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Estamos rodeados de ruidos que no queremos y sin embargo son inevitables. Llegaron con la Revolución Industrial y se han quedado

06/10/2015 04:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El ruido es un sonido no deseado. Procede del latín, "rugitus", rugido. El ruido experimentado por personas que no lo producen se denomina "ruido ajeno". El ruido ajeno puede tener un impacto negativo sobre las personas sin su consentimiento

El problema con el ruido no es que no nos deje dormir a nosotros y a los niños sino que produce a los mayores y a todos pérdida auditiva, estrés y accidentes de trabajo inevitables. ¡Abajo el ruido!

El ruido es un sonido no deseado. Ruido viene del latín, "rugitus", rugido. El ruido experimentado por personas que no lo producen se denomina "ruido ajeno". De la misma forma que el humo de un cigarrillo pasivo, el ruido ajeno puede tener un impacto negativo sobre las personas sin su consentimiento.

El ruido es sonido desagradable o molesto, inoportuno, en la actualidad se encuentra entre los contaminantes más invasivos. El ruido del tránsito, de aviones, de camiones de recogida de basuras, de equipos y maquinarias de la construcción, de los procesos industriales de fabricación, de cortadoras de césped, de equipos de sonido fijos o montados en automóviles, con altavoces gritones en campañas electorales o publicitarias, por mencionar sólo unos pocos, se encuentran entre los sonidos no deseados que se emiten a la atmósfera en forma rutinaria.

El problema con el ruido no es únicamente que sea no deseado, sino también que afecta negativamente la salud y el bienestar humanos. Algunos de los inconvenientes producidos por el ruido son la pérdida auditiva, el estrés, la alta presión sanguínea, la pérdida de sueño, la distracción y la pérdida de productividad, así como una reducción general de la calidad de vida y la tranquilidad. Y hasta de accidentes laborales o de tráfico.

Experimentamos el ruido en diversas formas. En ocasiones, podemos ser a la vez la causa y la víctima del ruido, como sucede cuando utilizamos equipos electrodomésticos como aspiradoras, procesadores de alimentos o secadores de cabello, o lo producimos en la casa con gritos altisonantes y que molestan al vecino. También hay oportunidades en las que sufrimos el ruido generado por otras personas, al igual que sucede con el humo del cigarrillo. Aunque en ambos casos el ruido es igualmente perjudicial, el ruido ajeno es más problemático porque tiene un impacto negativo sin nuestro consentimiento.

El aire en el cual se emite y propaga el ruido ajeno es un bien público, de uso común. No pertenece a nadie en particular sino a la sociedad en su conjunto. Por consiguiente, ni la gente ni las empresas ni las organizaciones tienen derecho ilimitado a propagar sus ruidos a discreción, como si esos ruidos se limitaran solamente a su propiedad privada. Por el contrario, tienen la obligación de usar dicho bien común en forma compatible con otros usos.

(El sonómetro es un instrumento de medida que sirve para medir niveles de presión sonora de los que depende la amplitud y, por tanto, la intensidad del sonido).

En concreto, el sonómetro mide el nivel de ruido que existe en determinado lugar y en un momento dado. La unidad con la que trabaja el sonómetro es el decibelio.

La contaminación acústica nació en el siglo pasado y el problema de la contaminación industrial es uno de los mayores del mundo de hoy

Desde hace años el ruido se ha convertido en un factor contaminante constante en la mayoría de las ciudades, suponiendo en la actualidad un grave problema con efectos fisiológicos, psicológicos, económicos y sociales. El principal causante de la contaminación acústica es la actividad humana. El ruido ha existido desde la antigüedad, pero es a partir del siglo pasado, como consecuencia de la Revolución Industrial, del desarrollo de nuevos medios de transporte y del crecimiento de las ciudades, cuando comienza a aparecer el problema de la contaminación acústica urbana.

Nadie tiene la culpa las empresas y organizaciones no asumen la responsabilidad de interferir en algo que es uso común

El incremento de los niveles de ruido ha crecido de forma desproporcionada en las últimas décadas y sólo en España se calcula que al menos 9 millones de personas soportan niveles medios de 65 decibélios (db), siendo el segundo país, detrás de Japón, con mayor índice de población expuesta a altos niveles de contaminación acústica.

Los expertos consideran que una dosis diaria de 65 dB es el límite para la salud mental y física. Por ello, la organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un máximo de 55 db durante el día y de 45 db durante la noche. Por desgracia, pocas veces se respetan esos límites.

A diferencia de la visión, nuestro sistema auditivo está siempre abierto al mundo, lo que implica una recepción continuada de estímulos y de informaciones sonoras de las que no podemos sustraernos. Gran parte de nuestra experiencia está relacionada con el sonido, que constituye un estímulo importante y necesario, a la vez que es canal de comunicación con el medio que nos rodea.

Las personas, empresas y organizaciones que no asumen esta responsabilidad de no interferir en el uso y disfrute del aire común y en cambio crean contaminación por ruido, actúan en forma similar a un niño machista en el patio de la escuela. Aunque quizás sin proponérselo, ignoran los derechos de los demás y reclaman para sí derechos que no les corresponden.

Un estudio sobre el impacto de contaminación acústica en Europa, divulgado por la Comisión Europea, dice que el ruido dificulta el sueño a uno de cada cuatro europeos. El trabajo fue realizado en colaboración con la Organización Mundial de la Salud y en él se comenta que un tercio de los ciudadanos europeos se siente molestos por el alboroto provocado durante el día y la noche y a veces no deja ni dormir.

Es hora de que se trate a esta contaminación como un problema evidente de salud pública, pero los políticos que nos gobiernan no hacen caso apenas.

Nos tendríamos que organizar para aumentar la conciencia acerca de la contaminación por ruido y para ayudar a la comunidad a mejorar su situación en relación con este contaminante, luchando contra las violaciones del derecho a la tranquilidad.

Hay pocos grupos, organizaciones y empresas dedicados a la prevención de la contaminación por ruido, aunque sí existen en grandes ciudades algunos contra lo que se llama en inglés “noise pollution” (contaminación por ruido) o ruido polucionante.


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