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“Ese penalti fue mi carta de libertad”

12/07/2011 03:18 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aficionados argelinosFallar un penalti no siempre es cosa del juego. En ocasiones implica algo más que un destino del resultado en la cancha. Al menos así nos lo hace ver Hamzini Rajid, futbolista argelino que decidió errar un penalti para ser libre.

Originario de Argel, Rajid creció en un ambiente donde la perfección era la base prioritaria de su educación. Su padre, bibliotecario, quería que sus hijos fueran los mejores en todo y especialmente en el estudio. Las tareas escolares implicaban más que el simple hecho de hacerlas, había que memorizar a detalle cada una de ellas para que no crecieran "ignorantes". Este acto de aparente rutina infantil se convirtió en un suplicio para Rajid y sus hermanos, quienes prácticamente vivieron toda la infancia sin derecho a jugar o ver la televisión como cualquier otro niño. Además, el calvario de las tareas se acompañó de golpes. "Si llegábamos a cerrar los ojos por sueño, mi padre nos pegaba en el cuello con una vara", comentó alguna vez Rajid a un diario africano.

La medida surtió efecto. Rajid y sus hermanos eran los niños más elogiados en la escuela por su rendimiento académico. Siempre diez, nunca un nueve y mucho menos una calificación reprobatoria. La misma tónica aplicó para secundaria. Fue precisamente en esta etapa cuando Hamzini descubrió el fútbol. Vio que sus compañeros preferían patear una pelota en lugar de estar sentados con un libro y le cayó el veinte: "Mi padre no me vigila en el recreo, jugaré". Y creció aprovechando pequeños fragmentos de tiempo donde su padre no estuviera presente.

Pasaron los años y al terminar la preparatoria pasó a las reservas del Sportivo Argel, el equipo más seguido del país. La férrea disciplina impartida por su padre la aplicó en el fútbol. Ya se imaginarán, nada de diversiones ni distracciones. A los pocos meses de haber ingresado al club recibió la oportunidad de debutar en primera. Hauadui, el delantero estrella, sufrió un accidente automovilístico, por lo que estaría fuera de actividad un año. Rajid entró al quite y jamás dejaría la titularidad.

Comenzó a anotar goles a diestra y siniesta, de todo tipo. Pronto se consolidó como el nuevo ídolo de la afición; Hauadui permaneció en el olvido. El joven maravilla llegó a ser considerado casi un santo, un hombre capaz de hacer milagros con sus actuaciones en la cancha. Se dice que personas al borde del suicidio decidieron vivir de último momento al saberse agradecidos de presenciar las hazañas de lo que para ellos sería el mejor jugador del mundo.

Pero las devociones cuestan. Rajid no tenía permiso de nadie para fallar dentro y fuera del campo. Era preso de las largas filas de aficionados que pedían fotos o autógrafos. Vivió prisionero de la maquinaria publicitaria. Debido a su rol de "ejemplo a seguir" se le impusieron contratos en los cuales se estipulaba la prohibición de fumar, beber, ir a fiestas o efectuar prácticas mundanas como jugar cartas.

"No podía respirar en ningún lado. En el vestidor se me decía que miles de personas pagaban por verme y por ellos tenía que ser perfecto. En las calles, si tenía ganas de tomarme un refresco, la gente me regañaba diciéndome que alguien como yo no podía perderse en la mierda. Es difícil decirlo y aceptarlo, pero no tuve vida", dijo Rajid en una entrevista.

Llegó el día del suceso. Sportivo Argel y Rajá Casablanca, de Marruecos, disputaban la final de clubes africanos en El Cairo. Toda Argelia estaba con el equipo y principalmente con Hamzini. Ese torneo, ese trofeo sería el primer gran éxito internacional para las vitrinas del club. Fue un partido duro, intenso, donde ningún equipo dio tregua y tuvieron que irse a penales.

Con la tanda 5-4 a favor de los marroquíes, Rajid tenía en sus botines el tiro del empate y extender la serie a muerte súbita. Cogió el balón, lo colocó en el manchón y retrocedió ocho pasos. Al ver al arquero rival moviéndose de un lado a otro, cerró los ojos. "Sé que fueron un par de segundos, pero a la mente vinieron todos los recuerdos de mi existencia. En ninguno de ellos vi el mar o una bicicleta. Tampoco me vi abrazado de nadie o besando a una chica". Hamzini abrió los ojos, trotó y voló el disparo.

Argelia calló, enmudeció de rabia. Marruecos gritó, cantó la euforia de la gloria. Todos los integrantes del Sportivo lloraban, menos Rajid. Enmarcado por una sonrisa, el hombre corrió como loco para salirse del estadio. Abordó un taxi y pidió al chofer que lo llevara al aeropuerto. Tomó un vuelo con destino a Francia. Apenas pisó tierras francesas, besó el piso. Se revolcó en el asfalto, pataleó de alegría y chilló como nunca.

"Una vez que me establecí en Francia me dediqué a hacer todo lo que no hice en mi vida. Lo que más he disfrutado es caminar abrazado al viento. En mi país no me quieren, me consideran persona non grata. También han dicho que me perdí y que ahora soy una mierda. Es una lástima que no logren entender que soy libre. Ese penalti fue mi carta de libertad", palabras de Rajid a un medio francés tres meses antes de morir atropellado. Por cierto, su padre no fue al funeral.

Una ficción futbolera que cualquier día puede convertirse en realidad.


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elbuenfutbol.com
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