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El documental también debe ser entretenido

30/12/2009 09:07 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Además de los elementos de denuncia y de compromiso de carácter social, el documental debe ser entretenido, dijo en entrevista el investigador Alfredo Jozkowicz. Asimismo alertó que si este género cinematográfico está compitiendo contra especialistas del entretenimiento en la televisión, debe ofrecer al menos tres características: calidad visual y auditiva, narrativa y que de alguna manera permita tener la atención de los espectadores. Jozkowicz, ex director del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE-Conaculta), reflexionó acerca del momento que vive el género del documental en México. Hay que recuperar, dijo, una mística: que tiene un propósito o de servicio social o de denuncia, aunque hubo épocas en que era simplemente un ejercicio poético y plástico, también es válido. "Yo creo que si ya hay oportunidad de ir a las salas de exhibición comercial y el público interesado empieza a crecer, hay que intentar que no sean documentales que resulten aburridos, que tengan buena calidad visual y que narrativamente hablando sí atraigan la atención del público", precisó. "Los canales de televisión pasan documentales que conservan un cliché de comunicación, pero son interesantes, por entretenimiento nos quedamos a verlos, entonces hay que competir con eso, creo que los documentalistas deben revisar algunos de los grandes paradigmas que han constituido el cine documental mundial", indicó el investigador. Al hacer un recuento histórico del surgimiento del documental en México, Alfredo Jozkowicz recordó que el decreto de censura de 1919 que continuó vigente hasta la promulgación de la Ley de la Industria Cinematográfica y su reglamento, en 1949, 1951-1952, donde se establecieron severas restricciones morales, pero sobre todo políticas, para toda la actividad cinematográfica, contribuyó al estancamiento del cine de no ficción. "Estaba limitado a los noticieros y a los cortos para divulgar las actividades, obras y proyectos de los gobiernos en turno, que se exhibían como complemento antes de las películas de ficción, pues no hubo televisión pública en México sino hasta 1952, por ello todo era ir al cine", recordó. "Otros factores que limitaron la posibilidad de que el cine de ficción en México explorara otras narrativas fueron la creación, en octubre de 1939, del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC); la instalación de la Sección 49 del mismo, destinada a agrupar a técnicos, manuales, artistas, intelectuales, etcétera, que prácticamente obligaba a afiliarse a todos aquellos que desempeñaban una actividad cinematográfica en el país. "Si se pretendía que sus producciones llegaran a la pantalla comercial necesitaban afiliarse a esta sección 49; y un laudo del presidente Manuel Avila Camacho de 1945, dividiendo los campos de trabajo, reconociendo y autorizando al nuevo Sindicato de Trabajadores de la Producción (STPC) para la producción de largometrajes de ficción y limitando las actividades de la sección 49 del STIC a la filmación de noticieros y cortometrajes", precisó. "Las experiencias narrativas de largometrajes de no ficción se limitan a recopilaciones de montaje como "30 años de cine" y "Recordar es vivir", ambas producidas en 1940", explicó Jozkowicz en la entrevista. A partir de 1965, abundó el director, se fueron multiplicando la producción de cortos y largometrajes de interés debido a varios factores: La producción de cortometrajes de temas culturales para programas de televisión; el debut de nuevos directores, varios de ellos formados en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM (CUEC); y el acelerado desarrollo de los acontecimientos sociales y políticos de fines de los 60 en el país. El mediometraje etnográfico El es Dios, de 1965, producido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), codirigido por Alfonso Muñoz y otros antropólogos, abrió un nuevo campo de interés relacionado con la sobrevivencia de las culturas indígenas. En 1968, crucial para la vida nacional, es también el año en que se abrieron caminos para un cine disidente y contestatario producido generalmente en 16 milímetros, al margen de recursos industriales y por ende sin acceso a las salas de exhibición comercial. El grito, por ejemplo, dirigido por Leobardo López, un largometraje sobre el movimiento estudiantil de ese año que culminó con el trágico 2 de octubre, fue filmado por los entonces estudiantes del CUEC y producido por el entonces Departamento de Actividades Cinematográficas de la UNAM. Los cortos y largometrajes de los años 70 y 80 reflejan preocupaciones morales, sociales y políticas que respondían de alguna manera a la efervescencia ideológica y crítica estimulada por los acontecimientos del 68. "En el CUEC y el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) se incorporaron en los planes y programas de estudio ejercicios académicos sistematizados para que los estudiantes realizaran reportajes de no ficción con el objeto de que adquirieran una metodología con la cual abordar de manera más profesional el género", aseveró. "Hay una metodología para hacerlo, porque actualmente cualquiera toma un teléfono celular y toma imágenes en movimiento, el problema es que tengan algún sentido y alguna repercusión de carácter social y cultural", adujo. "Es importante señalar que en el segundo lustro de los años 80 la producción de documentales independientes o apoyados por dependencias gubernamentales se vio afectado por tres factores: La grave devaluación del peso a finales del sexenio del presidente Miguel de la Madrid y la crisis económica subsecuente que elevó el costo de los materiales y los procesos cinematográficos; por el cambio gradual en las políticas culturales de los gobiernos siguientes, subrayó. Y las restricciones financieras de las dependencias gubernamentales relacionadas de una u otra manera con las actividades cinematográficas de carácter cultural; y por la penetración de la tecnología del video para captar y pos producir materiales audiovisuales a menores costos y más rápidamente", precisó el investigador. Es importante mencionar que desde hace algunos años y debido al auge del género, ha surgido una vigorosa generación de nuevos documentalistas impulsada en parte desde el CUEC y el CCC, que crearon concursos para apoyar la producción de largometrajes de no ficción y a la posibilidad de contar con recursos gubernamentales para realizar largometrajes documentales a través de los concursos anuales del Fondo para la Producción Cinematográfica (Foprocine), que maneja IMCINE. También han aumentado los eventos de promoción y divulgación del género, a través de festivales dedicados exclusivamente al cine documental, aunque la presencia de los largometrajes documentales en las salas de exhibición comercial ha sido limitada con pocas copias, poca publicidad y poca duración en cartelera. Lo cierto es que el número de películas y de espectadores interesados en este tipo de narrativa también ha ido en aumento en estos años. "Lo que también ha sucedido es que la facilidad con la que se pueden capturar y manipular hoy en día las imágenes en movimiento y los sonidos, gracias a los constantes avances de las nuevas tecnologías, ha propiciado una literal invasión de subproductos audiovisuales de no ficción en los medios masivos de comunicación", expresó. "Bajando las exigencias técnicas y narrativas, lo que puede hacer creer que los grandes referentes construidos durante más de un siglo por documentalistas paradigmáticos ya no tienen ningún valor", expresó. "La moda de la desconstrucción, la desdramatización y la banalización, fomentada por algunos festivales internacionales de prestigio y por los medios masivos de comunicación, puede acabar cansando y alejando a los espectadores interesados en compartir con los realizadores de documentales", manifestó. "Una forma particular de apreciar, entender y otorgarle a lo real, a través de una expresión cinematográfica articulada, un sentido acorde con las causas más nobles y los más genuinos valores humanos", concluyó Alfredo Jozkowicz.


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