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Educar para Pensar/Pensar para Educar

04/10/2013 12:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imagePor: Teresa Da Cunha Lopes

Quiero creer que en algo se haya modificado la pedagogía tradicional que sufrimos la gente de mi generación, consistente en transmitir conocimientos seguros que había que reproducir al pie de la letra, y estemos avanzado en una educación, basada en cuestionar los conocimientos que nos ofrecen. Quiero creer que vamos en estadirección…pero lo dudo.

Desde la modernidad ilustrada, a la que debemos el desarrollo de las ciencias y el orden mundial centrado en el discreto civilizador del Derecho Internacional en la construcción de la convivencia entre las naciones, nada es seguro, todo es criticable, y por supuesto revisable. Variable que debería ser, pero no es, uno de los elementos centrales del núcleo paradigmático del sistema educativo.

En las escuelas se transmiten conocimientos sobre los que no se duda, ni se discute, sino que se aprenden de memoria para retenerlos para siempre, bajo el esquema dogmático del manual único y del absolutismo instaurado por la "rectoría del estado" sobre la educación. Al configurar estos conocimientos seguros y definitivos un continente conocido, el fin de la educación, tal como la sufrimos, es que vayamos rellenando "las lagunas" que tengamos.

Ahora bien, deberíamos aprender no acumulando hechos —basta con saber cómo se buscan cuando se necesitan—, sino poniéndolos en duda, incitando a cuestionarlos. El alumno no es el sujeto pasivo que debe asimilar los conocimientos que transmite la autoridad del profesor, sino el protagonista activo que, ante una pregunta que suscita su curiosidad, busca por sí mismo una respuesta, acompañado en su búsqueda por un facilitador (el profesor) que le abre una ventana estructurada dónde encuentra los grandes ejes de referencia, los consensos de las comunidades cientificas en cada área del conocimiento y lo inicia a la investigación.

La función del profesor no es hacer el trabajo por él, menos sugerirle la respuesta adecuada, sino acompañarle en este proceso, criticando sus resultados y animándolo a seguir adelante. Poco se aprende sin el afán previo de conocer algo que nos haya llamado la atención, ni sin el esfuerzo personal por encontrar la solución.

Pero no es esta la dirección en que vamos. Hoy en día, aparte de dominar el inglés y una preparación suficiente en computación, y algunas pinceladas de matemáticas —hoy las columnas básicas de la enseñanza, que cada una exige una didáctica propia— desde la instrucción primaria a la universitaria no hay más que enseñar a hablar, leer y escribir.

Pero se deja de lado el aprender a pensar, a cuestionar, a dudar, a comprometerse con el trabajo personal. Se trata de un problema de raíz, de un sistema educativo que tal como está pensado, planeado, dividido y fragmentado por edades y por materias estancas, no funciona, con sus exámenes que acaban condicionando unas enseñanzas obsoletas, aburridas, artificiales, alejadas de la realidad.

Y, por supuesto los resultados son espantosos, ya que aprender a hablar en público, capaces de una exposición oral ordenada y concluyente;a leer libros por nuestra cuenta, sabiendo entresacar lo que importa para la cuestión que trabajemos, presupone que se han construido a lo largo del itinerario escolar las herramientas para poder pensar, cuestionar, dudar y trabajar en autonomía. Pensar el sujeto, pensar la realidad, pensar el pasado, pero, principalmente, pensar el futuro requiere una formación dirigida a posibilitar este ejercicío.

Ahora bien "pensar", es básicamente una operación de colocar preguntas hasta llegar a una posible respuesta, que no deberá considerarse definitiva, pero en continua revisión. Sin una pregunta previa, no cabe distinguir lo que nos interesa de lo que no, y la lectura, la búsqueda de información, el trabajo de intentar encontrar una solución, resulta tan aburrido como poco provechoso.

En suma, la educación que necesitamos no se reduce a aprender inglés, computación, matemáticas, y a hablar, leer y escribir, al nivel mínimo de cada tramo, en las lenguas propias y en las áreas de conocimiento a las que nos dediquemos.

Pero es lo que tenemos. Y, lo que tenemos, además, está matando la creatividad de los niños, está transformando a los adolescentes en "ninis". Es esa escuela que nos ha transformado en adultos apáticos, sin iniciativa, sin solidaridad social. Es esa escuela que recusa la crítica y el debate de ideas que nos ha transformado en adultos apáticos, sin iniciativa, sin solidaridad social, sin sueños.

Es altura de parar y atacar de frente el problema de una verdadera reforma educativa . No debemos caer en la trampa de tomar como reforma educativa un conjunto de medidas de carácter laboral diseñadas bajo el paradigma del profundo desdén de la clase política por el trabajo y por los trabajadores.

Dejemos de lado una reforma pensada para una sociedad industrializada, con determinados tipos de estructuras de empleo del siglo pasado, que ya nació obsoleta, y que nos hará retroceder en el tiempo. El mundo en que vivimos, en el siglo XXI, es un mundo post-industrial, en plena ruptura del sistema capitalista y en fase de transformación para una sociedad del conocimiento (no sólo de la información) que tiene que ser equitativa, justa e incluyente. Cuya principal tarea es destruir brechas -brechas en el ingreso, brechas en la alfabetización digital, brechas en el acceso y en el ejercicio de los derechos –no potenciarlas.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
grupocronicasrevista.org
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Tipo:
Reportaje
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