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Días que no volverán

10/08/2012 18:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Quinon, feliz con su medalla

Durante la adolescencia alimentó dos sueños: conocer a su ídolo y ser como él. Al verlo ganar la medalla de oro en Los Ángeles '84 decidió que él también se dedicaría al salto con garrocha. Antes de meterse de lleno al deporte corrió a un puesto de periódicos para comprar un enorme póster de Pierre Quinon. Lo pegó en su habitación y lo contempló varias horas intrigado por la tristeza que relucía en el rostro de su ídolo.

Al entrar a la habitación, el padre del chico le dijo que ya era hora de cenar. El hijo le preguntó cómo un hombre podía estar triste con una medalla de oro en sus manos. Ex gimnasta y antiguo tirador, el padre se sentó junto a él.

-Hay veces en las que llegamos a sentirnos vacíos. No se trata de que no valoremos lo que tenemos o de que no queramos a las personas que nos rodean. La mente, hijo, no nos juega igual a todos.

-¿Algún día podrá ser feliz?

-No lo sé. Si quieres ayudar a eso, hazlo, inténtalo.

Pasaron los años y el chico lograría lo que se prometió. En los Juegos Olímpicos de Atlanta '96 subió al podio para colocarse al pecho la presea dorada que lo daba como ganador en salto con garrocha. Por segunda vez en su historia, Francia tenía a un medallista de oro en dicha disciplina. El primero fue Pierre Quinon, el ídolo del nuevo ídolo, Jean Galfione.

Tras su regreso a París, Galfione detenía su andar en cada paso para repartir autógrafos o tomarse fotografías con sus admiradores. Una mañana acudió al restaurante donde había quedado de verse con su padre. Su viejo lo esperaba en la puerta del lugar para indicarle que él se retiraba.

-¿Por qué te vas?

-Alguien te espera allá adentro. Nos vemos en la casa.

Jean cruzó la puerta y un hombre le alzó la mano; Pierre Quinon lo esperaba para desayunar. Con la timidez y torpeza ocasionadas por el nervio que provoca un ídolo, Galfione solamente atinó en sentarse frente a él. Quinon le extendió la mano. Se saludaron, charlaron e intercambiaron experiencias olímpicas. Al término del encuentro, Pierre fue sincero con Jean: "Quería pedirte un autógrafo. De hecho traigo un póster tuyo. Pero creo que prefiero pedirte algo más importante, tu amistad".

Fiestas inconclusas, camas plantadas, mujeres abandonadas al borde del orgasmo. Luego de haberse conocido, Galfione se olvidaba de sus diversiones y pasiones cuando su amigo requería ayuda. Ante la prensa era el hombre guapo, atractivo, jovial y pachanguero. En su silencio, en el anonimato, era el chico que quería ver feliz por un instante a su ídolo, ver contento a su amigo.

No le fue nada fácil a ninguno de los dos. Quinon padecía depresión y su mal, tan callado, tan inexpresivo, causaba enojo en Jean, quien se desesperaba por no saber a ciencia cierta cómo contribuir a erradicarla. Poco a poco, y recordando las palabras de su padre, se hizo de paciencia para procurar a Pierre cuando él lo necesitara.

Se acompañaron hasta que Quinon decidió quitarse la vida en 2011. Presa de sus depresiones, Jean se arrojó de la ventana de su casa con la cabeza por delante desde una altura de cinco metros. Después del entierro, una vieja amiga del fallecido se reunió con Galfione.

-Amó mucho a sus hijos, a su ex esposa.

-Sí, eso lo sé.

-Yo estaba con él cuando, cuando...

-Entiendo.

-No es eso. Platicamos y él estaba muy agradecido contigo. Se sentía mal de hacerte sufrir con lo que pasaría después.

-No importa.

La mujer sacó de su bolsa una fotografía. En ella aparecía Jean portando con alegría la medalla de oro que obtuvo en Los Ángeles '84.

-Tu padre alguna vez le comentó de la anécdota del póster. Me pidió que te entregara la foto, que era una imagen que merecía su admirador. Y debo decirte que lograste mucho más de lo que algunos quisimos. En los últimos días se la pasó hablando maravillas del viaje que hicieron.

Previo a su suicidio, Galfione supo que Quinon atravesaba una severa crisis depresiva y corrió en auxilio de su amigo. Se lo llevó a navegar por tres días, los tres días más felices en la vida de Pierre.


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Autor:
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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Reportaje
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