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La edad, resurrección de los ídolos

20/02/2012 00:06 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No llegará al hospital. Quisiera que no tuviera la edad que tiene, pues todavía es muy joven para morir. Sin embargo debe hacerlo. La historia nos ha enseñado que el destino de las glorias, de los ídolos, debe ir acompañado por una muerte temprana. Lástima que no puedo intervenir para evitar que fallezca en la ambulancia por una apendicitis. Un tipo como él debería partir en casa con los suyos y gracias a un ataque de alegría, de euforia por saber que ha de heredarnos su leyenda y sobre todo la devoción por el deporte que amamos, el fútbol. Ya es tarde, ha muerto.

No sé tú, no sé ustedes, pero es imposible olvidarlo. Por eso describo lo anterior en tiempo presente. Parece que fue ayer, hoy mismo, sin embargo todavía me estrujan las entrañas por su gol. No es para menos tenerlo presente y seguir con el festejo, ¡fue el primer gol de México en una Copa del Mundo! No importa que nos hayan goleado los franceses. La cancha del estadio Pocitos, sí, en Montevideo, fue testigo del obsequio que nos ha brindado. Sí, ya sé, han de pensar que estoy loco. Lo único que hago es hablarles del hombre que apenas murió, de mi ídolo.

Ustedes debaten sobre si Messi es mejor que Ronaldo o si Pelé es superior a Maradona. Perdonen que no tenga su edad, ya estoy viejo. No reprocho sus devociones, pues son propicias de sus tiempos. No obstante, permítanme explayarme y compartirles sobre lo que le dio sentido a mi infancia, o mas bien sobre el futbolista que me convirtió en aficionado de la experiencia de vida, que no deporte, llamada fútbol.

Tenía yo unos siete u ocho años cuando lo vi jugar en Atlante. Mi padre me llevaba en ese entonces al estadio para que junto a él me deleitara viéndolo hacer goles. Si bien es cierto que grité todos sus goles, ninguno lo celebré tanto como el que hizo en Montevideo. Según mi madre nos enteramos por la radio. No es verdad. Supimos de esa anotación porque un empleado de mi padre vino a darnos la noticia. Yo imaginé ese gol durante varias semanas. A pesar de lo que leía en los periódicos, yo recreaba ese gol de una y mil maneras. Con su gol no sólo me reivindiqué como aficionado al Atlante, sino también como mexicano, como niño.

En algún momento soñé con ser como él. Muy rápido decliné a la idea de ser futbolista; mis dos pies izquierdos me abrieron los ojos. Eso sí, siempre tuve presente que algún día, tarde o temprano, lo habría de conocer. No quería pedirle un autógrafo, no, en esos tiempos no se estilaba eso. Lo único que quería era darle las gracias por hacerme inmensamente feliz.

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No pude conocerlo. Dicen que murió como consecuencia de su vida nocturna, auspiciada por la adicción al baile y al alcohol. Eso no me consta y ni ganas tengo de saberlo. En caso de que sea cierto ya habrá quien lo juzgue por esos detalles menores. Y son menores porque en las dimensiones de sus capacidades para jugar al fútbol lo realmente importante eran sus cualidades para hacer del balón una especie de magia eterna.

Para que se den una idea del hombre que les hablo apelo a la palabra crack. Si algo me perturba es saber que ustedes no tuvieron la oportunidad de verle jugar, pues estoy seguro que de haberlo visto estarían de acuerdo conmigo. Antes de que se me olvide, siendo lo más importante, he de darles su nombre, Juan Carreño. ¿Lo ubican? ¿No? Pero si les hablo del Trompo, del Juan Carreño que hizo historia al anotar el primer gol de México en un Mundial y de haber forjado la historia de un Atlante que bien podríamos calificar de equipazo. En fin. Aunque me duela decir que ya pasó tengo que hacerlo y decírselos: Carreño murió a los 31 años en 1940. Si me lo conceden, permitan que siga creyendo que el tiempo con respecto a mi ídolo no ha pasado.

Quiero pedirles perdón por haberles robado parte de su tiempo para expresarme y contarles una anécdota de lo que para mí representa la figura del ídolo en el fútbol. No es tanto porque haya metido goles o conseguido hazañas en la cancha, no. Si les platiqué de Carreño es porque, a diferencia de ustedes, la ley natural de la vida me aproxima a conocerle en donde esto tenga que suceder.

Como ya se los dije, mi edad es mil veces mayor a la de ustedes y si hay algo que el fútbol no puede vencer y, por el contrario, nos hermana cada vez más es el recuerdo, la memoria del sueño en forma de un balón y con silueta de héroe que solamente el último suspiro nos puede arrebatar. Gracias.

*Este texto fue elaborado en atención a un lector que pertenece a la tercera edad y pidió a un servidor expresar mediante un relato lo que para él es el fútbol, lo que para él es la vida cada vez más corta.


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Autor:
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elbuenfutbol.com
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Reportaje
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