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El marginado del ’68

02/08/2012 12:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Solía llegar a casa con el rostro cabizbajo. A diferencia de otros adolescentes, él no volvía al hogar con la ropa sucia y con la euforia de haber jugado al futbol. Después de varias semanas de observar la tristeza de su hijo, el padre le pregunto qué pasaba. "No me dejan jugar con ellos. Se burlan de que no tengo zapatos especiales", le respondió el chico. Pese a recibir las humillaciones de los que si jugaban porque sí tenían uniformes y tacos, él acudía a las canchas con la ilusión de recibir una oportunidad.

La oportunidad se le presentó cuando su padre le dio unos tacos, los zapatos especiales. Al día siguiente de haberlos recibido, el chico por fin jugaría al futbol con los otros chicos que lo habían despreciado por ser pobre, por ser hijo de un hombre perteneciente a la clase trabajadora. Mientras él corría tras el balón, su padre sufría en casa. Los tacos eran de segunda mano y se los habían prestado; antes de dárselos a su hijo los lustró para que parecieran nuevos.

Como ya nadie le quitaría esos tacos, el padre tuvo que pagarlos en abonos. El chico los desgastó y les sacó jugo, pero no sería en el futbol donde desarrollaría sus capacidades. Al término de un partido, mientras se dirigía a casa, un chico de raza negra lo interceptó en el camino.

-Corres como si fueras uno de nosotros.

-¿Por qué lo dices?

-Eres muy rápido.

-Te he visto escondido detrás de los árboles para vernos jugar, ¿por qué no juegas con nosotros? ¿Tampoco tienes zapatos especiales?

-Mírame, soy negro. Los negros no tenemos derechos. Puedes sentirte afortunado de ser blanco.

El encuentro marcaría al adolescente de raza blanca. Haría historia en los Juegos Olímpicos de 1968 al ganar la medalla de plata en atletismo, en la prueba de 200 metros. Su hazaña, sin embargo, pasó a segundo plano en su natal Australia. La presea conseguida era basura, según en su país, por apoyar la causa de los atletas estadounidenses de raza negra Tommie Smith y John Carlos, ganadores de las medallas de oro y bronce respectivamente en la misma prueba, y quienes saltaron a la fama por alzar los brazos con el puño cerrado y cubierto por un guante negro en el podio de la premiación.

La imagen que le dio la vuelta al mundo, y que hasta la fecha lo hace, fue la cruz de los tres medallistas, principalmente del blanco, Peter Norman. En esa mítica postal donde Smith y Carlos hicieron evidente su postura de unidad con el Black Power, su protesta contra los conflictos raciales en Estados Unidos, Norman no alzó el brazo, pero sí portó en su uniforme un distintivo con la leyenda Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos. El detalle le costó caro.

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Promotor y activista del antirracismo en Australia, opositor a que los niños aborígenes fueran arrebatados de sus padres para darlos en adopción a familias adineradas y de raza blanca, además de exigir respeto a las personas de raza negra, Norman volvió a su país para ser tratado como lo peor que le pudo haber pasado a la nación.

Se le impidió participar en competencias y certámenes posteriores, entre ellos los Juegos Olímpicos de Munich '72, aún con todo y que obtuvo su pase en las pistas. En las calles fue tratado con desprecio y la clase política lo tachó de paria, apátrida. "Tan pronto como llegó a casa fue odiado", señaló su sobrino Matt Norman, realizador del documental ¡Salute!, obra cinematográfica que muestra el calvario vivido por su tío. Y todo por hacer pública su convicción de apoyar los derechos humanos en México '68.

El rechazo y el trato inmisericorde le acompañaría a Norman hasta el final de sus días. No obstante los tiempos habían cambiado y no todos lo odiaban. Durante su funeral (2006), Tommie Smith y John Carlos cargaron su ataúd. Al mismo tiempo, aborígenes y gente de raza negra despidieron con aplausos a su héroe, al hombre que ofrendó su destino en favor de su causa.

"Se ha dicho que compartir mi medalla de plata con ese incidente en la victoria distrajo de mi desempeño. Por el contrario, tengo que confesar, estaba orgulloso de haber sido parte de él", fueron las palabras que expresó Norman en ¡Salute!, filme que ya no alcanzó a ver, pues se estrenó en 2008.

Ya fallecido, y como vaticinó su sobrino, Peter Norman seguiría escribiendo su historia en otro lugar. Se reencontraría con el chico de raza negra que le despertó la cosquilla por el atletismo. Dicen, no se sabe, que juegan futbol sin restricciones raciales y sociales; juegan incluso sin zapatos


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elbuenfutbol.com
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Reportaje
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