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Dona Cámara de Diputados al INAH reproducción de Códice Borgia

06/09/2011 10:22 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El amplio acervo documental de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) se enriqueció luego que el Consejo Editorial de la Cámara de Diputados le donará la reproducción del Códice Borgia, elaborado en los límites de Oaxaca y Puebla, de cuyo contenido variado resalta su carácter adivinatorio. En un comunicado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), señaló que este texto es considerado un tonalámatl, un libro de augurios basado en el calendario ritual de 260 días de Mesoamérica, cuyo original se resguarda en el Fondo Borgia de la Biblioteca Apostólica Vaticana, en Roma, Italia, como parte de un corpus documental mexicano. Considerado uno de los documentos pictográficos mexicanos más valiosos, el también llamado Manuscrito de Veletri o Códice Borgia Messicanus I, fue donado a través de la presidenta del Consejo Editorial de la Cámara de Diputados, Laura Margarita Suárez González, a fin que esté disponible para consulta de los investigadores. La directora de la BNAH, Julieta Gil, detalló que el documento original, plegado en forma de biombo que extendido alcanza los 10.34 metros, consta de 40 hojas hechas en piel de venado, 38 de ellas tienen ilustraciones, mientras que la primera y la última están en blanco y sirven de cubiertas al antiguo documento. Mencionó que cada hoja es un cuadrado de 24 centímetros de ancho por 25 de alto, y su lectura se realiza de derecha a izquierda. Mientras que del contenido va desde consejos medicinales, ciclos agrícolas y festividades, hasta augurios, profecías sobre matrimonios y prácticas rituales vinculadas con la cosmovisión mesoamericana. Por su parte, el titular del Proyecto de Digitalización de Códices de la BNAH, Miguel Ángel Gasca, destacó que este documento tiene información en ambos lados, y en tiene plasmados personajes importantes de la cosmogonía prehispánica, como los dioses Ehécatl, del viento; Mictlantecuhtli, de la muerte, y Tonatiuh, del Sol. La manera en la que el códice llegó a Europa es desconocida; sin embargo, se sabe que fue adquirido en la segunda mitad del siglo XVIII por el cardenal italiano Stefano Borgia, de quien recibe su nombre. Posteriormente, el prelado lo donó a la Sagrada Congregación de Propagación de la Fe, y luego pasó a formar parte del Fondo Borgia de la Biblioteca Apostólica Vaticana, en Roma. La donación de la réplica se realizó junto con un estudio del profesor del departamento de Historia de América de la Universidad Complutense de Madrid, Juan José Batalla Rosado, al que se le suma investigaciones de gran relevancia, como la del antropólogo alemán Eduardo Seler, a principios del siglo XX, así como K. Anton Nowotny, Ferdinand Anders, Jansen Maarten y Luis Reyes. La titular del BNAH, comentó que la investigación de códices requiere de la participación de especialistas en color, textura, restauración, arqueología, etnohistoria, que contribuyan con datos específicos a la lectura de este tipo de documentos. "Se trata de nutrirse de las distintas investigaciones y aportar datos nuevos", manifestó. Añadió que el interés de la biblioteca del INAH es brindar a los investigadores las herramientas necesarias para que puedan profundizar en el estudio de los códices, a través de la edición de estos facsímiles. "Esta colección de reproducciones está en constante crecimiento, se integra de ediciones hechas en los años 80 por el Fondo de Cultura Económica, así como de ejemplares recientes de muy buena calidad, como las del Códice Tro-Cortesiano y la Relación de Michoacán, publicados también por la misma editorial que hizo el Códice Borgia, además de los facsimilares de los códices Cholula y Colombino, hechos por el INAH". Subrayó que la BNAH, aparte de los facsimilares, resguarda códices originales del periodo colonial, los cuales ya están digitalizados para facilitar su consulta. Julieta Gil refirió que la gran ventaja de editar facsimilares de documentos históricos, como los códices, es su consulta y estudio sin recurrir a los originales, que se custodian con mucha delicadeza para evitar su deterioro. "El contacto con un facsimilar es muy motivante, el poder tocarlo y desplegarlo, estudiarlo, es algo invaluable para un investigador", concluyó.

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