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Exhiben en Otumba la muestra “De raíces prehispánicas”

04/07/2010 06:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La herencia cultural de México es presentada en la exposición "De Raíces Prehispánicas", que conmemora la Batalla de Otumba a través de la obra de 16 artistas plásticos de este país, que comparten sus propuestas en el Museo Gonzalo Carrasco. La muestra, inaugurada hoy, es presentada por el Salón de la Plástica Mexicana, como una visión contemporánea en sus formas y contenidos de la conmemoración de la "Batalla de Otumba", alejada completamente del exacerbado nacionalismo de muchos autores nacionalistas, y del folclorismo subjetivo, pues refleja los estilos bien desarrollados y sustentados por sus autores. La exhibición está integrada por 20 obras, entre pintura, escultura y grabado; todas ellas realizadas en depuradas técnicas que van del óleo, el acrílico, el aguafuerte, aguatinta, las tallas en mármoles y piedra, así como el bronce a la cera perdida. Los artistas Abel Ramírez, Alejandro Caballero, Alejandro Quijano, Aliria Morales, Antonio Díaz Cortés, Blanca Charolet, Celso Zubire, Froylan Ruiz, Isidro Castellanos, Luz María Solloa, John McGee, Jorge Germán Ramírez Nieto, José Luis Rueda Leal, María Luisa Reid, Rosa Ma. Alfonseca y Salvador Pizarro, al igual que el maestro Henry Moore, han encontrado inspiración en la belleza de nuestros ancestros y ahora muestran con libertad en sus nuevas formas de expresión un hecho histórico. Después de que Hernán Cortés se vio obligado a evacuar la ciudad de Tenochtitlan durante la lluviosa “Noche Triste” (30 de junio de 1520), en la que los Mexicas o Aztecas acabaron con gran parte de las fuerzas españolas en la ciudad, el nuevo emperador mexica Cuitláhuac persiguió a los españoles para destruirlos antes de que pudieran refugiarse en las tierras de sus aliados tlaxcaltecas. Un gran contingente de guerreros mexicas (en su mayoría tenochcas, pero también tepanecas, xochimilcos y miembros de otras ciudades o poblados mesoamericanos, sometidos o aliados) les alcanzó en los llanos de Otompan (Otumba) el 14 de julio del mismo año, donde les cortó el paso luego de días de escaramuzas por los pueblos del camino. Sabedores de que los mexicas siempre sacrificaban a sus prisioneros, los cerca de 500 españoles sobrevivientes, pero en su mayoría heridos, varios mastines y no más de un centenar de aliados tlaxcaltecas en las mismas condiciones, se decidieron a luchar o morir, a pesar de no disponer ya de artillería y haber perdido buena parte de sus caballos y arcabuces tras la derrota sufrida durante la huida de Tenochtitlán. Cuitláhuac, con su hermano Matlatzincátzin, el Cihuacóatl que había nombrado líder de la batalla, rodearon con sus hombres a los debilitados españoles, que resistieron durante horas intercambiando flechas por disparos de ballesta, los mosquetes y la escasa artillería que les quedaba. Hernán Cortés decidió entonces jugar su última carga atacando al tepuchtlato (portaestandarte/caudillo) Cihuacóatl, notable en la batalla por ser el más alto y adornado de los guerreros aztecas y por tanto indicio claro de que era el jefe supremo de su ejército. Por primera vez en la historia de la Conquista de México, los españoles realizaron una modesta carga de caballería formada por 5 jinetes (Sandoval, Olid, Alonso de Ávila, Alvarado y Juan de Salamanca) que se abalanzaron sobre Cihuacóatl al grito de "Santiago". "Llevaban a la guerra los más ricos vestidos y joyas que tenían. El capitán general, vestido ricamente, con una devisa de plumas sobre la cabeza, estaba en mitad del ejército, sentado en unas andas, sobre los hombros de caballeros principales; la guarnición que alrededor tenía era de los más fuertes y más señalados. Esto fue lo que experimentó el muy valeroso y esforzado capitán don Fernando Cortés en aquella gran batalla de Otumba", según narra la "Crónica de la Nueva España", de Francisco Cervantes de Salazar. El tepuchtlato (portaestandarte) Cihuacóatl fue emboscado por Cortés, quién lo derribó de las ancas y fue rematado de un espadazo por el soldado Juan de Salamanca, apoderándose de su insignia. Estas insignias eran señales del desarrollo de la batalla, y si caía era señal de que la batalla se estaba perdiendo. El ejército Azteca rompió filas al no tener un mando. A ese afán debieron mil veces la vida los españoles, y aun Cortés mismo. Sin eso, fácil habría sido acabar con aquel puñado de hombres, por bravos que fuesen. En Otumba encontraran todos su sepulcro; mas los indios, privados del estandarte real por la sagacidad y arrojo de Cortés, desfallecieron, y aquella inmensa muchedumbre desapareció como niebla", narra "La Conquista y colonización de México", de Don Joaquín García Icazbalceta. Sin lugar a dudas este acontecimiento fue una pieza clave en la historia de México y del continente americano. Por ello a Otumba se le llega a denominar "La Heróica Otumba". Tras esta victoria que inicialmente parecía imposible, los españoles pudieron retirarse a la ciudad aliada de Tlaxcala sin ser perseguidos más. Días después el emperador Cuitláhuac envió emisarios a los tlaxcaltecas proponiéndoles la paz a cambio de la entrega de Cortés y sus hombres, pero éstos rechazaron su idea y en su lugar acordaron una nueva alianza con los españoles para reconquistar Tenochtitlan. Persiste en la actualidad en el ámbito creativo en México un prejuicio al presentar expresiones visuales que contengan algún indicio indígena en su discurso, por temor a ser encasillados dentro de la denominada "Escuela Mexicana de Pintura" y fuera del quehacer del arte contemporáneo oficial reinante. No obstante, estos artistas plásticos mexicanos han superado un escondido complejo de inferioridad que observan algunos mexicanos que buscan la negación de sus orígenes, como lo plantearía Octavio Paz en los años 50, y enseñan, enfáticamente, sus importantes expresiones artísticas de carácter universal que se tienen en este país. El Museo Gonzalo Carrasco se encuentra en Plaza de Armas S/N, En el Centro de la población de Otumba, en el Estado de México.


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