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El gol

16/01/2011 08:26 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El deseo de anotar un gol en ocasiones nada tiene que ver con un anhelo futbolístico, sino con el pretexto de obtener algo aún más glorioso. Para Rudi era la cura de sus pasiones y obsesiones; la puerta abierta para que la Candy fuera suya. Ella le había prometido entregarse a él si metía un gol; ganara o perdiera el equipo ése era el requisito.

En el barrio se murmuraba que la Candy era refacilota con aquellos que jugaban al fútbol. Sin importarle posición en la cancha, edad, estatura o físico, ella salía con el afortunado que metiera un gol. Entre los chismes que se oían sobre su "oficio" se decía que era capaz hasta de meterse con tres o cuatro al mismo tiempo.

Al Rudi siempre le pareció bella la chica. Durante algún tiempo trató de acercarse a ella de la manera más cordial: le regalaba flores, dulces, cartas. Pero siempre recibía una respuesta negativa marcada por la ofensa o la indiferencia. Cansada del hostigamiento cortés, Candy se la cantó: "mira chavo, déjate de mamadas y te la pongo más fácil. Si metes un gol te las doy y seré tuya".

A partir de ese momento Rudi se enfocó en perfeccionar el tiro. Le dedicaba horas al toque y colocación; cada vez que pateaba el balón visualizaba las duras y grandes nalgas de Candy, así como sus exóticos senos. Lo más importante para él fue pedir al entrenador la oportunidad de jugar como delantero. "Te daré el chance pues. Como defensa eres medio idiota, quizá la hagas adelante".

Pasaron dos semanas y Rudi anotó un golazo. Tiro libre, acomodado al ángulo; imposible de parar. Por el barrio se difundió la hazaña, se escuchaba el nombre de Rudi por todos lados. Perfumado y bañadito, corrió el chavo a la farmacia a comprar condones. De ahí se dirigió a la casa de Candy, tocó la puerta y ella abrió.

-Ya supe de tu golazo. Bueno, pues lo prometido es deuda. Pero antes de que entres móchate con una lana.

-¡¿Cobras?!

-¡Claro, pendejo! ¿Tú crees que las quimioterapias de mi mamá son gratis o qué?

-No sabía que tu mamá estaba enferma.

-Pues ya lo sabes. Ándale, saca la lana.

Esa noche Rudi pagó, dio las pocas monedas que traía. No fueron necesarios los condones, Candy se encargó de todo. Aunque también Rudi puso de su parte; no aguantó más de dos minutos.

Han pasado tres semanas y Candy ruega a Rudi se acueste con él; urge recaudar más billete para las quimioterapias. Lo busca a él porque sabe que es el único que paga; con los demás lo hace gratis; violentada a golpes o bajo amenaza de desfigurarle la cara. Sin embargo, Rudi ya no juega, mucho menos mete goles. Además, Rudi no quiere verla, la considera maldita; cada vez que orina le arde el pene y algunas ronchas de su zona genital se revientan causándole dolor e intensos hedores.


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Autor:
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Fuente:
elbuenfutbol.com
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Tipo:
Reportaje
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