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Denisse con sabor a Tolstoi

17/02/2015 02:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Por Luis David Niño Segura / Tw:@ld_nio

El peor enemigo de un alcohólico es la realidad. Tomar no es un simple gusto es una válvula de escape. Dije esto la última ocasión que me paré frente a Denisse y tomé mi botella de Jack Daniel's. Me di la media vuelta y jamás regresé a su entrepierna, me fui con el sol cuando moría la tarde. Juro que pensé en esa canción cuando tropecé en la puerta.

Denisse fue parte importante de mi vida. Ella ha sido la única persona que jamás limitó mi forma de beber. Todas las mañanas me llevaba a desayunar al Chai Café, cuestión que yo odiaba, para mí eran insoportables esos lugares donde las señoras copetudas bebían soda italiana. Pero tenía un punto a su favor, servían la cerveza más fría que se encontraba en Morelia.

El mesero siempre me daba un consejo moral sobre los daños que tomar cerveza a las diez de la mañana podía ocasionar a mi salud. Más de una vez le menté su madre. Supongo, ahora que lo pienso con más calma, que solo me veía como un viejo alcohólico más. Denisse solo se reía y me sentaba de nuevo en la silla. Así empezaba mi día, a las nueve con treinta de la mañana, la cebada descendía por mi garganta y la última cerveza la terminaba en la madrugada. Eso fue lo que me impidió ver que Denisse se acostaba con otro hombre.

Cuando me enteré de su engaño me puse a llorar como un niño sentado en la plaza de Villalongin. Ese mismo día quise quitarme la vida pero no pude, o mejor dicho, al aventarme a la avenida Madero, ningún automovilista tuvo la mala fortuna de aplastarme la cabeza. Su pericia fue tal que todos se frenaron e incluso algunos conductores se dignaron a levantarme. Me trasladaron al hospital civil, que no estaba lejos de donde mi cuerpo intento estúpidamente arrojarse a las llantas de un carro.

Cuando llegué al nosocomio con la cabeza ensangrentada y con el olor a vodka, los galenos me despreciaron. Nadie entendía que había descubierto a Denisse realizándole una felación a otro hombre justo afuera de nuestro departamento. El hombre calvo que tenía su pene en la boca de Denisse tenía recargada la cabeza en el asiento de su Atos. Ninguno de los dos me vio, pero yo si me quedé los segundos suficientes para ver cómo la cabeza de Denisse subía y bajaba y el hombre solo se regocijaba en su total misoginia, esa misoginia de tener a Denisse lamiéndole el miembro.

Supongo que cualquiera que se encontrara en mi situación correría a moler a golpes al tipo, pero yo no soy un hombre de esa calaña. Me digné a caminar hasta llegar a la cantina El Andaluz. Ahí me quedé por tres horas escuchando boleros de Ramón Ayala. De mi mente no me podía sacar la imagen de Denisse, la imagen de su boca y de su lengua recorriendo el pene erecto de aquél, para mí, desconocido. Al salir de El Andaluz caminé tambaleándome hasta Villalongin, ahí me tiré alrededor de la fuente de las tarascas y esperé hasta que tuve el valor de arrojarme contra los carros. Mi intento fallido de suicidio dejó como saldo una cabeza rota, una herida que según me dijo un interno de medicina, necesitaría de al menos ocho puntadas de sutura.

Un oficial se acercó a mí para pedirme los datos de algún familiar al que pudieran contactar. Le dije que estaba solo, que vivía solo, que no tenía a alguien. Tomó mis pertenencias y buscó algún dato, para mí mala suerte encontró el teléfono de Denisse y le marcó. Después de treinta minutos la vi parada frente a mí. Lo primero que hice fue darle un puñetazo en el hocico y comenzar a golpear su cabeza contra el piso, golpes que no fueron lo suficiente para hacerle una herida como la que yo tenía en mi cabeza ya que el mismo oficial se acercó y me sometió en el piso. La gente alrededor solo miró la escena como si fuera cosa de todos los días.

Me esposaron y me llevaron a barandillas. Cuando salí del nosocomio solo escuchaba los gritos de Denisse, me mandaba al infierno. Pero no había peor infierno que la imagen de verla chupando como una tutsi pop el miembro de otro hombre. Esa imagen me llevó al delirio de pensar en otras imágenes más turbias, como imaginar que la barba de aquel hombre se llenaba de los líquidos vaginales de Denisse cada que probaba su sexo. Maldita sea, me molesta sobremanera actuar como un niñito pusilánime, pero eso, supongo, se lo debo a Denisse y a sus caricias y a sus estúpidos cariños a los que me acostumbró. Como aquel juego donde me dejaba actuar como su perro. Me ataba una correa al cuello y me daba órdenes que yo obedecía sin decir ni una sola palabra. Pienso en esto mientras orino en un cagadero comunitario donde me encuentro junto con otros detenidos.

Observo el cagadero repleto de mierda, esa mierda que parece una masa obscura donde moscas verdes vuelan a su alrededor. Me tocó la cabeza y siento las puntadas que el pasante de medicina trazó en mi cráneo. Llevó tres horas preso y estoy en espera de que Denisse presente su denuncia o pague la fianza, supongo que terminará haciendo lo segundo. Le pediré perdón y recogeré mis cosas de su casa, no tiene caso seguir viviendo con alguien que te engaña. Tal vez nunca venga por mí y los oficiales me dejen salir a la mañana siguiente.

Miro a mi alrededor, me acercó a un muchacho de unos veinticinco años que le pide a un guardia que le encienda un cigarro, le pido otro al guardia y nos complace. Nos pregunta por qué estamos ahí. El joven contesta que apuñaló a su cuñado por haberle pegado a su hermana. Yo le doy una chupada al cigarro y les digo que por haber golpeado a mi mujer después de haberla encontrado con otro, ambos, el policía y el muchacho, concuerdan que yo no debería estar preso sino que me deberían de dar un premio. Me rió. Supongo que la misoginia jamás desaparecerá de este mundo, no al menos, mientras existamos hombres como nosotros. Me despido del oficial y del muchacho mientras le doy una fumada al cigarro, cuando se me acaba me doy cuenta que estoy pensando lo mismo que Tolstoi. Sí, yo también considero una sociedad de mujeres, como algo necesariamente desagradable en la vida y lo evito todo lo que puedo.


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Autor:
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Fuente:
grupocronicasrevista.org
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Tipo:
Reportaje
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