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Even flow, Torreón arrives like butterflies

15/12/2014 16:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Por Luis David Niño Segura

Nací en el rancho más cosmopolita del norte de México. Torreón es una ciudad atravesada por la esquizofrenia. Es una zona geográfica cargada con una sobredosis de dopamina. Somos gente acomplejada por el progreso texano pero arraigada en las faldas de la virgen. De esas mismas faldas fui expulsado cuando le intenté agarrar la nalga derecha a nuestra señora de Guadalupe.

Mi abuela fue la primera que respingó. ¡Cómo es posible que uno de sus nietos se diera a conocer en la congregación por haberle metido la mano a la virgen debajo de su manto estrellado en pleno 12 de diciembre! Pero si me abuela supiera que al arte sacro no le ponen calzones, entendería el morbo de una huerco que nada más andaba buscando donde aprender lo que el libro de sexto año de primaria de ciencias naturales le había enseñado. Sí abuela miembro de la vela perpetua, lo único que deseaba, este tu nieto, era comprobar si la virgen ya tenía vello púbico en el área vaginal.

Cuando supe que por obra del espíritu santo Lupita había quedado en cinta, deduje (esto ya en el segundo año de secundaria) que, efectivamente, la Lupe para ese entonces ya debería tener mínimo unos doce años, edad puerilmente madura para poder abrir las piernas y parir al redentor de todos nuestros pecados. El hecho de andar hurgando entre el manto estelar de la virgen significó el aislamiento voluntario de mi familia. Años después emigré de Torreón para explorar nuevos senderos.

La violencia en la Comarca Lagunera me hizo ser parte de las estadísticas del éxodo de laguneros en el autoexilio. Llegué a tierra cristera, en la capital mundial de la piel genuina, el merito Huarachitlán de los Aldama, León, Quanaxhuato. Mi andar por ahí me hizo extrañar todos y cada uno de los detalles de mi tierra. La carne asada principalmente. Cómo se me antojaba un buen corte de carne lagunero. Siempre he considerado que los empresarios laguneros deberían buscar la denominación de origen y patentar Cortes de carne lagunero. Supongo que no lo hiceron debido a la violencia. O dígame uste' querido lector, si fuera a un restaurante, ¿se atrevería a pedir un corte de nalguita término medio de algún halconcillo torturado en la colonia Nuevo México? Definitivamente no. Los comensales desconfiarían de los cortes laguneros, no vaya a ser que sea carne de humano. Ni lo mande Dios (En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo amén)¿O qué hicieron con todos los cuerpos decapitados y desmembrados? Ni modo que la SEMEFO haya tirado la carne. Como diría mi madre, los niños tarahumaras tragando cacahuates japoneses en las esquinas de los cruceros y tú desperdiciando la comida.

No, no. Con la sequía y el ganado vacuno muriéndose de hambre, la carne humana que entre al quite. Pero eso fue en el pasado lector, ahora las lluvias sí llegaron a Torreón, ya no llovió solo 10 días, no señor, ahora llovió los 15 días máximo que se registran al año, y de esos 15, dos fueron de lluvias torrenciales. Algo que mi sobrino de catorce años, jamás había visto en su vida. Eso sin mencionar que por fin la mafia tamaulipeca dejó de extorsionar a cuanto hijo de vecino se dejara. La Z, según dicen mis conocidos, se convirtió en algo peor que Voldemort, no solo es innombrable, sino además, desapareció del abecedario. Esto, desde luego, lo dijo una vecina de mi abuela que siempre suele exagerar las cosas. Esa misma vecina que me descubrió, lupa en mano, observando detenidamente la entrepierna de la Lupe.

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Pero volvamos a lo que narraba. Cuando llegué a Leondres extrañé todo de Torreón. La carne como lo dije, pero también la cumbia. Desde Apache hasta los Primeritos de Colombia. Puro cumbierón loco para atizarse todo forjándose un gallito de kush. Mi manía depresiva me hizo comprar puros productos LALA y realizar mi despensa en Soriana. Pinche lagunero miedoso, me repetí más de una vez, pero La Laguna se extrañaba. El dejo de tristeza me hizo darme cuenta que también el olor a mierda te puede deprimir. Cada vez que pasaba por un mercado y olía ese putrefacto olorcillo a fruta y verdura perecedera, recordaba mis caminatas por el mercado Juárez en la madrugada, después de salir de alguna cantina bien pedo y bailado de ficheras allá por la Alianza.

Pero no se puede nombrar Torreón sin nombrar al Santos. Un equipucho de fútbol con aires de primermundista sumido en la tragedia de una ciudad tragada por el culo del diablo. El Santos se ha convertido en la última hoja de parra donde toda la podredumbre de la sociedad lagunera se refugia. Qué importa que paguemos impuestos para usar una bici, al Santos, al Santos que le condone el municipio 80 millones, total, la ciudad no los requiere. Pero el municipio está endrogado y no solo económicamente sino además política y socialmente. Torreón es una puta, esa una ciudad cachonda, que pasó de esnifar líneas de cois a inyectarse desmorfina. Es una ciudad que se consume por una enfermedad degenerativa.

Torreón y la Comarca Lagunera son un Leviatán con ébola. La ciudad se traga a sí misma y se muere ella sola. La gente vive encabronada, el clima es un asco y los suicidios están a la orden del día. Es una ciudad que vive en retrospectiva, que decae pero se mantiene como Courtney Love, empastillada para poder abrir los ojos.

Lo último que supe es que vivimos como en el viejo oeste, entre asaltos de bancos y suicidios. En lo que va del año se tienen registrados 8 asaltos bancarios y poco más de 128 suicidios. No descarto que dentro de veinte años, cuando la sequía por fin termine de hundir a la región y la convierta en un pueblo fantasma (o es la sequía o es el cáncer debido a Peñoles) History Channel saque un documental sobre la versión lagunera de Bonnie y Clyde y de John Dillinger. Ambos íconos masculinos serán interpretados por Vadhir Derbez y y Bonnie por Danna Paola.

Dejé Huarachitlán de los Aldama y me mudé a Querétaro. Sufrí la misma desesperación de extrañar Torreón. Ahora lo hago con menos ahínco, me acostumbré a dejar atrás la violencia o la crisis económica y política de La Laguna. Pero ahora, cada vez que aparece un muertito por el área metropolitana de Pueblétaro, siento una extraña sensación de sentirme en casa. Pienso eso mientras observo como un niño le tira dedo a la imagen de San Juditas situada a fuera de un templo. Quizá dentro de tres décadas el mismo niño se mude a Torreón en un éxodo de queretanos huyendo de la violencia que genera el capitalismo.

Tw:@ld_ns

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Autor:
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grupocronicasrevista.org
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Reportaje
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