Globedia.com

×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Cuauhtemoc Mavita E. escriba una noticia?

La elección que viene y La Rebelión en la Granja

04/06/2012 15:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La gente está harta de los candidatos mediocres, sin formación y políticamente analfabetos que desafortunadamente abundan en las contiendas electorales

Cuauhtémoc Mávita E./Periodista

Hace tiempo tuve la oportunidad de conocer a George Orwell. Lo conocí a través de sus libros: Mis años de miseria en París y Londres, Subir en busca del aire, y La rebelión en la granja, este último sumamente ilustrativo de la transparencia o franqueza con la que externa su pensamiento social, en este caso en contra de las dictaduras y de los dictadorzuelos que suelen aprovecharse de su posición para pisotear los derechos de los demás.

Para los animales de la granja orweliana, todo aquel que caminara en dos pies era su enemigo, en este caso el hombre. Y empezaron a orquestar su rebelión confiando en el discurso del Viejo Mayor, un cerdo gordo, majestuoso de aspecto sabio y bonachón, quien les había hecho ver la vida desde un punto de vista totalmente nuevo.

Sin embargo, luego de la muerte del Viejo Mayor los animales de la granja dejaron todo en las manos de Snowball, un cerdo vivaz, con una gran facilidad de palabra, ingenioso, pero de carácter débil, y Napoleón, un animal grande de aspecto feroz, de pocas palabras y de ganada fama de salirse siempre con la suya. Por supuesto que ambos contaban con Squealer, un cerdito pequeño, gordito, de mejillas muy redondas, ojos vivarachos, movimientos ágiles y voz chillona que era, por decirlo de alguna manera, un orador brillante, y quien “…cuando discutía algún asunto difícil, tenía una forma de saltar de lado a lado moviendo la cola que le hacía muy persuasivo”. Se decía que era capaz de hacer ver lo negro, blanco. Los tres fueron artífices de un sistema de ideas que entre los animales de la granja se conocía como Animalismo.

Estaban unidos por siete mandamientos: 1. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo. 2. Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es un amigo. 3. Ningún animal usará ropa. 4. Ningún animal dormirá en una cama. 5. Ningún animal beberá alcohol. 6. Ningún animal matará a otro animal. 7. Todos los animales son iguales.

Esto aparentemente funcionó por un tiempo, pero cosa curiosa, surgieron las diferencias: Napoléon expulsó a Snowball acusándolo de todos los males habidos y por haber, y a espaldas de todos negociaba con los supuestos enemigos y se la daba de la dolce vita. En otras palabras, el sistema se saturó de deslealtades y traiciones, de “cazadores de brujas”, corrupción, nepotismo, y aquella idea primigenia de libertad se contaminó de tal manera que se volvió a caer en lo mismo.

No es bueno confiar en el viejo discurso como el de los cerdos gordos, majestuosos y de aspecto sabio y bonachón

Lo anterior se lo cuento porque los mexicanos están a punto de decidir, a través del voto, quien habrá de gobernarlos desde la presidencia de la república y quiénes serán sus representantes en el Congreso de la Unión, así como en algunos congresos locales y ayuntamientos del país. La decisión que se tome será crucial, sea para recomponer el actual estado de cosas o bien para hacer que se cambia pero para continuar igual.

Tengo la percepción, después de un diligente seguimiento de las campañas políticas de algunos candidatos a cargos de elección popular, que estos se han dado cuenta que la gente está harta de los candidatos mediocres, sin formación y políticamente analfabetos que desafortunadamente abundan en la actual contienda electoral. Eso no se puede ocultar mediante la propaganda, la publicidad o el dispendio de recursos que, valga decirlo, es una bofetada ante las carencias que padece la población. Se percibe la ineficacia y el cinismo proveniente de esa clase de candidatos, mismos que se llevan entre las coces a aquellos –aunque sean contados- que tienen vocación política y de servicio. Los malos candidatos solo generan desconfianza y amplían la brecha que separa al ciudadano del gobierno, la política y los políticos.

En la arena electoral los buenos y los malos políticos prometen una era de cambio aunque no lo precisan, por lo que este se interpreta como desplazar a unos para posicionarse otros y desde ese espacio poder perpetuarse; otra vertiente consistiría en ceder en algo para conservar el todo. Sin embargo, eso no es cambiar, sino el principio del engaño.

Ante esa realidad, el ciudadano está obligado a analizar con detenimiento el proyecto de cada candidato, las probabilidades de concreción del mismo y, entre otros, los alcances y beneficios. No hacerlo implica que la vieja historia de la rebelión en la granja vuelva a repetirse. No se puede apostar ingenuamente como Boxer, el caballo de tiro de la granja, a que las cosas van a cambiar por si mismas o en que los perversos grupos de poder y los malos políticos, en un acto de expiación de culpas, se van a desprender de sus fortunas –algunas de ellas mal habidas-, para liberar de la crisis de endeudamiento que asfixia a este país o crear empleos remunerados que son demandados en el campo, la industria y otros sectores cuya economía está deprimida.

Bueno: ¿Pero Usted qué opina?


Sobre esta noticia

Autor:
Cuauhtemoc Mavita E. (70 noticias)
Visitas:
476
Tipo:
Opinión
Licencia:
Distribución gratuita
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Personaje

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.