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11/10/2013 11:49 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ernesto Hernández Norzagaray

A la memoria de Álvaro Mutis

image El séptimo congreso de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política nos dio la oportunidad de viajar a Colombia a un grupo de académicos mexicanos interesados en presentar sus investigaciones y escuchar a sus colegas principalmente de América y Europa.

Sin embargo, no solo a eso, venir a este país sudamericano es entrar en contacto, así sea déja vú, con una historia y una realidad con muchos puntos de contacto con la que los mexicanos hemos vivido en las últimas décadas y con especial crudeza en los años de la llamada guerra contra la narco.

Guerra de guerrillas, narcotráfico, violencia, crímenes políticos, atentados, regiones fragmentadas, poderes paralelos, fuerte militarización, desplazados y un largo etcétera que es la muestra de lo que no debe ser un país que se precia de sus instituciones y la gran pluralidad política que se expresa por distintos medios.

En Colombia está a flor de piel el conflicto armado que ha vivido ese país durante 55 años. Así, se puso de manifiesto en los medios de comunicación por la reciente comparecencia del Presidente Juan Manuel Santos en la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas, donde con franqueza describió con todo su dramatismo los daños que ha ocasionado está guerra pero también puso de manifiesto la necesidad de la negociación política para alcanzar la paz en los diálogos de La Habana con los representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Este tema además está en los medios de comunicación donde los analistas, políticos y académicos desmenuzan todos los ángulos de este problema mayúsculo de la vida pública colombiana y está también en los libros que encontramos bajo el título de Conflicto en un stand específico de la excelente librería Lerner en pleno corazón de Bogotá o en algunas de los foros del congreso de politólogos latinoamericanistas.

Más aun, está el testimonio de los cientos de miles de víctimas, que han abandonado sus lugares de residencia para ponerse a buen resguardo de la violencia política y criminal que ha afectado a vastas regiones de la Cordillera de los Andes.

Ley de víctimas

Gracias al acuerdo político de la llamada ley de víctimas muchos colombianos han podido rehacer su vida en otros lugares mediante políticas públicas de retorno o inserción en el mercado laboral. Un tema que en México sigue sin atenderse pese a que el problema de los desplazados por violencia sigue creciendo exponencialmente en varias regiones del país y ya se calcula en varios cientos de miles de personas que han abandonados sus comunidades, luego de atentados que han cometido los grupos criminales que mediante estas acciones buscan apropiarse de regiones para ir estableciendo sus bases de acción. Sinaloa, claro, no es la excepción.

Algunos de ustedes lectores se preguntarán por el lugar que ocupa el narcotráfico en el debate público. Hasta dónde percibí este problema se encuentra subsumido en el conflicto armado aunque altos dirigentes de las FARC han negado y niegan que tengan que ver con este sujeto criminal. Lo decía en vida el Manuel Marulanda, Tirofijo, el líder de las FARC y lo acaba de volver a decir uno de los negociadores de las FARC en La Habana.

Sin embargo, la apreciación que provoca a los observadores es que el narcotráfico se encuentra entreverado en el conflicto armado. No han sido poco los señalamientos de qué las FARC durante años se han financiado con sus recursos e incluso algunos de sus dirigentes han sido detenidos y extraditados como narcotraficantes a los Estados Unidos y otros más hoy son reclamados por las autoridades judiciales de ese país.

Más sobre

Pablo Escobar

Sin embargo, independientemente de las razones de uno y otro lado de este conflicto, la imagen del narcotraficante Pablo Escobar se encuentra en las calles en forma de portada de libros, CD´s, camisetas, magnetos, afiches, etc. A mí me ofrecieron algunas de estas imágenes a la salida del Museo del Oro y luego las he visto en banquetes y mercados de Bogotá y Cartagena de Indias. Es parte del paisaje e imaginario popular. Y es que un país con grandes desigualdades y problemas evidentes de pobreza, el narcotráfico aparece como un generador de empleos y de prestigio social. Muchos jóvenes que han crecido en los barrios de las grandes ciudades colombianas –cómo sucede también en las nuestras- ven ente negocio de miles de millones de dólares anuales una tabla de salvación para salir del hoyo de la pobreza y el anonimato.

