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El Cantar del Carrillón

29/08/2010 18:04 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Narativa fantástica del sentir de un Hombre X en su último trance. Texto e Imágenes de Américo Valadez

Laughing!-“¡Mi sendero, no es lo mío..!”- Me repetía incesantemente, mientras mis pisadas me llevaban aparentemente sin rumbo, por un camino que, gradualmente, empezó a andar por los rincones de mí otrora juventud, que se alejaba ha cada paso que daba. Como se abandona lo más querido, por no poder montarlo a cuestas.

Mi caballo y mi espadín no los tenía ya, solo la guerrera sostenía algunos puntos de metal dorado, y mis botas, ahogadas en el lodo, no eran más que un par de cortezas adheridas a mis piernas, con una sabia rojiza y tibia escurriendo por lo que deberían ser mis tocones. Era un árbol muerto, con el ramaje marchito y sus troncos ensangrentados, precio caro por liberarse de las raíces que lo erguían contra un suelo maldito.

Aquel camino seguía taladrándome el cerebro con impunidad, como el pico del carpintero, lo hace con lo suyo. Desgajándome en virutas los recuerdos.

No podía estar equivocado, de lo que a mí alrededor se plasmaba. Estos eran mis reinos que hasta hoy los defendí con heroica abnegación y hombría, y de ello, no recuerdo nada...

En la hondonada de mis tierras, distinguí sin confusión, la silueta de mi amada posesión, mi sólido bastión.

De la misión ennegrecida, resonaba el bruñir de sus campañas, con el canto sombrío y lastimero, del toque a difunto que hiela las almas, en los labios el “¡Jesús...!” y la gruesa en una cruz. Una tras otra ensayaban su triste charla sobre la inmortalidad de la nada.

Por fin encontré la excusa de frenar mi andanza, y consternado me atajaba la recelo de “a que infeliz se le dedica tal romanza.”

Cerca de mí, se encontraba un viajero con el sayo de jesuita, que, donde yo lo observaba no se apreciaba manos o cara alguna, por encontrarse a espaldas de mí inerte persona. Sentado inmóvil en una roca contemplaba la misión, como sin no quisiera perder detalle alguna del panorama. Aun con dolor en el cuerpo y destrozada mi alma, me acerque al fraile aventurero todavía de espaldas, con la pregunta en la mueca de mi boca y olvidando el saludo que los hombres se celebra:

Aquel camino seguía taladrándome el cerebro con impunidad, como el pico del carpintero, lo hace con lo suyo

Muerte a la Media Noche

- ¿Que hace usted aquí padre?

- He venido desde lejos, a traer consuelo a un caballero que agoniza en un camino de amarguras. - Contestó sin siquiera dedicarme una mirada.

Volví la vista, buscando aquel punto en el vacío, en donde se dirigía la atención del Santo Señor.

- Tarde ha llegado padre - conteste sin reparar en mi oración -, el alma que trata de confortar, ha partido sin el bendito consuelo de una guía espiritual.

- No, hijo mío, he llegado muy a tiempo, más de lo que tu puedas contemplar.

R.I.P.- Pero... ¿Las campanas padre...? El hombre a espirado desde hace un largo rato.

- Eso no es signo de que no sea oportuna mi comparecencia, en esta hora funesta.

-¿Acaso tal hombre, no valía la pena de ser salvada su ánima? - Inquirí atónito.

-¿Si he llegado de tan lejos y fatigas he padecido, es que ni siquiera me importa el caballero difunto que he venido a confortar?

Temblando de duda, arroje al cura con la sospecha del comienzo:

- Entonces padre, acláreme este hecho. ¿Por quien doblan las campanas?

-“No preguntes por quien doblan las campanas:...” - y respondiéndome a esto, y volvió su rostro hacia el mío - “doblan por ti.”

El Ave Grazna al Quere Hablar

En sus cuencas vacías, y su sonrisa parca, mi alma encontró el confort del bendito descanso de los bienaventurados.

En sus cuencas vacías, y su sonrisa parca, mi alma encontró el confort del bendito descanso de los bienaventurados

México, D.F.

3 - IX - 98.


Sobre esta noticia

Autor:
Américo Valadez (58 noticias)
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Tipo:
Opinión
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Julian C. (29/09/2010)

Este es uno de los cuentos que leyò en una de nuestras lecturas en la Casa del Lago.