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Dedica “Arqueología mexicana” número a la decoración corporal

28/12/2010 13:59 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En sus modalidades temporal y permanente, los pueblos prehispánicos practicaban la decoración corporal, tema del que da cuenta el número 37 especial de la revista “Arqueología mexicana”, correspondiente al mes de diciembre de 2010. Los adornos temporales incluían la pintura corporal, el vestido y la joyería sobrepuesta, como anillos, collares o diademas; mientras que entre la decoración permanente estaban la escarificación, el tatuaje, la joyería que implicaba horadar la piel, como orejeras, bezotes o narigueras, lo mismo que la deformación del cráneo y el limado y la incrustación dentarios. En esta edición, la revista incluye aquellas prácticas que tenían la piel como soporte principal -en algún grado-, ya sea porque se le cubría con pigmentos o porque de plano se le hendía u horadaba. A través de esta edición profusamente ilustrada, la publicación da cuenta de cómo en el México prehispánico el adorno corporal poseía dos sentidos básicos: señalar una identidad social y sumar una cualidad determinada al cuerpo en ocasiones señaladas. Mediante un texto introductorio, el editor de la publicación, Enrique Vela, explica que la práctica del adorno corporal y las características últimas que éste adopta a lo largo del tiempo y entre distintas culturas son producto de un entramado simbólico. Una concepción que atribuye significados al cuerpo mismo -en conjunto y a cada una de sus partes- y a los elementos con que se le viste y adorna. “La función primaria del adorno del cuerpo es establecer una suerte de identidad social, pues quien lleva un cierto tipo de prendas u ostenta alguna modificación intencional de su apariencia lo hace a partir de pautas culturales compartidas con los miembros de su grupo. Vela menciona el caso de Gonzalo Guerrero, el náufrago español que se integró a la civilización maya y se negó a regresar con los conquistadores, quienes vieron que incluso se había “labrado” cara y cuerpo y portaba orejeras y narigueras. “Esto no sólo muestra que se identificaba con los mayas, sino que éstos lo reconocían como noble, pues esta era una práctica reservada a la elite”, refiere el editor. A través de sus páginas, la revista ofrece las principales características de algunas formas de adorno corporal, como la pintura, los sellos, el tatuaje, la escarificación, las orejeras, el bezote y las narigueras. Indica que la práctica del pintado corporal era de carácter efímero y no estaba restringida a la elite, si bien su uso en ocasiones públicas estaba regido por normas claramente establecidas. Lo mismo ocurría con la pintura facial, aunque eran diferentes una y otra. El número refiere a aquellos objetos de barro, aunque también los hay de piedra, planos o cilíndricos que llevaban incisas figuras de diversos tipos, a los que se conoce como sellos y pintaderas, y que se asume eran utilizados para estampar los motivos que llevaban. Si bien hay pocos indicios firmes, se sabe que el pintado de piel era una práctica de los pueblos prehispánicos; la escarificación es producto de un proceso simple, menos laborioso que el del tatuaje, pero sin duda bastante doloroso. En la época prehispánica para lograrla se hacían heridas o incisiones en la piel, siguiendo un diseño predeterminado, en las que se introducía tierra, carbón o piedras pequeñas, de tal modo que la cicatriz resultante tuviera volumen y en conjunto formara un diseño claramente distinguible. A su vez, el portar orejeras era uno de los rasgos distintivos de las elites del área mesoamericana, y para lograrlo era necesario perforar el lóbulo de la oreja, tal como sucede con la preparación actual para los aretes. También conforme a la revista, para las sociedades prehispánicas llevar bezote era una señal de dignidad, una manera de hacer patente que se habían conseguido los méritos suficientes para portarlo. No es de extrañar que fuera uno de los ornamentos distintivos de los gobernantes, quienes incluso los usaban con características adecuadas a distintas ocasiones. Igualmente, el uso de narigueras era una práctica reservada a la elite. De hecho, por lo menos desde el Periodo Clásico en adelante la perforación en la nariz necesaria para colocarla se efectuaba en el marco de una ceremonia que tenía como fin investir a un soberano. Estas y otras formas de decoración corporal se pueden encontrar en el número especial 37 de “Arqueología mexicana”, revista editada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y la Editorial Raíces.

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