De ahí que figuras emblemáticas como la de Pablo Escobar se haya convertido en un ícono que admiran y están dispuestas a emular aun con el costo de la vida. El problema del sicariato sigue siendo una realidad en este país andino y eso lo hemos visto en estos días en los medios de comunicación. No existe día donde no haya una referencia a estos jóvenes que deambulan por las ciudades en motocicletas asaltando y huyendo entre el tráfico de carros. Qué mejor ejemplo, la novela de Fernando Vallejo: La Virgen de los Sicarios, que muestra la realidad de este primer peldaño de la escalera del crimen en este país y que por desgracia en México, como también en otros países incluso industrializados como Italia, han encontrado un terreno fértil para su multiplicación.

Colombia, resiste

Pero, quizá lo que más sorprende es que en medio del conflicto armado, es la resistencia y el nivel de debate público, la necesidad que tienen los colombianos de hablar de sus problemas y buscar soluciones. La democracia colombiana aun con sus insuficiencias es vigorosa por la decisión de sus ciudadanos que dan muestra de querer salir de este hoyo en que han estado 55 años de violencia criminal.

Se dice en la teoría política que no hay peor democracia que aquella donde los problemas se minimizan, tergiversan, frivolizan o no se tocan porque ese vacío viene a cubrirlo otros que con frecuencia tienen intereses distintos a los de los ciudadanos. Los colombianos en la diversidad de pensar han construido acuerdos para restablecer el tejido social y han devuelto la esperanza de que la vida puede ser distinta. Se percibe en el ambiente y quizá por lucha no va a quedar. Han dado paso por ejemplo reconociendo la gravedad de los daños y los gestos de responsabilidad que tienen sus instituciones públicas. Quizá por eso, la Ley de Víctimas de la qué estamos lejos como país y que seguimos viendo como daños colaterales sin reconocer que detrás de cada víctima por la violencia se encuentra un yerro del estado y sus instituciones de seguridad pública.

Enseñanza

Y es ahí, donde está la enseñanza de Colombia para nuestro país, qué como sabemos el nuestro es uno de los más desiguales de América latina. Y ese tendría que ser el eje de la reforma fiscal, para que tanto los grandes deudores del fisco y los regímenes especiales se ajusten a políticas con alto sentido social.

La pobreza, el gran drama de México, hoy incrementado por las lluvias torrenciales que han azotado al país y han dejado a un país maltrecho en muchas regiones de la nación, necesita ser atendida no solo con paliativos sino con reformas y políticas públicas que faciliten la inserción social devolviendo la esperanza a millones de mexicanos. No hacerlo va a agudizar los problemas de criminalidad que hoy asolan diversas regiones y se agravan con la dispersión de la violencia. Incrementará exponencialmente el gasto policial y militar, como sucedió en este país andino y eso reforzará a estas elites castrenses que deben ser discretas en los gobiernos civiles fuertes.

En definitiva, la posibilidad de estar por primera vez en Colombia, un país donde la gente habla con una suavidad, precisión, dicción y con el usted por delante; además, donde son capaces de preparar una rica comida a base vegetales y con un aromatizante café, con librerías llenas de personas y una gran actividad teatral y musical, no puede tener otro mejor destino que una paz duradera que destierre de una vez por todas la violencia de estas tierras fértiles, como la de Tolima donde el extinto Álvaro Mutis dijo palabras más, palabras menos, qué él nunca había tenido necesidad de imaginar mucho pues había tenido la fortuna de haber crecido entre los aromas y los colores que nutrieron toda la magia de su poesía y narrativa.

Sólo, por último, el pueblo colombiano parece hoy luchar contra aquella frase de Mutis: El hombre es una especie que falló como especie, un ser dedicado a destruir el medio en que vive. Qué así sea.


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
amanecersinaloa.com
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Tipo:
Reportaje
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