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El Dinosaurio priísta versus los infantes del México fallido

26/09/2014 20:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando todo indicaba que en México creíamos que ya lo habíamos visto absolutamente todo, el viejo, anquilosado y arquetípico Partido Revolucionario Institucional, renaciendo de entre sus cenizas, cual Ave Fénix, vino a demostrarnos que aún tiene muchas sorpresas bajo la manga

Cuando todo indicaba que en México creíamos que ya lo habíamos visto absolutamente todo, el viejo, anquilosado y arquetípico Partido Revolucionario Institucional, renaciendo de entre sus cenizas, cual Ave Fénix, vino a demostrarnos que aún tiene muchas sorpresas bajo la manga.

Es el caso de la agresiva estrategia de control de masas implementada por la recién creada Gendarmería Nacional, institución de seguridad pública que el pasado 15 de septiembre, en El Zócalo de la Ciudad de México, se estrenó aplicando revisiones a diestra y siniestra, operativo en el que incluyó a menores de edad que apenas caminan e incluso a lactantes y, obviamente, adolescentes, parvulitos de primaria, adultos y ancianos.

Cobijados por el poder que les da trabajar para la Presidencia de la República, el despropósito de los agentes federales adscritos a la Gendarmería, hizo realidad el “street art“ del británico Bansky, artista que plasmó en una barda el presente y futuro del fascismo, al pintar a una niña en el momento en que es revisada por un policía, junto a sus útiles escolares y su osito de felpa.

Si bien, hasta la mañana del pasado 15 de septiembre, todo indicaba que la dictadura perfecta mexicana aún podía presumirse como una especie de enigmática democracia, la actitud asumida por los encargados de cuidar el orden en el Zócalo de la Ciudad de México, acabó por evidenciar lo evidente, confirmando que estamos en una dictadura.

Según una nota informativa de los periodistas Antonio Baranda y Alfredo Páez, publicada por el diario nacional Reforma, el Comisionado Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, defendió a capa y espada el operativo de seguridad aplicado en El Zócalo la noche del Grito, cuando revisaron a niños de manera exhaustiva, lo cual, adujo, tenía por objeto preservar la seguridad de todos.

"Puede haberse generado alguna situación de incomodidad, pero en estricto sentido lo que se buscaba era garantizar el interés general de los asistentes”, argumentó el funcionario policial, quien remató, justificándose: "Todo se dio conforme a los procedimientos de operación con los que se tiene que actuar, así se actuó, de manera acomedida, de manera diligente".

Obviamente, el cacheo de menores de edad se aplicó entre los de abajo, los que poco o nada tienen y que asistieron a la ceremonia del Grito invitados por la Presidencia para hacer bulto a cambio de una de una torta y un jugo de la marca Boing, quienes, además recibieron a manera de pilón, su revisión personalizada, fuesen chicos o fuesen grandes, para confirmar que no trajesen navajas, granadas, bombas atómicas, misiles tierra-aire o armamentos similares que pudieran poner en riesgo a la familia presidencial.

Sin menospreciar el riesgo de que se pudiesen introducir artefactos explosivos a ceremonias de este tipo, lo que ya ocurrió en Morelia, Michoacán, el 15 de septiembre de 2008, las medidas adoptadas por la Gendarmería de Peña Nieto no dejan de ser abusivas, deleznables y un claro ejemplo del nivel de paranoia que afecta a la clase política mexicana, a tal grado de que ahora ven como potenciales terroristas a niños que el mes pasado apenas gateaban.

Y es que teniendo a su alcance la más alta tecnología para detectar explosivos, los dinosaurios del poder no se anduvieron por las ramas y ordenaron que se hiciera lo más inverosímil: que los agentes de la nueva Gestapo priísta, manosearan al presente y futuro de la nación, aunque en el proceso dejaran a la naciente democracia mexicana en calidad de lo que en realidad es: Una dictadura perfecta.

La pregunta que surge, es: ¿Se cacheó a los de arriba de forma tan exhaustiva a como se cacheó a los de abajo, menores de edad incluidos? Todo indica que no fue así, pero en estricta justicia así tendría que haber ocurrido, pues de lo contrario se cayó en un acto discriminatorio que, avalado por la propia Presidencia, exhibe las profundas desigualdades que dividen al país.

El retorno del viejo dinosaurio priísta, que despierta luego de 12 años de letargo, nos ha traído esta suerte de nuevas características del sistema político mexicano, mismas que vienen a enriquecer, si así pudiera llamársele al cacheo de infantes, lo que hacia el interior del Partido Revolucionario Institucional entienden como dictadura, aunque de dientes para afuera lo presuman como una nueva forma de vivir y de sentir la democracia.

