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De lo sublime a lo ridículo

29/04/2012 06:50 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

En esta contienda abundan los charlatanes, algunos de ellos con indiscutibles habilidades histriónicas

Cuauhtémoc Mávita E./Periodista

Napoleón Bonaparte solía decir que “de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso”. Y a eso es a lo que, según mi percepción, se están exponiendo los candidatos a cargos de elección popular, a partir de que no han aprendido a interpretar lo que piensa la gente sobre la política, los partidos y los políticos, y que es lo que ésta quiere escuchar y suscribir compromisos para conjuntamente solucionar, desde la sociedad y el gobierno, los problemas que le afectan.

Desafortunadamente en esta contienda abundan los charlatanes, algunos de ellos con indiscutibles habilidades histriónicas, que disfrutan vendiéndole a la gente las sonrisas y los apretones de manos fingidos, pero que son incapaces de elaborar y poner a consideración propuestas que sirvan de soporte para atender el desempleo, la pobreza, la mala calidad de los servicios públicos, el nepotismo en las esferas de gobierno, el tráfico de influencias y, entre otros, para frenar el enriquecimiento de cientos de funcionarios públicos que se aprovechan de su posición para hacer negocios desde el gobierno.

Y eso, la propuesta, es lo que esperan miles de votantes que están cansados de la comedia que se monta cada tres años para elegir a los representantes populares en los diferentes niveles del sistema político. La sociedad se siente agraviada porque muchos que se han enriquecido y que han saqueado al erario continúan en primera fila, usurpando espacios que deben ser ocupados por quienes tienen un proyecto político y social de amplios beneficios colectivos, y no por aquellos que no ocultan su mercenarismo al estar al servicio de grupos de poder y no de la colectividad en su conjunto.

Por supuesto que nunca faltan los escuderos de estos “candidatos” que disfrutan del trabajo sucio o que se la llevan adulándolos con sus palabras, acciones y chocarrerías bufonescas. Estos la mayor de las veces se la creen y dejan de pisar el suelo. Es esa una realidad grotesca, pero lo es.

Sin embargo, pregunto: ¿ya que cada campaña implica, en principio, un alto costo en lo económico que suele cubrirse en un alto porcentaje, de una manera encubierta como abierta, con los recursos públicos, no sería más saludable consensuar sobre el cómo solucionar los graves conflictos de inequidad y desigualdad que lastiman a los gobernados? ¿no sería mejor poner a consideración del colectivo las propuestas para que este las analice, valore y sufrague, en lugar de venderles tan solo la imagen “fotoshopiada” de los pretensos a continuar extrayendo su sustento de la ubre presupuestal?

La sociedad se siente agraviada porque quienes la han saqueado continúan en primera fila

No ignoro que sostener una postura en esta dirección es como pedirle peras al olmo, pero creo que es una manera de gritar un ¡ya basta! ante el carnaval orgiástico y bacanalesco al que se ha conducido el ejercicio de la política.

Por otra parte, aunque el fin de la política es la conquista del poder, el fin no justifica los medios. El maquiavelismo y aquello de que el fin justifica los medios, es decir dejarse arrastrar por la falta de ética y la inmoralidad para hacer realidad un propósito, no cabe en una sociedad que exige un gobierno de más calidad y transparencia, y altamente comprometido con la comunidad humana. En este sentido, tampoco es aceptable la tesis del sacerdote alemán jesuita Herman Busenbaum quien subrayaba que “cuando el fin es lícito también lo son los medios”. Es esa una concepción filosófica, posterior a Maquiavelo pero que se le adjudica a éste, que solo conduce a distorsionar la realidad y a profundizar el desprestigio del quehacer político.

Por eso es urgente que el discurso de los candidatos se centre en la propuesta política. Esta es esencial para el electorado, ya que abona elementos para decidir el o los porque sufragar, ya no por una persona o un partido político, sino por un proyecto de Estado o de Nación.

Un político puede ser portador de una reconocida capacidad intelectual, ser un gran conocedor de la realidad social e inclusive tener una amplia aceptación ciudadana, pero hay un atributo que enaltece pero del cual se adolece: ser honesto.

Pero: ¿Usted qué opina?


Sobre esta noticia

Autor:
Cuauhtemoc Mavita E. (70 noticias)
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364
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Opinión
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Usuario anónimo (29/04/2012)

Como bien dice NOROÑA: Hasta cuando continuará esta comedia