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Falta capacitación para atender conflictos juveniles: Azaola

15/08/2012 03:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el país, y especialmente en el Distrito Federal, los elementos policiacos carecen de las herramientas y la preparación necesarias para tratar adecuadamente los conflictos entre grupos juveniles, afirma Elena Azaola, especialista en criminalidad y violencia contra mujeres y jóvenes. La antropóloga social explica que a diferencia de otros países, que cuentan con programas de entrenamiento especial para que mediante la negociación con los grupos los policías sepan cómo desactivar conflictos juveniles, en México sólo se les detiene y encierra. “Sería muy importante que estos fenómenos sean tratados con un enfoque diferente al de la criminalización”, que se entienda que las conductas de los jóvenes reflejan un déficit en educación y “una concepción de convivencia ciudadana”. Por ello, recomienda ofrecer a los jóvenes un programa de educación basado en la prevención, “donde aprendieran valores como la civilidad, tolerancia, legalidad, la convivencia, la solidaridad; es decir un enfoque preventivo más que reactivo y de castigo, como suelen ser las reacciones de la policía de detener, encerrar, castigar”. De acuerdo con la especialista del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas), con este tipo de reacciones de parte de las autoridades “no se gana nada” pues a los jóvenes no les queda claro por qué se les estigmatiza y discrimina. Las autoridades, plantea Azaola, también deberían contar con programas formativos por los que pudieran hacerse cargo de los conflictos entre grupos de jóvenes de otra manera, “a saber cómo mediar, cómo arbitrar estos conflictos. Esas son las habilidades que requerirían nuestras autoridades y que desafortunadamente no tienen”. Además de estas acciones, también sería conveniente un protocolo de actuación policial, pero aprender a tratar los fenómenos juveniles va más allá de cualquier “formulario”, dice Elena Azaola, pues “si los jóvenes están apaleando a los jóvenes y los policías llegan y apalean a los jóvenes y los encierran pues nadie aprendió nada de tratar los incidentes”. Adicional al cambio cultural con respecto a los jóvenes, hace falta trabajar en una relación distinta entre autoridades y ciudadanía, “si tuviéramos una policía que envía un mensaje claro de que están para respetar y servir a los ciudadanos y para vigilar que todos los derechos sean cumplidos, y si el ciudadano también fuera conocedor de esos derechos y los defendiera por la vía pacífica, otra cosa sería”. De ahí la insistencia para que, como se ha hecho en otros países, en México se instrumenten programas para insertar a los jóvenes a la sociedad, hacer que se posesionen de su ciudad, “que se sientan dignos, útiles, respetados, que se sientan parte de la sociedad y de su cultura”. “Hay miles de experiencias en prevención del delito, fortalecimiento de la cohesión social, de la solidaridad; en lugar de hacer lo que la policía está haciendo, que es detener, encerrar a unos cuantos y dejar ir a otros y nadie aprendió nada”, asienta la especialista en antropología social. De acuerdo con Clara Meyra, del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, el único agente que tiene obligación ante los derechos humanos es el Estado, porque por origen el Estado-gobierno debe administrar la justicia a partir del debido proceso, de las labores de investigación y de mejores formas de ejercer la seguridad. Propone por tanto, más allá de una seguridad armada que impone castigos, una seguridad que permita el desarrollo de las personas y grupos sociales, cuando lo que se aprecia ahora es “una profunda violencia en los sectores poblacionales de más bajos recursos”. Desde 2004, Elena Azaola advertía en su artículo Juventud: exclusión y violencia, publicado en la revista Desacatos, la dificultad de desmenuzar del imaginario colectivo la idea enraizada de un vínculo aparentemente indisoluble, y reproducido por los medios, entre jóvenes-pandillas-violencia y drogas. Para la investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social “se trata, más bien, de una imagen construida a la que, sólo si la sometemos a un análisis cuidadoso, podemos descomponer en sus diferentes elementos”. Entre los factores que han propiciado esa imagen menciona el clima de alarma social, o de pánico moral que ha permitido colocar a los jóvenes como responsables de los elevados índices de criminalidad en general, y de la violencia en particular, observados durante la última década en los países de América Latina. A esto se suma el “deterioro de la sociabilidad”, mismo que se habría producido en países de la región sujetos a procesos de cambio relativamente acelerados como consecuencia de la modernización y de la puesta en práctica de los modelos de ajuste económico. Elena Azaola advierte que pese a las apariencias, los jóvenes no son los únicos, y muchas veces ni siquiera los principales responsables de la violencia pues de acuerdo con datos del reporte mundial de violencia elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2002, sólo se le puede atribuir a los jóvenes una parte de los hechos violentos que cotidianamente se suscitan en sus países.


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