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El héroe discreto

18/11/2013 12:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Juan Eduardo Martínez Leyva

Mario Vargas Llosa publicó, en este otoño, El héroe discreto, una novela de dos historias que corren paralelas, alternándose capítulo a capítulo, para fundirse e integrarse en un final común. La ciudad provinciana de Piura es el escenario en el que se desarrollan las peripecias de Felícito Yananqué, un hombre de origen humilde que logró abrirse paso en la vida con el esfuerzo personal y con la "inspiración" de Adelaida, una santera a la que Felícito consultaba siempre, en el momento de tomar las decisiones importantes. Había construido una exitosa empresa de transporte llamada Narihualá, en la que también trabajaban sus dos hijos Miguel y Tiburcio. La rutina del hombre de negocios pueblerino, es interrumpida por una amenaza de criminales que pretenden darle protección a cambio del pago de una cuota mensual. En México hemos llegado a conocer este chantaje como derecho de piso y en Perú se le llama cobro de cupo. El transportista, un hombre de convicciones firmes, se resiste a la extorsión, siguiendo un principio que su humilde padre le heredó en el lecho de muerte: "Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a recibir". Felícito lo aplicaba al pie de la letra. A partir de aquí se desarrolla la primera trama que el autor pone sobre unas ruedas narrativas ágiles y sorprendentes.

La segunda historia tiene lugar en la ciudad de Lima. Rigoberto, un abogado entrado en los sesentas, decide jubilarse de la empresa de seguros en la que había trabajado durante treinta años, para dedicarse a tener "una vejez larga, culta y feliz." Era una persona aficionada a la pintura, a la música y a la lectura. Tenía inquietudes intelectuales a las que no había podido dedicarle el tiempo deseado. En su casa había creado lo que él llamaba un espacio de civilización. Un estudio en el que coleccionaba obras de arte, pintura clásica, principalmente. Tenía una sustanciosa biblioteca y una buena colección de música. La decisión de retirarse anticipadamente, pues aún le faltaban tres años para obtener una pensión completa, la había tomado para refugiarse en la soledad de su estudio a disfrutar de la cultura. Para defenderse de la barbarie, diría Rigoberto. Sus planes se ven interferidos por un acontecimiento inesperado. Su jefe, Ismael Carrera, dueño de la compañía de seguros, un tipo que pasaba de los ochenta, decide casarse con su sirvienta, Armida, y escoge a Rigoberto como su testigo de boda. El matrimonio deja sin posibilidades de heredar a los hijos del viejo, Miki y Escobita. Estos dos jóvenes desalmados, las hienas, le hacen la vida imposible a Rigoberto, porque había servido como testigo de la boda. Lo presionan con demandas penales, incluso llegan a interrumpir su jubilación, con argucias legales. Buscan anular el matrimonio, porque ven esfumadas sus ambiciones de heredar la fortuna de Ismael y pretenden que Rigoberto diga que su padre padece de sus facultades mentales. La lealtad de Rigoberto hacía Ismael, lo llevan a resistir la presión de los jóvenes, pero eso le impide llevar al cabo sus planes de retiro. Esta segunda historia se desenvuelve, junto con otra no menos preocupante para Rigoberto. Su hijo Fonchito, un adolescente que obtiene buenas notas en el colegio y que lleva una vida tranquila, empieza a tener conversaciones eventuales con un tipo mayor de nombre Edilberto Torres, a quien nadie conoce o ha visto, excepto el propio Fonchito. Estas entrevistas, reales o ficticias, que tiene su hijo se convierten en un dolor de cabeza para el hombre que aspiraba la tranquilidad absoluta.

En los dos relatos, las intrigas se presentan por momentos con tintes del melodrama telenovelesco. El propio narrador lo reconoce: "Dios mío, qué historias organizaba la vida; no eran obras maestras, estaban más cerca de los culebrones venezolanos, brasileños, colombianos y mexicanos que de Cervantes y Tolstoi, sin duda. Pero no tan lejos de Alejandro Dumas, Émile Zola, Dickens o Pérez Galdós." O de Vargas Llosa, se podría agregar. Porque, efectivamente, no importan los temas sino la forma de tratarlos; la maestría en el manejo del arte narrativo hace la diferencia. Una narrativa ágil mantiene el interés del lector y la tensión de los relatos en ascenso. La descripción de los ambientes pueblerino y metropolitano como telón de fondo, le dan vida al espacio en el que habitan los personajes. Es el Perú de la actualidad. Un espacio geográfico partido por la desigualdad regional. La capital con su halo cosmopolita y la provincia que, aunque tocada por la incipiente modernización, aún conserva a personajes y costumbres decimonónicas. Una mira hacia Europa y la otra a sus raíces locales. Ismael Carrera y Rigoberto, son representativos de la primera; mientras Felícito Yananqué y Adelaida, de la segunda.

