraría algunas historias sobre su dislexia, pero no fue así. Solo lo menciona en la presentación para explicar por qué los títulos podrían contener algunas letras desordenadas. De todos modos, no hizo tanta falta: la lectura fue deliciosa de principio a fin.imageEstas historias, que reflejan parte de la idiosincrasia venezolana, deben acompañarsecon una comida típica. Por ejemplo, los tequeños de Gramabar sondeliciosos y perfectos para esta lectura. Fotos: Ariana Guevara GómezLo que más disfruté fueron las anécdotas de su vida personal. Mientras leía, me sentí en el porche de la casa de mi familia en Guanare, Venezuela, donde nos reuníamos con frecuencia y escuchábamos los cuentos de abuelos y tíos. Siento que eso se consiguió gracias a la voz tan honesta con la que se narran las historias, a los diálogos con acento venezolano, y a las frases llenas de viveza y humor.Por ejemplo, el relato titulado "Un buen relago" habla sobre la preocupación que sentían Prado y Mariana, su esposa, por la posibilidad de que su hija de 6 años de edad perdiera el español durante su proceso de adaptación en Estados Unidos. Algunas frases me hicieron reír mucho. Entre ellas, cuando dice que ellos hablaban un nivel "Tarzán avanzado" de inglés, pero se esforzaban por alcanzar el "Jane básico". O cuando relata que le dijo a su hija que debía apurarse y dejar de manguarear con el gato, a lo que ella respondió: "I am notmangüeringwith the cat".Hay otros relatos en los que se refleja el despiste del autor y sus encuentros, fortuitos o buscados, con personajes muy conocidos de la música, el cine y las letras. También los cuentos sobre cómo conoció y conquistó a Mariana son realmente divertidos: hay una proposición directa y un poco atrevida, una aventura con murciélagos, y una acampada con lluvia torrencial en Los Roques. En cada uno de ellos se evidencia la personalidad del autor y las ocurrencias que son tan propias de la idiosincrasia venezolana.imageEl ambiente en Gramabar es un poco bullicioso, pero no importa: no es necesarioel silencio absoluto para disfrutar de esta lectura fresca y divertida. Foto: Zvonimir Ilovaca LeiroSólo tengo una pequeña crítica: creo que hizo falta un poco de edición en algunas frases y palabras ?por supuesto, no hablo de las del título, que tienen una razón de ser?. De todas maneras, lo dejé pasar porque disfruté con mucho placer el contenido. Creo que cualquier venezolano puede sentir con mucha cercanía estos relatos y apaciguar un poco la nostalgia por ese país que tanto se extraña.imageEl fragmento"Arribamos a la caverna como a las once de la mañana. Los excursionistas se concentraron en la entrada de la gruta y en ese momento me aparté un instante para confeccionar mi casco. De la caja saqué un rollo ancho de tirro (cinta adhesiva para embalaje), un paquete de servilletas y un tazón de plástico modelo Tupperware, con capacidad para batir una docena de huevos.El tazón de plástico lo colocaría de forma invertida sobre mi cabeza y así tendría función de casco. Las servilletas, unas diez aproximadamente, las puse dentro del tazón como almohadillas aislantes. Finalmente, para atarme el casco, utilizaría la cinta adhesiva con el propósito de fijar ese pote de plástico sobre mi cabeza, uniendo mis mejillas y el Tupperware mediante dos gruesos tramos de cinta engomada.Es difícil encontrar una definición en el idioma castellano que ilustre a semejante adefesio, pero les puedo asegurar que mi invención cumplía con todas las exigencias de seguridad para protegerme de los golpes contra las aristas rocosas.Miedo al ridículo por colocarme ese esperpento tampoco tuve, puesto que lo más trascendental para mí era entrar en esa cueva con Mariana y ya nada podía impedirlo".Sobre el autorAlejandro Prado Jatar es un ingeniero venezolano, residenciado desde hace varios años en la ciudad de Houston, Estados Unidos. Hizo una maestría en ingeniería sanitaria, y trabajó en el Instituto de Tecnología Venezolana para el Petróleo, donde se enfocó en el área de la ecología y la conservación ambiental. Después ocupó cargos en el Centro de Humedales de la Universidad de Florida y también en otras empresas multinacionales relacionadas con la energía. Tal como lo señala en el libro, desde hace poco le dedica tiempo a la literatura, pero espera producir otros textos en el futuro.


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Fuente:
literaturaenlaciudad.com
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