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La “Educción Bancaria”, un mal que aqueja la conciencia del pueblo. (parte 1)

17/06/2009 10:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El siguiente artículo fue desarrollado en las clases de cultura y ética de la BUAP en la Facultad de Filosofía y Letras

Laura Flores Romero

Mariangel Pérez López

Karla Teresa Moro Flores

Paul Aguilar Sánchez

Durante nuestros estudios y nuestra vida académica, nos hemos dado cuenta de que la educación tiene muchas deficiencias. Algunas de éstas son la falta de comunicación que tiene el docente con el alumno; o la idea de una enseñanza repetitiva y absolutamente memorística de conceptos que contrae un gran problema, dado que dentro de las aulas nos enfrentamos a grupos heterogéneos donde debemos poner en práctica el principio de “atención a las diferencias individuales”[1]. Así, en el mejor de los casos, la enseñanza debiera ser la exposición estructurada de nuestros propios conocimientos.

Si el alumno dispusiera ya de todo lo posiblemente cognoscible y necesario para enfrentar su realidad, entonces, no tendría caso asistir a la escuela; pero no es así, la constante asistencia a las aulas hace que los alumnos reafirmen, poco a poco, sus conocimientos a priori hasta desarrollar habilidades y aprendizajes significativos (bien cimentados) que les ayuden a resolver problemas del mundo real, el cual se encuentra en constante cambio. Así pues, la educación también es una dinámica en constante transformación que debiera igualmente actualizarse:

La educación es algo dinámico, es decir, que lleva implícita en sí misma el principio de la acción. Pero esta acción no es momentánea o temporal, sino constante y continua porque pretende unos objetivos.” (COLL, 1993: 23)

El principio “asistencial” de la cultura imperante en nuestro país, ha llevado a la conformación de programas educativos que no cumplen con las expectativas cualitativas del pueblo; y es que la educación bancaria[2] trata de mantener las dicotomías de la vieja sociedad, a saber: opresor-oprimidos, educador-educando, hombre-mundo; en parte, por el desinterés del Estado:

La educación es una función esencialmente social, el Estado no puede desinteresarse de ella. Por el contrario, todo lo que es educación debe estar, en alguna medida, sometida a su acción. No queremos decir con esto que deba monopolizar la educación.

El principio “asistencial” de la cultura imperante en nuestro país, ha llevado a la conformación de programas educativos que no cumplen con las expectativas cualitativas del pueblo

Pero que el estado deba, en interés público, dejar abrir otras escuelas a parte de las que tiene directamente bajo su responsabilidad no deriva que deba permanecer ajeno a lo que en ellas sucede.

La escuela no podrá ser cosa de un partido, el maestro falta a sus deberes cuando emplea la autoridad de que dispone para arrastrar a sus alumnos por el carril de sus posiciones personales.” (De IBARROLA, 1985: 29-30)

La educación bancaria plantea al educando como un mero objeto que no sabe nada y que es incapaz de reflexionar y crear, por tanto, el educador tiene la obligación de llenarlo de información a fin de lograr la adaptación de éste al mundo construido por los opresores. Esta adaptación niega a los hombres como seres más y los llena de miedo a la libertad para que los opresores puedan dominar sus vidas como objetos o mercancías de cambio. Ante esta opresión en que nos vemos todos los que asistimos a escuelas públicas (o privadas), Paulo Freire[3] propone lo que llama “Educación Problematizadora” que implica tres fases de investigación antes de decidir cuál será el programa educativo, y que tiene de fondo el círculo cultural de los individuos de una comunidad o grupo social. Esta educación problematizadora pretende eliminar las dicotomías antes expuestas y hacer de ellas un acto dialógico con el pueblo para así llegar al desarrollo y a la liberación verdadera.

Si dentro de la educación bancaria, la conceptualización de los profesores se transforma, de un facilitador de experiencias, a un ser que sabe todo, que tiene capacidades súper desarrolladas y le es reconocido que posee verdades absolutas irrefutables por los alumnos. En la problematizadora, se debe tener un carácter más amplio y de autonomía que debe entenderse en su más amplio sentido, no tan sólo como la autonomía del educando para que aprenda, conozca y reconozca desde su particular visión del mundo, en el que está inserto; sino autonomía exigida por el educador para formular métodos didácticos que puedan ser utilizados en sus prácticas docentes.

[1] Vid. Anexo 1 “Principios Didácticos”. G. Labarrere y Gladys Valdivia.

[2] Vid. Paulo Freire. (2006). Pedagogía del oprimido: cap. II, La Educación Bancaria.

[3] FREIRE, Paulo. (2006). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI.


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Emilho (13 noticias)
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