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Para entender al movimiento #YoSoy132

01/06/2012 12:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Juan Eduardo Martínez Leyva

La irrupción del movimiento estudiantil autodenominado Yo soy 132 durante el proceso electoral mexicano ha sido sorpresivo, pero tiene una lógica, en su origen, que es preciso intentar entender. La movilización juvenil tiene en común con el resto de los movimientos de jóvenes que se han sucedido, primero en los países árabes, después en España y luego en Nueva York, en que han reaccionado de manera espontánea contra poderes que ellos consideran insostenibles, por abusivos. Los jóvenes de la llamada primavera árabe protestaron contra las eternas dictaduras que sojuzgaron durante mucho tiempo a sus países. En España los indignados lo hicieron contra el poder político, incapaz de mantener el estado de bienestar y de ofrecerles oportunidades de empleo. En Wall Street, el reclamo se concentró en la denuncia a los excesos de la especulación financiera y del impacto que, a su juicio, ha tenido sobre la economía y sobre sus propias condiciones de vida. En México la protesta de los estudiantes está dirigida hacia el enorme poder que han concentrado los medios de comunicación y de su capacidad para influir en la renovación de los poderes del estado. Algo que distingue a todos estos movimientos es que se han apoyado en los instrumentos tecnológicos de la comunicación personal, para trasmitir su inconformidad y convocar a las marchas callejeras. Las llamadas redes sociales se descubren, no sólo como una forma de chacoteo y de reunión cibernética de amigos y conocidos sino, y esto es lo relevante, como un instrumento de rebelión en contra de algunos poderes hegemónicos, que actúan sin ningún contrapeso social. No obstante que los unifica la inconformidad, cuentan con una gran diversidad ideológica, lo que les impide ascender a niveles superiores de organización y tener liderazgos sólidos. Para el poder político, o para los agentes que son cuestionados, es sumamente difícil establecer una interlocución con ellos, porque no cuentan con una representación formal. Cualquier intento de mediación, o peor aún de cooptación, desde el poder resulta inútil. No son movimientos orgánicos sino espontáneos y dispersos: esa es su naturaleza. En eso radica su fuerza y su debilidad.

Los estudiantes mexicanos saltaron a la escena pública desde la universidad privada que durante mucho tiempo fue el emblema de la educación para las élites. Los típicos estudiantes de la Ibero fueron estereotipados, hace ya algún tiempo, por el célebre comediante Luis de Alba, como personajes frívolos y llenos de una ridícula pedantería de clase. Muy alejados del compromiso social que ahora expresan. La protesta se extendió rápidamente a los jóvenes del ITAM, otra de las instituciones educativas que ha sido, desde hace ya tiempo, el principal invernadero de profesionistas para posiciones directivas en el gobierno y las grandes empresas. Los itamistas se pararon a las puertas de Televisa, coreando consignas en su contra. La pólvora prendió también entre las instituciones públicas y en algunas ciudades del país. A diferencia de otros movimientos estudiantiles, éste no enarbola demandas propias de este sector, ni las reivindicaciones tradicionales de la izquierda mexicana. Sus militantes no son los típicos activistas afiliados a corrientes ideológicas o partidos. Tampoco son aquellos que han hecho de la protesta y de las manifestaciones su modo de vida. No plantean el fin del estado neoliberal, la caída del régimen, o la renuncia del presidente. No es un movimiento de clase, con profundo arraigo social. Sus planteamientos, aunque difusos y hasta contradictorios, se guían por uno que los cohesiona: ¡No a la manipulación y a la imposición del poder mediático! Demandan un derecho civil: el derecho de ser bien informados. El rechazo al candidato del PRI se explica porque ellos entienden que ha sido producto de un proceso de creación televisivo. Aunque para ser justos, deberían cuestionar a otros políticos en contienda, pues también ellos han sido pasados por las líneas de producción de imagen en las mismas empresas.

Independientemente del futuro de este movimiento, ya tuvo efectos positivos notables. El primero de ellos es que sacó del soberbio confort a los dueños del duopolio televisivo. Las primeras reacciones fueron las de siempre. Hacer como que nada pasaba. Luego fueron sorprendidos por la respuesta de los jóvenes ante el evidente ninguneo. Después sobre reaccionaron tratando de arropar a los jóvenes y ventilar, en vivo y en directo, sus opiniones e imágenes. El temor de perder su supuesto prestigio y el pánico que les produce la posibilidad de que las protestas de los jóvenes prendan entre un "público" más amplio, ha hecho que vayan cediendo un poquito aquí y otro más allá. Ambas televisoras aceptaron trasmitir el debate del 10 de junio en los canales de televisión abierta con mayor audiencia y cobertura geográfica. Simbólicamente este es el logro más vistoso del movimiento juvenil, debido al antecedente de cerrazón de los dueños del duopolio con el debate del 6 de mayo. El 30 de mayo, por medio de interpósita persona, anunciaron que están dispuestos a que el gobierno licite una tercera cadena de televisión abierta, algo a lo que se habían opuesto de manera obstinada ambas empresas. Un logro valioso es que las estructuras administrativas e intelectuales de los medios de comunicación entendieron, espero, que el manejo de las agendas propias, el lucro desmedido y el desaseo con el que frecuentemente se trasmite información, para un sector de la sociedad, tiene límites.

Por el lado de la política, el movimiento hizo reaccionar al candidato del PRI, quien comprometió, de llegar a la presidencia, crear un órgano de gobierno con representantes de la sociedad civil para vigilar el ejercicio del gasto de comunicación social de todos los niveles de gobierno, para que sirva a fines de interés público y no a la promoción personal de los gobernantes en turno. Lo que se propone hacer el candidato, de lograrlo, estaría afectando una de las bases en que se sustenta la ilegítima relación entre los medios y los políticos. Enrique Peña Nieto, sabe, por conocimiento de causa, como lo saben otros políticos, que es a través del gasto público en publicidad como se construyen las alianzas con las empresas mediáticas. De llegar a ser presidente y si pretende asumirse con legitimidad democrática, Peña Nieto estaría obligado a actuar lo más alejado posible, de la sospecha de que es un presidente que responde a los intereses de las televisoras. Para ello tendría que operar a favor de establecer una auténtica política de estado en materia de telecomunicaciones. De ocurrir así, el movimiento Yo soy 132, se habría adjudicado su triunfo más importante. Antes de mayo, la perspectiva nos hacía ver un entorno político muy favorable a la contrarreforma en materia de medios. Ahora vemos que dicha perspectiva se ha modificado. El enfoque, tanto de los duros empresarios como de los políticos capturados, debe ser favorable a los cambios y a las reformas. Ceder privilegios para seguir teniendo privilegios, esa parece ser la clave del nuevo juego. El asunto es ver hasta dónde y, sobre todo, cuándo.

Ver también La relación de políticos y medios


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Autor:
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Fuente:
amanecersinaloa.com
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Tipo:
Reportaje
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