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Espacio público, escenario natural de expresiones juveniles

16/08/2012 03:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es en el espacio público donde la mayoría de los jóvenes en busca de su identidad producen y reproducen su cultura, con normas y prácticas propias, y tienden a representar su heterogeneidad cultural, señalan especialistas en temas juveniles urbanos pero alertan sobre la insuficiencia de foros para que esto ocurra. Los también llamados “escenarios juveniles” permiten a sus integrantes y usuarios expresar las diversas formas de vivir su día a día, realizar actividades que generen pequeñas identidades con eventos musicales, culturales o deportivos, con distintas características que propician la cohesión e identificación entre sus integrantes, refieren estudiosos del tema. Héctor Castillo Berthier, investigador de la UNAM y especialista en temas juveniles urbanos, indica en el libro “Espacio público y reconstrucción de ciudadanía”, que hay al menos cuatro tipos de espacios donde los ciudadanos interactúan y desarrollan sus actividades culturales: los oficiales, los de la máxima industria, los subterráneos y, los alternos. Estos últimos “constituyen uno de los muchos lugares donde la identidad juvenil se enriquece, se forma y se renueva”, aunque por desgracia en el imaginario social también representan los espacios de una juventud degenerada, automarginada y antisocial, dice en el texto. Para el investigador y promotor cultural, José Luis Paredes Pacho, es necesaria la apertura de espacios para la expresión de los jóvenes en el país, pero aclara que estos foros deben ser creados con enfoque específico, que consideren perfil y demandas de cada grupo, aunque “no se pueden tomar medidas sólo por modas”, advierte. En entrevista para Notimex, el actual director del Museo Universitario del Chopo y ex titular de la Casa del Lago, Juan José Arreola, agrega que a pesar de que existen espacios públicos para que los jóvenes se puedan manifestar y desarrollar a nivel cultural, musical o deportivo, todavía faltan más. Luego del surgimiento de las primeras manifestaciones juveniles en la capital del país en los años 70, con bandas como “Los panchitos”, el gobierno ha creado espacios para atender el surgimiento de estos y nuevos grupos, pero sólo como forma de legitimarse, por lo cual “el problema perdura”. “El problema básico, que es la falta de espacios de reunión, la falta de considerarlos como ciudadanos con criterio, con capacidades auto-organizativas, de prever y planear sus propios proyectos continúa”, afirma el escritor y músico. Coincide con estudiosos de las culturas juveniles en que históricamente la sociedad ha manifestado rechazo a que los sectores sociales emergentes planteen sus propias formas de constitución, organización y gestión de sus espacios y recursos, lo que incluso se ve reflejado en la ley de establecimientos mercantiles de la ciudad, que no incluye la creación de espacios culturales. Es posible “abrir un cabaret, un restaurante con variedad, un table dance incluso, una peña, pero un foro cultural alternativo independiente no lo puedes abrir. Esto también lleva a que tampoco son sujetos, estos proyectos potenciales, de apoyos institucionales”. Paredes Pacho aclara que tampoco se trata de que las instituciones abran foros culturales “como si fueran salones de fiestas infantiles pero para jóvenes”, sino más bien que haya partidas presupuestarías para estos proyectos, y cada proyecto debería ser estudiado, “lo que no sucede”. Por ello, señala la necesidad de una ley que permita la apertura de espacios culturales independientes con un perfil específico, “para evitar que se pervierta esa licencia y se cumplan las especificaciones” de que serán foros no lucrativos, en busca de la sustentabilidad, y que no se persigan estas expresiones culturales y sus dinámicas, además de que haya más difusión de sus actividades. Al igual que Castillo Berthier expone cuatro modalidades de foros o escenarios culturales: la escena cultural institucional; la escena cultural de la gran industria del entretenimiento; la escena subterránea, asociada a la economía informal, y la escena independiente (indi) que es muy pequeña por las restricciones de la misma sociedad. En el caso de este último, José Luis Paredes subraya que es necesario crear políticas públicas que entiendan la dinámica de estas iniciativas culturales ciudadanas, “tiene que haber políticas culturales y públicas que partan de la idea de apoyar a la ciudadanía y no a través de coptarlo todo y mediarlo a través de sus propios espacios”. Respecto a los espacios existentes para atender y permitir las expresiones juveniles que pueden observarse en la actualidad, menciona tres: los espacios independientes o subterráneos, como el Multiforo Alicia; los institucionales, como el caso del Chopo o los Faros (Fábricas de Artes y Oficios) de Oriente, Tláhuac, Milpa Alta e Indios Verdes), además de los semiindependientes como el Circo Volador. Abunda que aun cuando las instituciones crearan más espacios de expresión para los jóvenes, harían falta pues “no hay posibilidad de formar los espacios suficientes para cubrir a todos los grupos sociales que deberían tener lugares de encuentro”, de manera que los espacios independientes y semiindependientes son una alternativa para atender sus expresiones. El también ex integrante del grupo La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, explica que la diferencia entre los espacios creados por las instituciones y los integrados de manera independiente por los mismos jóvenes radica en la dinámica para la toma de decisiones y de gestión, así como en los compromisos y responsabilidades, aunque “sí pueden generar sinergias”. Paredes Pacho, quien fue baterista de uno de los grupos de rock más reconocidos de los años 80 y 90, señala que la música es también un medio de expresión para muchos jóvenes y que los grupos rockeros y los movimientos específicos dentro de este género musical “surgen directamente de las comunidades”. De acuerdo con el historiador por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), esta característica explica la diferenciación de gustos y de públicos, así como la generación de foros, independientes u oficiales, y los espacios que se destinan a estas expresiones en los medios de difusión. En el libro “La música en México. Panorama del siglo XX”, donde participó con el capítulo Rock mexicano, breve recuento del siglo XX, señala que este género musical surge en un contexto en el que los jóvenes no tenían libertad de elegir cómo divertirse, pues los espacios y la industria del entretenimiento estaban controlados por el mundo adulto, desde la familia hasta las autoridades. Opina que por el régimen político que se vivía en las décadas 80 y 90, la música tenía un carácter de underground o subterránea, con pocos espacios para tocarla, además de censura en espacios públicos y los medios de comunicación estaban cerrados a difundir este género. Como han escrito algunos analistas de las culturas juveniles urbanas, la generación de foros para estas expresiones tiene toda una historia de lucha desde los años 80, y en los 90 donde lograron mayor presencia. Algunos ejemplos significativos que se mantienen en la actualidad son el Multifaro Alicia, el Centro de Arte y Cultura Circo Volador, y el tianguis del Chopo; sin embargo, los jóvenes creadores y consumidores de estas expresiones musicales buscan más espacios, se organizan para abrir nuevos foros y encontrar donde manifestar sus gustos y construir identidad.

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