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Dragoslav Sekularac según Vladimir

16/03/2011 15:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Esa ilusión que era real, porque era alegría", Vladimir Dimitrijevic en "La vida es un balón redondo"

¿Sekularac? Sí, ese mismo que en 2010 revelara que Olympique de Marsella intentó sobornar al portero Stevan Stojanovic el 29 de mayo de 1991 para que se dejara vencer en la tanda de penaltis que definiría al nuevo campeón de Europa. Stojanovic se negó a su ofrecimiento por una poderosísima razón: amaba a su equipo y a su país, la extinta Yugoslavia. Ese día Estrella Roja le dio la gloria a Yugoslavia.

¿Les suena el nombre de Dragoslav Sekularac? Sí, el mismo que alguna vez dirigiera al América allá a inicios de 1990. Su paso efímero por nuestro país es digno de olvido, sin embargo sería ingrato pagarle con esa moneda a un hombre que le dio sentido a la vida de un joven víctima de los estragos de la guerra hoy convertido en un gran escritor.

¿Han oído hablar de Vladimir Dimitrijevic? ¿No? A raíz de la Segunda Guerra Mundial se exilió en Suiza, donde desempeñó labores de jardinero y vigilante. Pero su gusto por la literatura lo llevó a trabajar de librero, oficio y pauta para posteriormente convertirse en editor. En 1966 fundó su propia editorial, una de las más importantes en el viejo continente, L´Age d´homme.

¿Qué relación tienen Sekularac y Dimitrijevic? En 2005, el escritor publicó "La vida es un balón redondo", compilación de anécdotas y experiencias dedicadas al balón que nos adentra en el ambiente bélico, de la pobreza y la miseria, donde el único sueño posible y sin restricciones era el futbol. El autor nos detalla los estragos de jugar con pedazos de yeso al amparo de las ruinas: "...marcas grises de carbón y luego hematomas rojos y redondos".

Pasados los entrenamientos basados en latas de conservas a ras de la tragedia, Dimitrijevic por fin tuvo un balón en los pies. Pateándolo con "zapatos azarosos e imprevisibles" encontró en otros jóvenes el mismo anhelo: jugar. Con aquellas zapatillas "que se rellenaban con papel periódico para llenar el vacío" soñaban con driblar, gambetear; anotar.

Pero fue en el patio de su escuela donde encontró el sentido del futbol. En un partido de chamacos vio llegar a un joven menor que él y que de inmediato se puso a jugar con los demás. "¡Y fue el milagro lo que encarnó ante nuestros ojos!", expresa Dimitrijevic para referirse a un hombre que vaticinó como futura estrella del balompié yugoslavo, Dragoslav Sekularac.

Tras verlo jugar, Dimitrijevic comprendió que el futbol es más que un gol, es la vida misma. En su elaboración, jugadas, está el avance hacia un mundo esperanzador, donde en cada movimiento se desparrama el pasado y el dolor. Pasaron los años y Dimitrijevic atinó en su pronóstico: Sekularac fue figura del Estrella Roja de Belgrado por más de 10 años.

Con el paso del tiempo, Dimitrijevic huyó de Yugoslavia a los 18 años con una lesión de por medio, misma que lo orilló a tomar una decisión: olvidarse de ser jugador profesional. Alejado de su tierra, de los suyos, emprendió una batalla para encontrarse y el camino lo puso en la literatura. Ya instalado en el siglo XXI, el escritor recuerda a quien le hizo ver que el futbol es más que un balón: "mucho antes de que se convirtiera en un jugador célebre, sus piernas ya estaban lisiadas, cubiertas de un denso tejido de cicatrices"; Dragoslav Sekularac.


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elbuenfutbol.com
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