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Exhibe “Casa Vallarta” escultura en bronce de Leonora Carrington

24/05/2012 04:44 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Una pequeña muestra del trabajo realizado por Leonora Carrington en materia de escultura es la que se puede apreciar en la muestra “Onirismo en Bronce”, que exhibe 10 piezas de la famosa pintora surrealista, a quien se recuerda mañana, a un año de su muerte, ocurrida el 25 de mayo de 2011. Abierta al público desde la semana pasada en el Centro Cultural “Casa Vallarta”, de Guadalajara, Jalisco, la exposición está integrada por una selección que hiciera el arquitecto Alejandro Velasco, su fundidor, de entre por lo menos 50 obras de Carrington. “Fui ayudante, trabajé a su lado desarrollando todos sus proyectos y modelos. Las piezas corresponden a un acervo que obtuvimos en completo acuerdo con la artista, y esta selección estuvo a mi cargo, pensando en presentar un bloque de lo último que ella generó. Además, se acerca su aniversario luctuoso y decidimos desarrollar esta exposición", comentó Velasco en la apertura. De acuerdo con la nota publicada por el diario jalisciense “El Occidental”, las piezas expuestas son de mediano formato, la mayoría de ellas observando una doble faz. La exposición de la llamada “última surrealista” permanecerá montada hasta el 19 de julio de 2012. Leonora Carrington fue una mujer enamorada de México y una de las mayores exponentes del surrealismo, quien desafió al tiempo, las modas y los lugares comunes por los que transitó. Nació en Lancashire, Inglaterra, el 6 de abril de 1917, en el seno de una familia adinerada, la cual aspiró a casarla con un miembro de la realeza británica, donde fue presentada como debutante en la corte de Jorge V. A raíz de esta experiencia, Leonora escribió una historia en la que se pronunció contra las pretensiones familiares de las que fue víctima. Fue expulsada en varias ocasiones de los colegios y, a pesar de la oposición de su padre para que se dedicara a la pintura por considerar esta actividad exclusiva de pobres y homosexuales, su madre la motivó para que terminara sus estudios, asistiendo al Chelsea School of Art de Londres, de acuerdo con la biografía que difunde el sitio “explorandomexico.com”. También asistió a la Galería de los Uffizi en Italia y más tarde se trasladó a París, donde aprendió del maestro cubista Amédée Ozenfant. Fue en Londres donde encontró a los artistas surrealistas. Un día, al ver la obra del pintor Max Ernst en la Exhibición Surrealista Internacional de Londres, en 1936, sintió una gran atracción hacia las pinturas y hacia el autor, aun sin conocerlo. Un año después lo conoció en una fiesta y Ernst se sintió también fuertemente atraído por Leonora, al punto de separarse súbitamente de su esposa para mudarse con la pintora a París. Sin embargo, su época juntos no duró demasiado, ya que él fue apresado durante semanas por las autoridades francesas en un campo de concentración al inicio de la Segunda Guerra Mundial, por ser considerado como un “extranjero enemigo”. Así, viviendo en un ambiente de guerra y cautiverio, Leonora huyó a España, donde sufrió de ansiedad y delirios de persecución. Sus aflicciones culminaron en una crisis nerviosa en la Embajada de Inglaterra, que obligó a sus padres a internarla en un hospital psiquiátrico en Santander, España. Esa etapa resultó de las peores de su vida, según recuerda la propia pintora, ya que fue sometida a un tratamiento farmacológico casi tan brutal como los electrochoques. Plasmó su dramática experiencia en su libro “Memorias de abajo”, donde describe a España como una prisión. Al poco tiempo, huyó a Lisboa donde se refugió en la Embajada de México. Allí, recibió la ayuda del diplomático y poeta Renato Leduc, con quien se casó para poder viajar a México, donde encontró por fin un hogar. Ya en México, se divorcio de Leduc y se casó con el fotógrafo húngaro Emerico Weisz, con quien tuvo a sus dos hijos Gabriel y Pablo. Durante los años 40, se relacionó con personajes de la cultura como Salvador Dalí, Pablo Picasso, André Bretón, Octavio Paz, Remedios Varo y Luis Buñuel, entablando gran amistad con ellos y generando una gran curiosidad, debido a su personalidad rebelde y peculiar. Exhibió su obra de manera importante en la Galería Pierre Matisse de Nueva York, en 1947, y gracias a su labor dentro del arte, fue condecorada en el año 2000 por la Orden de la Corona Británica, por la Reina Isabel II. La contribución de Leonora en el arte del siglo XX no sólo se limita a la pintura, sino que abarca rubros como la plástica, escultura y literatura. Escribió cuentos y novelas, publicando en 1938 su primer libro de relatos fantásticos titulado “La casa del muerto”, ilustrado por Max Ernst. Asimismo, “El séptimo caballo”, editado en 1992, es una compilación de sus cuentos más significativos. Y no es de extrañarse que la cultura mexicana quedara plasmada en la obra de la pintora, ya que vivió enamorada de cada rincón de México y prueba de ello es el mural “El mundo mágico de los mayas”, pintado en 1963 para el Museo Nacional de Antropología de Chiapas, donde fundió imágenes del Libro Sagrado de los Mayas con la magia y misticismo de la época precolombina. A principios de los años 70, escribió “La invención del mole”, obra de teatro en la que mezcló la invención de este alimento con su pasión por la gastronomía, y también el choque de dos culturas, imaginando que el Arzobispo de Canterbury visitaba la corte de Moctezuma. Durante los últimos años de su vida, Leonora vivió en la colonia Roma de la capital mexicana, se sabe que ya casi no pintaba y que su último cuadro permanecía celosamente guardado en un armario de su estudio. Animada por su galerista Isaac Masri se dedicó a la escultura, modelando figuras con cera. Algunas de estas figuras antropomórficas de gran volumen se pueden apreciar en la Avenida Paseo de la Reforma del centro de la ciudad. Su obra, poblada de figuras y estructuras complejas que tratan de mostrar y explicar su propia vida, permite apreciar a la vez, la mitología celta, la cábala y los juegos surrealistas, elementos de los que se valió para retratar una realidad absolutamente original. Destacan cuadros como “La giganta”, “Quería ser pájaro”, “Laberinto”, “El despertar”, “Y entonces vi a la hija del Minotauro” y “El juglar”, por mencionar algunos.


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