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Tiene doña Ade más de 60 años de curar con medicina tradicional

07/03/2010 09:01 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el pueblo todos la conocen por su habilidad para curar distintas enfermedades, pudiera decirse que casi todos han acudido a su casa para recibir los remedios naturales de doña Ade. Pequeña, enjuta, de hablar pausado y mirada profunda, Adelina Anell Olmos ha atendido por más de 60 años a generaciones de teocelanos y habitantes de municipios circunvecinos de males que van de la bilis a la cura del espanto en los infantes. "Es un don que Dios me dio", asegura mientras corta sus yerbas curativas en el pequeño huerto del traspatio de su casa: albahaca, maltanchi, toronjil, sauco, manzanilla, mulato. Tiene más de 80 años y ahí está, agachada, sin fatiga, con paso firme entre las plantas, lista para preparar una cura de espanto. Su fortaleza viene de subir y bajar laderas en el corte de café desde muy temprana edad, "ahora ya no vale, pero insistimos en cultivarlo", dice mientras recuerda sus oficios anteriores al de la curación. Durante 20 años vivió en su comunidad antes de mudarse a Teocelo. Trabajó en una nevería y su salario era de dos pesos. Lavó ajeno, "todavía puedo hacerlo, mira mis manos, están fuertes", y las muestra: arrugadas, firmes, sin artritis, con la fortaleza necesaria para tallar tendones y dolencias musculares. La tecnología le ha robado ese ingreso extra, ahora sólo cura y reza y cuando sale es para asistir a misa. Llegar a su casa no es difícil, cualquiera en el pueblo la conoce. A la entrada hay una cama, en las paredes imágenes de santos y vírgenes y crucifijos enmarcan el lugar donde cura a sus pacientes. "Vienen de todos, adultos, niños, jóvenes. Algunos me tocó curarlos cuando eran niños y ahora traen a sus hijos", indica. Lo importante en esto es la fe, asevera mientras prepara el remedio para un niño con empacho. La madre y el niño que no para de llorar esperan. Ella va al traspatio, corta unas yerbas, regresa, saca una botella de aguardiente que vierte sobre el estómago del niño, mientras hace todo esto no deja de murmurar oraciones. Lo talla, coloca hierbas sobre su vientre y lo venda. Es todo. Le entrega a la madre unas yerbas que deberá hacer en infusión para que el niño la tome y le cobra lo que "Lo que sea tu voluntad". Así cobra el don heredado de su madre. Fue hija única y recuerda que esto lo aprendió de su madre que también se dedicó a curar. "Con eso y la ayuda de Dios", afirma. Atiende aproximadamente a 15 personas al día. Sin químicos, sus remedios se centran únicamente en el uso de pomadas, yerbas, alcohol, aceites y preparaciones de tés, con los que cura vómitos, bilis, empacho, cuajo, golpes y torceduras entre otros. Dice que lo más frecuente entre los niños es el empacho y el espanto. Para esto usa maltanchi y toronjil. Les reza, un sorbo de aguardiente y directo sobre el rostro del niño les sopla. "Ven, no te espantes", les grita mientras lo hace. "Vienen de muchas partes a verla, a veces hasta de otros estados para curarse de cosas que los doctores no pueden hacer nada", indica su hija, quien sin dejar de admirar a su madre acepta que esto no se aprende ni se enseña, que es un don que se trae. Un don que nadie, en su familia, después de doña Ade, heredó.


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