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El Dictador: Selfjuice everywhere!

30/08/2012 08:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Las artimañas del General Admiral Aladeen , encarnado por el talentoso comediante Sacha Baron Cohen , irrumpe en las salas de exhibición con el mismo discurso mordaz, irónico, vulgar, misógino, racista, que encantó al público desde el debut de su entrañable personaje Borat (2006) , el kazajo que visitó América para aprender las maravillas de la civilización occidental.

A partir del crack financiero internacional, de las revueltas árabes en el mediterráneo africano y el consecuente derrocamiento de dictadores como Muamar el Gadaffi en Libia y Hosni Mubarak en Egipto, Baron Cohen en compañía del escritor Alec Berg (Seinfield), construyen un guión cargado de excelentes ideas que se traducen en pantalla de forma muy dispersa, quizá por la falta de sorpresa que la cámara escondida proyectaba en sus anteriores cintas: poner en ridículo a los demás y a sí mismo. El apego a un orden preestablecido (premisa, personajes, introducción, desarrollo y desenlace) embarca a "El Dictador" en un cauce convencional, superado únicamente por destellos de verdadera genialidad que consagran al actor británico como uno de los mejores comediantes de la actualidad

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El Soberano Dictador de la República de Wadiya: Hafez Aladeen , es presentado ante la audiencia a través de una semblanza documental que enarbola una biografía desde su nacimiento, el accidentado deceso de su madre, su inesperado ascenso al poder a la edad de 7 años, así como el carisma divino que posee entre su aterrorizado pueblo. Practicante de una tiranía clásica sofisticada, más de uno ha pasado por el paredón y la horca; sobreviviente de varios atentados en contra suya, la disidencia opositora continúa con sus esfuerzos por mandar a su amado líder al paraíso eterno.

El programa nuclear que lleva a cabo no es bien visto por el eje occidental, el cuál no duda en exigir a la ONU procurar la justicia, libertad y democracia que el pueblo de Wadiya tanto reclama. Ante la presión de la comunidad internacional, Aladeen resuelve presentarse ante la ONU para convencer a sus detractores que su proyecto nuclear cuenta con fines cien por ciento humanistas. Lo cierto es que las opiniones extranjeras lo mantienen sin cuidado, el verdadero conflicto por el que atraviesa es de carácter sentimental. Al observar el muro de las celebridades que han pasado por sus aposentos gracias a bonos económicos de lo más obscenos (increíble cameo de Megan Fox), el todo poderoso Almirante Aladeen se siente... solo.

Una vez embarcado hacia Estados Unidos, la cuna del SIDA según Aladeen, su mayor enemigo se encuentra entre su círculo de colaboradores más cercanos, entre ellos su tío Tamir (Ben Kingsley) quién se considera a sí mismo como el heredero natural al poder de la República de Wadiya y pone en marcha un complot que desata una serie de pericias obscenas en la ciudad de Nueva York, detalle para nada menor si consideramos una secuencia épica con evidente alusión a los "atentados terroristas" del 11-S, suceso al parecer marginado (por fin) de la lista negra dentro de los mass media ( véase el clímax de "The Avengers").

Si atentar contra la hipocresía de la doble moral te resulta un aliciente extra para soltar carcajadas a raudales, El Dictador ofrece un buffet de lo más extenso, suficiente para poner de puntas a quienes se refugian en el absurdo terreno de lo políticamente correcto, no obstante, el tropiezo que durante la película te hace extrañar a "Borat", ¡incluso a "Brüno"!, no son los excesos "escato-misogi-zoofílicos" sino su completa falta de trascendencia en el desarrollo de la trama. Este vació narrativo alimenta la sensación de que a la película le sobra cinta, cuando encima su metraje total no supera los 85 minutos, ahí existe un grave problema de ejecución.

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A pesar de los bemoles, El Dictador no desemboca en la amargura de una película fallida. Su original estilo le alcanza a Baron Cohen para rescatar esta cinta, pero enciende las alarmas que le urgen a reinventarse como escritor, ya que es muy probable que su exquisita vulgaridad canse de alguna forma hasta sus más fieles seguidores y les de razón a sus infinitos detractores.

La redención, en este caso, surge de los momentos más lúcidos y geniales que por sí solos valen la película entera: el monólogo de Aladeen al borde del suicido, tras ver perdidas todas las posibilidades de mantener su régimen en Wadiya; y su discurso protocolario en el que describe, tal cual, los riesgos que supone la imposición de una dictadura con todas sus letras: ¿o ustedes se imaginan la riqueza de una nación acumulada en tan sólo el 1% de su población? ¡Trrr, qué miedo!

Por fortuna, con el triunfo de la Democracia como forma de gobierno, en occidente ya nos sacudimos todos esos lastres. ¡Chen qui!

El Dictador Sacha Baron Cohen República Wadiya


Sobre esta noticia

Autor:
Otakutlan (56 noticias)
Fuente:
otakutlan.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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