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Dictador, la atmósfera de los vampiros y desafío del Cóndor

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06/10/2017 23:09 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El espacio, tiene sus propias carreteras y la intranquilidad me invade, ya que cruzo una zona llena de leyendas

Fuente Literaria/ Relato de Ciencia y Ficción/ 1.13

 

El espacio, tiene sus propias carreteras y la intranquilidad me invade, ya que cruzo una zona llena de leyendas y los relámpagos son atronados e iluminan el cielo y me deja entrever una gran construcción amurallada, como el Cerro Azul, es el Castillo de Alba, para llegar allí se debe volar en círculos, siempre llueve en esta zona, donde la visibilidad es escasa. Para quien no está acostumbrado, se sorprende, es la zona de los vampiros y el planeta, donde resido es de los dragones. Alba, desea unir sus fuerzas con la mía para dominar el planeta tierra, donde el demonio hace sus estragos con la santería y se entrega a los santos que le exige sacrificios de conejos, palomas y burros que son vendidos en las calles del hambre, allí lo desollan y preparan platos exquisitos a la gente que se estaciona a comer junto a su familia.

Aldana y Zafiro, lucen agotadas y los faros de la nave iluminan la entrada del muro de la ciudad y los vigilantes, eran figuras petrificadas entre lápidas y tumbas de forma vertical, momias que hacen su vida entre las tinieblas y vagan por la noche con las esperanza de ser desencarnados, (as), por algún visitante, aquí, todos somos viajeros y, no tengo alternativa, debo lograr un hospedaje porque la motonave tiene en una de sus turbinas eléctricas una falla leve y Aldana me lo hace ver, atrás, en el cuarto oscuro llevo a prisión dos espantos de mujeres que fueron des encarnizadas en una vieja casona que ya se puede habitar.

El lugar no puede ser más siniestro, reina una casi absoluta oscuridad únicamente amortiguada por unas velas, mientras me indica que "cada vez que hace mal tiempo nos quedamos sin luz. Me recuerda mi país de origen que refleja en su infraestructura muchas fallas y hubo cortes eléctricos, pero, a pesar de las abundantes lluvias, seguimos con esos cortes racionados y que dañó dos de mis computadores.

Las velas encendidas, sirven para mostrarme la habitación, ubicado en el sótano con un pasillo húmedo, frío y tenebroso, donde solo hay un camastro, pero, necesito dos más para mi tripulación y otra habitación para los resguardan y operan las máquinas y el cocinero con sus auxiliares.

Siempre, tomo mis precauciones y le pido un ristro de ajo a la mesonera, que, se burla y al final accede. Ante mi sorpresa, es una compañera del pasado en un campo de labores que, siempre fue muy astuta para huir de mí, en vez de un ristro, me trae un manojo de ajetes.

Otra que resignarme a pasar la noche sin ninguna protección ya que, lo de los crucifijos no va conmigo.

Es una noche de perros, o más bien de vampiros, ya que en ocasiones lo que escucho es, mismamente, el revoloteo de espantajos a mi alrededor. Así, embargado por la tensión apenas puedo pegar ojo en toda la noche. Cuando empieza a amanecer lo primero que hago es comprobar que no tengo ninguna herida por el cuello, pero tengo que palparme para constatarlo ya que en toda la maldita pensión no hay ni un  espejo. Rápidamente pido la cuenta a la vieja mesonera, que mantiene todas las ventanas cerradas como si la luz matinal le molestara, y tras declinar el ofrecimiento de un desayuno porque sólo de pensarlo me produce arcadas, salgo de aquel siniestro lugar con un suspiro de alivio.

Casi no me puedo creer que abandono por mi propio pie la pavorosa fonda. Ha dejado de llover, pero persiste una densa niebla. Me dirijo a toda prisa a la motonave, que está empapada de humedad. Casi me da algo cuando le doy al contacto y el motor no arranca. Lo intento varias veces más, y ya al borde de la desesperación, por fin se pone en marcha.

Pasan los minutos y, le ordeno a Aldana que acelere y se coloque a 180 grados para evitar el polvo cósmico, lo que haría que permanezcamos inmóviles, cuando de pronto, en el radar aparece la figura de una bestia que deambula como espectro en este territorio y, a lo largo se observa un conjunto de estrellas en forma de cruces

Temor y el temblor del muerto viviente, el éxtasis lúbrico y el fluido vital. ¿Qué nos excita y qué nos repele del vampiro?