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Comisiones dictaminadoras de la Ley General para la Protección de Niños, Niñas y AdolescentesPara quienes pensaban que el PRI se había enmendado al estar lejos del poder, malas noticias: no sólo no se enmendó, sino que regresó más derrochador, más corrupto, más acarreador y la cereza del pastel, ahora hasta le ha dado por cachear niños, consecuencia directa del terrible miedo que los políticos le tienen al pueblo, un pueblo que generalmente se mantiene dormido, pero cuando despierta, despierta.

Durante la presente semana o a más tardar el próximo 30 de septiembre, el Senado de la República deberá tener analizada y, en su caso, modificada y votada la iniciativa preferente denominada Ley General para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, enviada por Enrique Peña Nieto, con la que necesariamente tendrían que acotarse acciones como la implementada durante la Ceremonia de El Grito de Independencia, por la Gendarmería Nacional.

Vale recordar que en el marco de un evento titulado "México sin trabajo infantil", celebrado el primero de septiembre, en la residencia presidencial de Los Pinos, quien firma y cobra como Presidente de la República, sentenció que “Con esta iniciativa, México cumple un compromiso ético con sus niños”, lo cual está por verse, dada esa natural propensión que tienen los políticos, de ofrecer mucho y cumplir poco.

Si México fuera un país democrático, debería alcanzarles el valor, primero a los senadores y luego a los diputados, para enmendarle la plana al presidente y a su equipo legal, imponiendo candados jurídicos que impidan que, en ejercicio de sus funciones, las fuerzas de seguridad del Dinosaurio, se extralimiten haciendo del “cacheo” de menores de edad, una nueva forma de criminalización de la pobreza, en el entendido de que acciones de este tipo, los gendarmes de Peña Nieto no las aplican entre la prole de los hombres más ricos de este país, pero sí entre el grueso de la población infantil.

La pelota está en la cancha del Congreso. Los senadores y diputados están en la obligación de tomarle la palabra a la Presidencia, aprobando leyes que además de proteger a los niños de tragedias como la ocurrida en la Guardería ABC, contribuyan a impedir las ejecuciones sumarias, incluso de menores de edad a manos de militares, como la que ocurrió en Tlatlaya, Estado de México y, de paso, impidan el cacheo de lactantes, pubertos y adolescentes, situaciones que de no enfrentarse hoy, se convertirán en modus operandi del Estado Dictador, aún a contrapelo del “compromiso ético” que Enrique Peña Nieto dice defender.

Para estar a tono con la Convención sobre los Derechos del Niño, los legisladores deberán crear una ley que armonice con sus cuatro principios básicos, a saber:

*La no discriminación: todos los niños tienen los mismos derechos.

*El interés superior del niño: cualquier decisión, ley, o política que pueda afectar a la infancia tiene que tener en cuenta qué es lo mejor para el niño.

*El derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo: todos los niños y niñas tienen derecho a vivir y a tener un desarrollo adecuado.

*La participación: los menores de edad tienen derecho a ser consultados sobre las situaciones que les afecten y a que sus opiniones sean tenidas en cuenta.

¿Podrán con el paquete los legisladores, dado el triste papel desempeñado en los primeros dos años de su encargo, tiempo durante el cual han funcionado más como Oficialía de partes de la Presidencia que como auténticos representantes del pueblo?

La moneda está en el aire y sólo tienen dos opciones: Le cumplen a la niñez, presente y futuro de México o le dan manga ancha al dinosaurio para que haga cera y pabilo con los derechos de la infancia, aún a riesgo de criminalizarla, como ocurrió en El Zócalo; o de negarle justicia, como en el caso de la Guardería ABC; o de dejarla a merced de escuadrones de la muerte, como en el caso Tlatlaya.

No tienen mucho margen de maniobra: O cumplen con su deber o hacen el ridículo, como siempre, cediendo a los caprichos y a la exacerbación de la tentación autoritaria, enarbolada por la Presidencia de la República. En ese tenor, a contrapelo de los derechos de la infancia, el Comisionado Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, lo tiene bien claro: En los actos a los que asista Enrique Peña Nieto, seguirán los cacheos a menores de edad. De ese nivel es el miedo de la clase política mexicana.

Así las cosas, México se debate en un mar de contradicciones, siendo la principal de éstas, al día de hoy, que el pueblo no confía en el Gobierno de Enrique Peña Nieto y, a manera de kafkiana retribución, para que amarre la cuña, el Gobierno de Enrique Peña Nieto no confía en el pueblo. La desconfianza no es gratuita y de ambas suspicacias los políticos del Estado Fallido mexicano son los únicos responsables, no los parvulitos de de kinder y primaria, no los lactantes de carreola y biberón. Y tampoco el resto de la población.


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Roberto Díaz Ramírez (122 noticias)
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