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Un día ganó la vida

27/07/2012 11:46 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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En Seúl ’88, Lemieux fue el héroe

Al día siguiente de lo acontecido se despertó un poco más tarde que de costumbre. Agotado y sabedor de que ya no obtendría medalla, volvería al lugar de la prueba para continuar con la competencia y concluirla por respeto deportivo. Tras salir de la villa olímpica y doblar en una de las esquinas se topó con periodistas de todo el mundo. Cámaras, micrófonos y libretas de apuntes lo rodearon para preguntarle cómo se sentía, qué había pasado.

Impactado por ver a la prensa poniendo atención a un participante de vela, no supo responder. Se excusó diciéndoles que tenía una competencia por terminar y que al final de la misma con gusto los atendería. Partió hacia el sitio donde dejó su barco el día anterior; culminó la prueba sin esperanza alguna de podio. No obstante se convirtió en el atleta que concedió el triunfo más importante en Seúl '88.

Extrañados, los medios no concebían que uno de los firmes candidatos a la presea de oro terminara en la posición 22. También se mordían las uñas por confirmar los rumores de lo que motivó al canadiense Lawrence Lemieux a claudicar en sus aspiraciones de un metal. Los periodistas pasaron de la incertidumbre y la suspicacia al asombro cuando se enteraron de la verdadera causa. Junto con la prensa, el mundo también se sorprendió.

"Yo iba de tercero y tenía unas muy buenas posibilidades de alcanzar el podio, pero de repente vi a varios metros de donde estaba la cabeza de un náufrago que luchaba por mantenerse a flote. Un poco más allá me di cuenta de que había un barco volcado y de inmediato entendí que se trataba de un competidor de una categoría diferente a la mía, que había salido 15 minutos antes", indicó Lemieux.

El pequeño barco en el que competían Joseph Chan y Shaw Her Siew, representantes de la delegación de Singapur, fue severamente dañado por el viento y las olas. Mientras que Her Siew se sujetaba con la mano sangrante a una pieza de la nave averiada, Chan luchaba por nadar en una ola que lo arrastraba. Sus brazos ya no daban para más; la fuerza del mar era brutal y el ahogamiento era casi seguro.

Los equipos de rescate lucían por su ausencia. Fue entonces cuando los punteros de la competencia pasaron junto a ellos. La visibilidad era escasa, el viento arremetía con coraje y la marea era intensa, sin embargo Lemieux alcanzó a verlos y en la decisión más importante de su vida se olvidó de conseguir una medalla para salvarles la vida.

"Por eso, sin pensarlo dos veces, decidí cambiar mi rumbo e ir en busca de ese hombre que lucía agotado y que ante un oleaje bastante fuerte intentaba nadar hacia su bote. No importaba cuánta fuerza empleaba para nadar, simplemente no podía hacerlo lo suficientemente rápido para alcanzar su embarcación. Cuando llegué a él, supe que era un representante del equipo de Singapur, y nos pudimos comunicar en inglés. A su coequipero le sangraba la mano, y confirmé que su bote estaba realmente averiado. No pensaba en más que ayudarlos; me parecía que era algo que debía hacer. No me lo cuestioné nunca", relató el canadiense.

Sabido el suceso, los medios por primera vez le daban cobertura e interés a la vela en Juegos Olímpicos. Pero alejado de las cámaras, Lemieux lamentaba que la prensa se sujetara de lo que hizo para enaltecerlo, pues para él significaba algo que cualquier persona que hubiera estado en su lugar lo habría hecho.

No ganó presea en el podio, pero sí fue reconocido con la Medalla Pierre de Coubertin, la mayor distinción y el más grande honor para reconocer al espíritu deportivo. Con el paso de los años, y hasta la fecha, Lawrence padece a la prensa: "La verdad, lo único que ha cambiado en mi vida desde lo sucedido en los Juegos de Seúl es que de vez en cuando suena el teléfono y al otro lado de la línea hay un periodista que me pide el favor de que le cuente qué pasó el día que me desvié de la regata".

Pese a que su proeza continúa vigente como un ejemplo de humanidad, Lemieux borra la sonrisa cuando se percata de que la vela volvió al tercer plano de la cobertura mediática y que no se le dé importancia a Joseph Chan y Shaw Her Siew, los otros héroes que le ayudaron en negarse a morir y que poseen la cualidad de haber obtenido lo más preciado en Seúl '88, seguir con vida.


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elbuenfutbol.com
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