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El gran bazar de las películas

16/05/2016 03:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Productores y distribuidores buscan un éxito de taquilla en el mercado que mueve más dinero de la industria

 

 

Visitantes en los puestos del Mercado del Cine, en el Festival de Cannes.

Javier Bardem se sienta en la mesa de la terraza y comienza a explicar a los posibles inversores la excelencia de Escobar, la película en la que interpretará al narcotraficante más famoso de la historia. Lo hará varias veces, con distintos productores, porque está en el Mercado de Cannes, 13.000 metros cuadrados de gran bazar fílmico, y la gente que no compra… vende. El español es una más de las estrellas que se encierra en un estand, en el caso de Bardem el de Millenium Films, vendedores de la película, resguardado tras un doble cristal de casi todas las miradas indiscretas, y allí recibe a los inversores. Estos se acercan al aroma de una historia de amor que dirigirá Fernando León, con Penélope Cruz como la periodista Virginia Vallejo, la estrella de la televisión que se enamoró de Pablo Escobar.

No mucho más lejos, otro vendedor es Shia LaBeouf, que si en la sección Oficial defiende American Honey, de la directora Andrea Arnold, aquí, en los sótanos del Palais, donde se expande el mercado más grande del mundo del cine que mueve hasta 1.000 millones de euros, defiende Borg/McEnroe, en la que encarnará al tenista estadounidense en un filme que recordará la rivalidad en los ochenta entre ambas estrellas de la raqueta. Y LaBeouf ha encontrado un estupendo mantra para lograr dinero: “McEnroe soy yo”.

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Cualquier paseante estos días por el mercado disfruta de un extraño recorrido cinematográfico. Por primera vez, Cannes da la sensación de no estar tan poblado, con muchedumbres a la puerta del Palais Des Festivals. Se debe a que la industria se ha expandido en esta edición mucho más allá de su recinto natural, de las carpas que se alinean en la playa y de los apartamentos de La Croisette. Por la cercana calle de Antibes, la avenida principal de Cannes, se han multiplicado las oficinas de productoras, agencias de ventas internacionales y todo tipo de intermediarios. Muy cerca, dentro de las salas que proyectan películas para los ojos de los compradores desde las ocho de la mañana, se sientan ojeadores de las distribuidoras. Porque un negocio es entrar en la película cuando se está levantado la producción, y otro es comprarla ya finalizada.

Los distribuidores españoles prefieren ver el material finalizado, y por eso en cinco días asisten a sesiones de los filmes que conforman las cuatro secciones del festival que, para el resto de los asistentes, están programadas durante 12 días en las salas del Palais y en los cines que albergan la Semana de la Crítica y la Quincena de Realizadores. “España sigue siendo un mercado delicado, con poca taquilla para el cine europeo, en comparación con otros como el francés”, cuentan desde una distribuidora de tamaño medio. Entre esta tendencia y la crisis, las ofertas son muy meditadas, aunque ha habido peleas por títulos como Yo, Daniel Blake, de Ken Loach, con un evidente potencial popular y que finalmente será distribuida en España por Caramel Films.

Productores y distribuidores buscan un éxito de taquilla en el mercado que mueve más dinero de la industria

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Del otro lado, los vendedores y los productores. Algunos felices, como el portugués Paulo Branco, que desde su Alfama Films va a levantar de nuevo el Don Quijote de Terry Gilliam. Otros con cara de circunstancias son los trabajadores de Studio Canal, que ocupan uno de los esquinazos más grandes: aunque la productora se mantenga entre las más grandes de Europa, este año Canal + no realiza emisiones de programas ni el telediario nocturno desde La Croisette, que atraía a numeroso público. De los 40.000 acreditados, solo 4.600 son periodistas, y Cannes aumenta su población de 70.000 a 200.000 personas. El poder del cine, que en las catacumbas del Palais definitivamente queda claro, está pasando al mercado asiático. En cada edición aumentan las oficinas de empresas de ese continente y decrecen las americanas y las europeas. 2016 es el año de Corea de Sur y eso se ve hasta en la sección Oficial, donde fuera de concurso han colado Train to Busan, una de zombis en un tren de alta velocidad.

¿Y España? Casi como siempre. O mejor, según Vicente Canales, de Film Factory, que estos días muestra a los posibles compradores promos de películas como Tarde para la ira, de Raúl Arévalo; El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez (con un póster muy distinto y llamativo a los habituales y con el título internacional de Smoke and mirrows), sobre Francisco Paesa y Luis Roldán, o la segunda parte de Zipi y Zape, de Oskar Santos. “Todos sabemos que las promos suelen ser mejores que las películas, pero en estos casos no es así. Y se agradece. Hay mucha preventa internacional, aunque aún se notan los temores y los compradores quieren ver el filme finalizado”, asegura Canales. A su lado, otra de las agencias españolas de ventas, Latido Films, donde puede verse el cartel del thriller Que dios nos perdone, de Rodrigo Sorogoyen, otro valor en alza. Y cerca, los tradicionales puestos de Filmax y el oficial del ICAA. En 2016, la industria catalana ha abierto su propio estand, fuera del Palais, en una de las tiendas de la Villa Internacional a pie de playa.

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El cine español vive rodeado de carteles de la última de tiros de Dolph Lundgren; de centenares de apuestas por un “nuevo filme de artes marciales”; por las últimas locuras de la productora Asylum, los de Sharknado, que ya preparan su cuarta parte; por un anuncio de un drama con Jane Symour… Nadie verá todas esas películas, pero alguien, seguro, las comprará. Como en el gran bazar de Estambul, hay especias para todos los gustos.

Fuente:GREGORIO BELINCHÓN

Barcelona, 16  de mayo de 2016


Sobre esta noticia

Autor:
Vanessa Lara Silva (1560 noticias)
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3406
Tipo:
Reportaje
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