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¡Fue un éxito rotundo la cantata Carmina burana en Culiacán!

31/01/2014 12:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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* El Mtro. Enrique Arturo Diemecke es aclamado en esta presentación.

* Los cantos mundanos medievales destacan la alegría de vivir.

Culiacán, Sinaloa.- ¡Fue un éxito rotundo! Todo se conjugó para ello: La Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes sonó como nunca; el gigantesco Coro integrado por coros de Culiacán y Mazatlán, los tres solistas invitados, y la prodigiosa dirección concertadora del maestro Enrique Arturo Diemecke.

Total: La presentación de la cantata escénica Carmina Burana , de Carl Orff cautivó a los cientos de asistentes al Teatro Pablo de Villavicencio, que al final del concierto brindaron una larga tanda de aplausos y aclamaron de pie a Diemecke, quien derrochó energía, entusiasmo, carisma y sabiduría.

En la noche convocada por la Sociedad Artística Sinaloense y del Instituto Sinaloense de Cultura, el Teatro lució un lleno total y desde el primer momento, Diemecke atrajo al público con su fuerte personalidad, su estilo vigoroso, su asombrosa manera de sacarle sonidos a la Orquesta y al Coro uniéndose a ellos e integrándolos en un todo único.

El programa abrió con tres piezas clásicas demasiado conocidas, pero no por ello menos cautivadoras: La Danza de los sables , de la Suite Gayane No. 3 de Aram Jachaturian; Bacanal , de la ópera Sansón y Dalila , de Camilo Saint-Saens, y la portentosas Danzas Polovetsianas , de Principe Igor , de Alexander Borodin, que fueron la carta de presentación de Diemecke en Culiacán, ex director por 14 años de la Orquesta Sinfónica Nacional y actual director de la Orquesta de Teatro Colón de Buenos Aires.

Pero la carta fuerte fue la segunda parte, con la famosa y amada cantata escénica Carmina Burana , cuando subió al escenario un Coro integrado por los Coros Ángela Peralta de Mazatlán; Vocacional del ISIC, Solistas del Taller de Ópera de Sinaloa, todos cubiertos con capuchas blancas, evocando a los monjes libertinos autores de estos versos rescatados del olvido hace un siglo, y posteriormente se sumaron los Coros Infantiles del ISIC y de Casa Achoy de SEPyC.

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Como solistas lucieron el barítono Enrique Ángeles, la soprano Elisa Ávalos y el tenor Rodrigo Garcíarroyo, que cantaron solos con la Orquesta y a veces seguidos por el Coro.

Con subtítulos de la obra, lo que facilitó su comprensión, los Cantos profanos de los monjes medievales agrupados en la obra Carmina Burana , dio inició con la pieza Fortuna, Emperatriz del Mundo , emblemática de esta cantata, y que es con la que cierra, como en una rueda de la fortuna.

En medio están los cantos a la vida, a la sensualidad, al vino, y al amor agrupados en los apartados La primavera (Primo Vere ), Sobre el Prado ( Uf der Angem ), En la taberna ( In Taberna ), La corte de amor ( Cours d'amour ), y Blancaflor y Helena ( Blanziflor et Helena ).

Y los versos de ¡Oh Fortuna, / variable como la Luna, / como ella creces sin cesar/ o desapareces!, resonaron de nuevo en el Teatro Pablo de Villavicencio, en medio de proyecciones de videomaping alusivas a los 25 poemas musicalizados por Orff en 1935, creando así la más grande pieza coral del siglo 20.

A lo largo de la obra, se celebró la llegada de la primavera y la ida del invierno, el impulso vital, la naturaleza y sus criaturas, el cambio al verano y los cantos al amor, las danzas en corro, las delicias de la vida mundana, el vino que "beben en abundancia desde el Papa y el Rey" hasta las personas de más humilde condición, para decirnos con todo ello que "quien no disfrute de la vida no merece compasión", y que "el amor nos ennoblece y nos hace honorables".

Sorprendente el capítulo En la taberna , donde los monjes declaran abiertamente su pasión por el vino, "más ávidos de placer que de la salvación", huyendo de un mundo asolado por la pestes, las constantes guerras y las desigualdades.

El final fue apoteósico. Pocas veces el Teatro Pablo de Villavicencio ha estado a punto de desplomarse con el peso de tantos aplausos. Enrique A. Diemecke salió tres veces a recibirlos, y hubo para todos: para los músicos en sus diferentes secciones, para los coros y sus directores, para los tres solistas que lucieron espléndidos en sus participaciones, y para el director orquestal, toda una figura de la música sinfónica de nivel internacional.

De la colección completa de los Carmina burana , Orff escogió 25 canciones y las ordenó de modo que pudieran ser representadas en un escenario. En cuanto a la música, se amoldó a la sencillez de los textos. Aproximadamente la mitad de las piezas son canciones cuya melodía se repite en cada estrofa casi sin variantes, limitándose algunas veces a realizar simples escalas mayores o menores. alt

El ritmo es el encargado de dar variedad al conjunto, impidiendo así cualquier monotonía. Esta riqueza rítmica es, tal vez, la característica más importante de los Carmina Burana de Orff.


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Autor:
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Fuente:
amanecersinaloa.com
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Tipo:
Reportaje
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