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Días de gracia

25/04/2012 15:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Jorge Cortés Ancona

Aunque parezca broma, para mucha gente la cronología de hechos históricos de México se mide en función de los acontecimientos internacionales de fútbol. Tal vez esa sea una de las razones por las cuales la película "Días de gracia" (México-Francia, 2011, primer largometraje de Everardo Gout) tenga como marcos temporales los tres campeonatos mundiales más recientes, donde México no pasó de octavos de final en las tres ocasiones.

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Pero el tema deportivo es sólo un telón de fondo, si acaso una explicación parcial de ciertos hechos delictuosos que ocurren esos días, durante la distracción general de la sociedad y de la policía. Supuestos días de gracia para los criminales. En esta película se alternan tres historias relacionadas con el narcotráfico, el secuestro y otros delitos relacionados. En la primera, Lupe Esparza (Tenoch Huerta) es un policía que al demostrar valentía es cooptado por su comandante (José Sefami) para motivarlo a barrer con algunos delincuentes.

Entre estímulos verbales y de papel y reclamos familiares, Lupe se arriesga en el período en que su esposa (Sonia Couoh) ha dado a luz al primer hijo. La segunda y tercera historias tienen más relación directa entre sí por el tema del secuestro y por tener a dos personajes en común. En la de 2006 se operará un Síndrome de Estocolmo a la inversa, teniendo como eje a Doroteo, "El Iguana" (Kristyan Ferrer), un delincuente novato y aspirante a boxeador, y al secuestrado (Carlos Bardem); mientras que en la de 2010, el drama de una familia por el secuestro del esposo y padre (Miguel Rodarte) da lugar a que Susana (Dolores Heredia), la esposa, descubra hechos ocultos de su vida conyugal y económica.

Las historias de 2006 y 2010 funcionan como espejos, con Camila (Paulina Gaitán), la empleada doméstica que vive indirectamente ambos casos por ser hermana de Doroteo.

El entretejido temporal puede generar confusiones al principio, pero hay varias claves que permiten al espectador ubicarse en cada secuencia. Una de ellas es por supuesto la narración televisiva de los partidos de fútbol; la otra es la banda sonora que para cada época es distinta (la primera, de Nick Cave y Warren Ellis; la segunda, de Atticus Ross y Shigeru Umebayashi; la tercera, de Massive Attack y Scarlett Johansson).

Otra clave más, que sólo diferencia las dos historias de secuestro, es la de Camila, que en un caso está embarazada y en la otra no, y por último también ayudan detalles como los escenarios y alguna referencias de contexto como la pregunta que hace uno de los dos secuestrados acerca de si "ganó Obrador".

La película es vertiginosa, con las cámaras en movimiento, a veces procurando que lo que vemos en pantalla corresponda a la visión distorsionada o borrosa de los secuestrados. El factor visual, de cámaras y encuadres expresa de modo directo la condición de temor, sufrimiento y de percepción de los propios personajes. Filme violento, con una expresión verbal descarnada, lleno de sordidez de principio a fin, presentando altas dosis de fealdad y suciedad en los entornos. Muy eficaz para generar reacciones en el espectador, al grado de generar conciencia acerca del omnipresente poder del crimen en México.

El mundo de la corrupción invade todo, hasta al propio crimen organizado; de ahí las traiciones y los dobles juegos en un orden ilegal con fuertes enlaces de grupos y delitos, sujeto a poderes de arriba y de más arriba que nadie conoce. No es un asunto limitado a los varones —aunque el mundo masculino se imponga poderosamente--, pues también se ve a una mujer que encabeza a un grupo delictivo; ni tampoco limitado a nuestro continente, por la participación que tienen extranjeros provenientes de países remotos. En un caso, dos hombres de turbante, presuntamente sikhs, y los humildes chinos que trabajan en una lavandería que sirve de tapadera a negocios ilícitos.

Las pocas salidas a la barbarie organizada son la familia como factor último de cohesión, la conversación amistosa y el deporte, aunque también haya transgresiones, como la de violar las obligaciones a que da lugar un compadrazgo.

Queda alguna interpretación de este filme, como de doble fondo en cuanto al trabajo honesto en contra del crimen, al servir involuntariamente con ello a fines aviesos. ¿Vale la pena entonces arriesgar la vida en contra del delito? Por otro lado, el papel también ambiguo de la familia: reprochar duramente al marido policía por enfrentarse a tiros con delincuentes, aconsejándole que piense primero en su familia; o sea, una actitud de valorar lo inmediato por encima del bienestar colectivo y la justicia.

Cierro con la sacudidora frase que espeta en una escena un secuestrador anciano: "En este mundo no hay justicia, porque Dios nos perdona a todos, perdona todos nuestros pecados". La impunidad del crimen en México nace desde la propia enseñanza religiosa mal planteada y peor comprendida.

Por esto!, 19 de abril de 2012.


Sobre esta noticia

Autor:
Redliteraria (173 noticias)
Fuente:
redliterariadelsureste.blogspot.com
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Reportaje
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