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Exhiben fotografías “post mortem” de los siglos XIX y XX

03/11/2011 11:52 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Integrada por 50 obras, la mayoría tomadas por el célebre retratista guanajuatense Romualdo García Torres (1852-1930), “La Muerte Niña”, es una muestra que presenta retratos de niños fallecidos a mitad del siglo XIX y principios del XX, una práctica común por el al alto índice de mortandad infantil de aquella época. La muestra, que podrá ser apreciada hasta febrero próximo en el Museo Regional de Historia de Aguascalientes (MRHA), explora esta práctica que tenía como propósito conservar un recuerdo de su corta vida y celebrar su “partida al cielo como angelitos”, ya sea vestidos de santos o en representaciones de escenas cotidianas en las que simularan estar vivos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) esta práctica fue muy común durante aquel periodo, sin embargo, en la actualidad este estilo fotográfico ha continuado, ya que existen algunas comunidades que aún lo practican, como los municipios de Pinos, en Zacatecas, y Cosío, en Aguascalientes. Organizada por el (INAH), Delegación Aguascalientes, esta exhibición ha viajado alrededor de cinco años y en esta ocasión fue enriquecida con una veintena de fotografías que forman parte del Archivo Histórico de Aguascalientes, así como de colecciones particulares de esa misma entidad, de Jalisco y Zacatecas. Estas fotografías “hablan de la celebración de la muerte de un niño, porque la idea es que el infante, al estar libre de culpas y pecados se iba ‘directo al cielo como angelito’”, explicó Darío Menchaca de la Torre, director del MRHA. Este ritual, conocido como “La Muerte Niña”, dijo, surgió en Europa, y llegó a América durante la época Colonial (siglo XVII), y en la primera mitad del siglo XIX, a través de la pintura se representaba a los pequeños difuntos de tres maneras: como angelitos, como si estuvieran vivos y llegando al cielo. Detalló que existen algunas imágenes más recientes de las décadas de los 50, 60 y 70, de ésta última destaca una perteneciente a la comunidad de Colotlán, Jalisco, por ser el único retrato a color de la muestra. Además, como parte del montaje se realizó la reproducción a tamaño natural de un estudio fotográfico con un ‘angelito’, a punto de ser fotografiado. Se trata de una escultura en cera de una niña difunta, y dicha recreación está acompañada de cédulas introductorias, un video y un audio, elementos que renovaron la antigua museografía con la que se había exhibido en otros recintos”, explicó el titular del museo. Así, fue en la segunda mitad de esa centuria que dicho formato fue sustituido por la fotografía, toda vez que se convirtió en el único medio utilizado para retratar a niños muertos, porque era más económico que la pintura, y por ende era accesible para la clase media. En los retratos, comentó el también curador de la muestra, el menor aparecía solo o acompañado por un familiar; o en ocasiones era colocado en la representación de una escena cotidiana en la que pareciera continuar con vida. “Generalmente, los niños difuntos eran ataviados como santos, por ejemplo San José, el Sagrado Corazón, o la Virgen de la Inmaculada Concepción; los vestían con trajes blancos o sus mejores ropas para la ocasión, posteriormente eran colocados sobre un tipo altar cubierto con una sábana blanca y coronados con flores de azahar, rodeados con rosas, azucenas y nubes”, apuntó. En el caso de México, hubo varios fotógrafos con importantes colecciones fotográficas de este tipo, tal es el caso de Juan de Dios Machain, jalisciense de quien se conocen más de 100 imágenes, y José Bustamante Martínez, de Zacatecas, quien dedicó gran parte de su trabajo a esta expresión visual. Aquí en Aguascalientes, existen destacadas evidencias fotográficas del ritual de “La Muerte Niña”, sin embargo aún no se ha determinado el nombre de los autores de estos retratos, mencionó Menchaca de la Torre. En el caso de Guanajuato, Romualdo García Torres, uno de los máximos exponentes de la fotografía post mortem en el país, llegó a tomar cientos de retratos y su obra es tan amplia que en ella también dejó huella de la vida cotidiana de la sociedad mexicana de hace poco más de un siglo. Cabe subrayar que la curaduría original de la muestra es del etnohistoriador Samuel Villela, y se realizó otra complementaria para enriquecer el carácter regional, a cargo de Darío Menchaca y Mario Palacios, del Centro INAH Aguascalientes.


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