En el vampiro confluyen ambos fenómenos. Por un lado, es mito, es una manifestación transcultural, milenaria, que puede detectarse aquí y allá, que tiene revestimientos distintos y que expresa alguna recóndita inquietud humana. Ese hecho, que exprese algo humano, es objeto de disputa intelectual. ¿Qué significa chupar, chupar sangre en particular, y por qué ese hecho pavoroso, que tanto nos atemoriza y repele, está presente en tantas culturas?

La sangre, fluido vital, irriga nuestros miembros y lleva vigor a cada una de las partes de nuestro organismo

Alba, la dueña del Castillo, esta encerrada en el mismo. Ella se recupera porque fue absorbida por los vampiros que se adueñaron de su ciudad y el Dictador siempre se apresto a hincarle los dientes a su cuello, era su esclava y víctima. Pero vemos también el rostro lánguido de Alondra, en el que se esboza un rictus semejante al del éxtasis, seducida, hechizada por el vampiro que se abalanza sobre ella para succionarla, para mordisquearla, para sorber sus fluidos, cuando está cerca de ella. Pero, ella se encuentra resguardada en el Castillo de Quazil

Ambas, deben sanear. Fueron víctima del Dictador del campamento que le ofrece su gobierno a los falsos dioses y ellos, le mandan sacrificios de animales y que la población debe alimentarse de estos animales, que, sirven más bien de mascotas, como el conejo,

da, la sangre es imprescindible; si se trata de alcanzar la inmortalidad y de garantizarse un cuerpo que sirva de soporte al alma que nos constituye (cosa que, por ejemplo, no tiene el Lord Voldemort de Harry Potter), entonces la necesitamos como nutriente.

El vampiro expresaría, pues, aunque de manera terrible, la vieja, la milenaria, necesidad de sobrevivir. Expresaría el anhelo de resucitar el cuerpo y, por eso, podríamos tomarlo como el contraejemplo de Cristo. La muerte es un escándalo, un mal del que no nos reponemos, y esa constatación antigua, ese odioso descubrimiento y esa herida narcisista nos han hecho soñar con una artificial prolongación de la vida.

Ser como dioses es, por ejemplo, crear o recrear el mundo. Pero ser como dioses es también haber logrado la inmortalidad, haber impedido la corrupción de la carne y el fin del cuerpo. Desde antiguo, por supuesto, el ser humano trajina con esta idea y alumbra toda clase de quimeras. Una de ellas es la del vampiro. Pero, atención, no sólo porque el vampiro exprese literariamente ese deseo, sino también porque se ha llegado a creer en la figura del muerto viviente, en la posibilidad cierta de humanos que hayan sorteado el fin dándose fluido vital, prolongando artificialmente esa existencia efímera que a cada uno se nos concede. Ahora bien, el vampiro o la sangre no aluden sólo a la inmortalidad con la que algunos o muchos sueñan o han soñado desde siglos atrás.

 Quazil, aprendió a succionar fluidos. La succión despierta la epidermis, eriza los cabellos y alborota los sentidos, provoca un hormigueo y puede hacernos perder el sentido, la noción misma de lo real, hasta el umbral del éxtasis. Pero vemos también el rostro lánguido de Reúsela del Mar, en el que se esboza un rictus semejante al del éxtasis, seducida, hechizada por el vampiro que se abalanza sobre ella para succionarla, para mordisquearla, para sorber sus fluidos.

El éxtasis, ese éxtasis, se asemeja a un estado hipnótico, como el que parece experimentar Reúsela en dicho fotograma: con los hombros desnudos e incitadores, con una piel blanquísima, con los ojos ocultos y seguramente extraviados bajo unos párpados carnosos, con las cejas perfiladas, con una languidez y un arrobo que parecen despertar el furor sexual del Cóndor.

Apreciemos esa contigüidad entre el vampiro y el infante. En uno y otro caso corre por sus labios ese fluido que da vida, que vigoriza, que tonifica, que irriga el cuerpo. Desde el psicoanálisis sabemos que la proxemia infantil, el contacto carnal con la madre, tiene mucho de sexual, de goce libidinoso, de puro placer físico. Al parecer, el infante experimenta un sentimiento primordial, algo así como la vivencia de ser o de pertenecer a un magma indiferenciado en virtud el cual hay una fusión primitiva con quien le dio vida y con quien ahora se la prolonga.

Y en esos viajes interplanetarios, es lo que se busca, estamos en un mundo robótico, mecanizado, donde hay mucha ignorancia,

 

 

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (145 noticias)
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