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Deleita la Camerata “Idée Fixe” en la Sala Nezahualcóyotl

12/09/2011 01:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Con obras de compositores mexicanos, alemanes y checos, la Camerata “Idée Fixe” tuvo anoche una buena acogida durante un recital que ofreció en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario (CCU). Como parte de la temporada de conciertos de la que es considerada la mejor sala de conciertos de America Latina, el programa integró las partituras del mexicano David Hernández Ramos (1975), Félix Mendelssohn (1809-1847) y Antonin Dvorák (1841-1904). La agrupación, integrada por músicos mexicanos pertenecientes a distintos grupos sinfónicos y camerísticos del país, sorprendió a los presentes con un repertorio marcado por la música bohemia y clásica. Las ovaciones y aplausos de la noche no sólo fueron para los integrantes de Camerata “Idée Fixe”, un proyecto independiente que apuesta por el compromiso, talento y calidad y que se caracteriza por no tener dirección, sino también para sus dos invitados especiales. Fue el caso del pianista mexicano Jorge Federico Osorio, quien con maestría cautivó a los asistentes; así como del violinista de origen ucraniano Oleg Gouk, quien también tuvo lo suyo. Con un excelente dominio en el instrumento, Osorio, quien ha ganado concursos como el Internacional de Rhode Island y el Premio Gina Bachauer que otorga la Orquesta Sinfónica de Dallas, se llevó los aplausos con el estreno en México de “Sangre en París”, de Hernández Ramos, una pieza armoniosa con un toque de tango. Lo mismo ocurrió con el violinista ucraniano Oleg Gouk, quien en la segunda parte del recital, con elegancia y clase ofreció “Concierto para violín y orquesta”, de Mendelssohn, así como “Serenata para cuerdas”, de Dvorák. Iniciada en 1838 y terminada en 1844, la pieza “Concierto para violín y orquesta”, está conformada por tres movimientos, los cuales están enlazados entre sí. Un fagot sostiene una sola nota todo el tiempo desde el último acorde del primer movimiento, creando un lazo armónico con el segundo movimiento. Este avanza sin pausa hacia una sección de transición que lo vincula con el final. Por su parte, “Serenata para cuerdas” de Dvorák es una pieza poética, intimista y con rica invención melódica; fue compuesta en 1875 y está integrada por cinco movimientos. La obra abre con un “Moderato inicial” que constituye una introducción llena de gracia; le continúa “Tempo di Valse”, un ritmo bastante melancólico; a continuación se presenta “Scherzo”, un movimiento moderado y flexible, y le sigue “Larghetto”, movimiento que tiene ambiente de nocturno; la pieza concluye, con “Finale”, que recoge temas de los movimientos cuarto y primero. Luego de poco más de una hora, músicos y ensamble recibieron un nutrido y prolongado aplauso.

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