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Dejó Vicente Huidobro rico legado a las letras: El "Creacionismo"

01/01/2011 05:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor de obras como "Altazor" o "El viaje en paracaídas", y "Temblor de cielo", llenas de energía, invención y heterodoxia inconformista y novedosa, que constituyen su mayor legado a las letras del siglo XX, el "Creacionismo", el chileno Vicente Huidobro murió el 2 de enero de 1948. Vicente García-Huidobro Fernández nació el 10 de enero de 1893 en Cartagena, en el seno de una familia de acusada tradición literaria. Su madre era escritora, de ahí que el joven mostrara una temprana inclinación hacia la creación poética. Estrechamente ligado a su espíritu iconoclasta, rechazó en un manifiesto que hizo público cuando aún era adolescente cualquier forma de poesía anterior. Decidió abrirse camino en el mundo de las letras, y sin aceptar la reducida atmósfera literaria chilena, se mudó a París en 1916, donde participó en todos los movimientos vanguardistas que por aquellos años florecían, y vertiginosamente se agotaban, en la capital francesa. La ciudad parisina fue la cuna de sus primeras colaboraciones en algunas revistas tan significativas como “Sic” y “Nord-Sud”, pero tuvo relaciones con las principales cabezas de la vanguardia europea, como los surrealistas Guillaume Apollinaire y Pierre Reverdy, con quienes colaboró en la fundación de una de las publicaciones citadas. A pesar de esa estrecha colaboración, Huidobro pronto se distanció de los postulados surrealistas, ya que en su concepción de la creación artística no cabía la máxima de que el artista es un mero instrumento revelador de los dictados de su inconsciente. La sucesiva negación hacia todos los postulados estéticos de la vanguardia llevó a Huidobro a crear su propia corriente, bautizada como "Creacionismo", en la que situaba al creador artístico a la altura de quien es capaz de dar a su creación un aliento vital tan poderoso que se podría medir, incluso, con las obras de la propia naturaleza. Así, para Huidobro y el resto de los creacionistas que inmediatamente cerraron filas en torno a estas propuestas, tan originales como transgresoras, el artista no debía limitarse a reflejar la naturaleza, sino que debía mantener con ella una especie de competición en la que podía mostrar el vitalismo de su obra. Tal concepción del arte en general y del hecho literario en particular, llevaba aparejada la necesidad de crear nuevas imágenes, coloridas, animadas y sorprendentes, e incluso un lenguaje poético capaz de romper todos los niveles de la lengua y generar su propia sintaxis. De ahí que la aplicación de oraciones, vocablos o sonidos extrañamente puestos en contacto, se convirtiera en una de las características más acusadas del Creacionismo. En 1918, el poeta chileno se presentó en Madrid con tales presupuestos estéticos, donde fundó un destacado grupo de poetas creacionistas, cuyos textos seguían fielmente sus postulados. Por esa época, Huidobro ya era un poeta fecundo, con una interesante producción de poemarios como "Ecos del alma", "La gruta del silencio", "Canciones en la noche", "Pasando y pasando", "Las pagodas ocultas”, “Adán", "El espejo de agua" y "Horizon Carré". Tal era el éxito que las imprentas y editoriales madrileñas competían entre sí por las últimas creaciones de Huidobro, como los poemarios "Poemas árticos", "Ecuatorial, "Tour Eiffel" y "Hallali". Por aquel tiempo, Huidobro estaba en el apogeo de su fama y gozaba del éxito obtenido por su novela fílmica "Mío Cid Campeador" (1929), en la que el propio poeta, que alardeaba de ser descendiente de Rodrigo Díaz de Vivar, identificaba su relación amorosa con Ximena Amunátegui como una reencarnación moderna de su historia. En aquellos años de plenitud amorosa y creativa, el poeta decidió retomar un largo y ambicioso proyecto, "Altazor" o "El viaje en paracaídas", la obra cumbre del Creacionismo universal, que junto con "Temblor de cielo" constituyen el mayor legado de Huidobro a la poesía de su tiempo. Una buena parte de la crítica sólo ve en Huidobro una especie de ingenioso prestidigitador que juega con las palabras como si se tratara de objetos malabares, sin conseguir sentido alguno. Pero la mayoría de los estudiosos del fenómeno poético aún se deslumbra con la obra del escritor chileno, cuyo vigor creacionista mantuvo hasta en el epitafio que dejó escrito: "Abrid esta tumba: Al fondo se ve el mar".


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