Vargas Llosa se adentra en las profundidades de los personajes principales. Los retos a los que son sometidos muestran su complejidad y la manera en que cada uno navega sus propias tribulaciones. Enfrenta a personas con principios morales con otras que se mueven por la ambición, el dinero y el rencor. Los prejuicios y las creencias determinan la conducta y el juicio. Rigoberto interpreta los misteriosos encuentros de su hijo Fonchito con Edilberto Torres a partir de sucesos impresos en su memoria por la experiencia literaria. Recurre al Docktor Fautus, de Thomas Mann, para tratar de entender lo que le pasa a su hijo. A partir de su cultura libresca deduce que el tal Edilberto Torres es el mismísimo demonio, extrapolando lo que le ocurre al personaje de la novela, Adrian Leverkün. Otro prejuicio literario flota en la memoria de Rigoberto, pero él no lo reconoce y el autor no lo hace explícito. Al pensar que Edilberto Torres es un pervertido, un pedófilo, en realidad está pensando más que en el Docktor Faustus, en la Muerte en Venecia y en el asecho que Gustav von Aschenbach hace del joven Tadzio. El prejuicio del linaje le permite a Felícito Yananqué explicar y comprender el comportamiento criminal de Miguel, su hijo bastardo, quien resultó ser el autor del chantaje. Miguel no es mi hijo. "No lo es, no corre mi sangre por sus venas. Un hijo mío, un hijo de mi sangre, no hubiera hecho jamás lo que él me hizo." Los conflictos de la herencia y la sucesión, existentes desde el origen de la civilización, están presentes en El héroe discreto; actualizados en el contexto de la sociedad peruana contemporánea.

Rigoberto (¿el narrador?) hace una crítica demoledora a la prensa limeña, que bien podría ser aplicable a muchos de nuestros países. "La función del periodismo en este tiempo, o, por lo menos en esta sociedad, no era informar sino hacer desaparecer toda forma de discernimiento entre la mentira y la verdad, sustituir la realidad por una ficción en la que se manifestaba la oceánica masa de complejos, frustraciones, odios y traumas de un público roído por el resentimiento y la envidia." En la prensa que se ocupaba del asunto de Ismael Carrera y en el que se involucraba al propio Rigoberto, "Los hechos desaparecían bajo un chisporroteo frenético de exageraciones, invenciones, chismografías, calumnias y vilezas, donde parecía salir a flote toda la maldad, la incultura, las perversiones, resentimientos, rencores y complejos de la gente." Los periodistas, a quienes llama gacetilleros, compensaban su ignorancia con su morbo y su insolencia. Vargas Llosa conoce el mundo del periodismo desde adentro. Es un oficio que le ha ocupado, junto con el de escritor, toda su vida. Empezó a escribir a los dieciséis años en la "polvorienta y temblorosa redacción del diario La Crónica." El periodismo y la literatura le han permitido "vivir más, conocer mejor el mundo y frecuentar gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable." (Elogio de la lectura y la ficción)

La libertad individual para forjarse su propio destino personal es un tema presente en la novela. Sin embargo la vida no siempre va por el camino que uno pretende; está llena de imprevistos y vericuetos. En las conversaciones frecuentes que Rigoberto tenía con su hijo, éste le cuestiona por qué si siempre le gustó, de manera apasionada, el arte, decidió hacerse abogado. Rigoberto, después de reflexionarlo, acepta que no se dedicó al arte, a la pintura, la música, a los libros, por cobarde; porque no tuvo fe en sí mismo. Luego, le recomienda a su hijo que no traicione su vocación, que la siga a fondo, cualquiera que esta sea. En otro diálogo, Fonchito lo interroga: "Si tanto te gusta Europa, si sueñas día y noche con ella, ¿por qué has vivido toda tu vida en Perú, papá? Rigoberto de alguna u otra manera esquiva la respuesta. Sin embargo, Vargas Losa, que siempre estuvo fascinado por el resplandor europeo explica ampliamente -al contrario de su personaje- en su discurso de recepción del Nobel de literatura, por qué él si se atrevió a salir de Perú. Incluso aceptó a la española como su segunda nacionalidad en un momento en que estuvo a punto de perder la peruana. Algunos de sus compatriotas lo acusaron de traidor a la patria, cuando pidió sanciones internacionales para su gobierno, que consideraba dictatorial. Si uno lee con atención, encontrará que El héroe discreto contiene, como toda obra literaria, aspectos biográficos del autor, matizados o distorsionados por la ficción.

La novela tiene un final feliz y refleja la visión optimista que el autor tiene en el otoño de su vida. El héroe discreto triunfa sobre la adversidad porque antepone sus principios personales al chantaje y a la ambición desmedida. Felícito Yananqué es, por supuesto el héroe discreto; pero también lo es Rigoberto, Ismael Carrera y otros personajes secundarios, aliados a los principales. Aunque menos discreto, lo es también Vargas Llosa por sus logros en el difícil y fascinante arte de la escritura.

México, D.F. noviembre 17 DE 2013


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
amanecersinaloa.com
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434
Tipo:
Reportaje
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