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Fue Fernández de Lizardi iniciador de la novela moderna en América

14/11/2010 09:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A poco más de dos siglos de su nacimiento, ocurrido el 15 de noviembre de 1776, José Joaquín Fernández de Lizardi es recordado como autor de “El periquillo sarniento”, la primera novela del México independiente. Iniciador de la novela moderna en América, Fernández fue un pionero en la lucha por limitar el poder de la iglesia católica, pues fue el primero en pedir la separación de la Iglesia y el Estado, a costa de su propia ex comunión, destacó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Proscrito por el gobierno de Fernando VII, el autor fundó en 1812 el periódico liberal “El pensador mexicano”, con el que enfrentó en repetidas ocasiones el orden constituido a nivel político, militar y eclesiástico. Criticó las fallas administrativas y morales del Imperio Español, poniendo especial énfasis en los problemas de la Nueva España. Para reformarla, “creía en la educación racional, universal y obligatoria y en la libre discusión de las ideas”, asienta Beatriz de Alba-Koch, en su texto José Joaquín Fernández de Lizardi: haciendo patria con la pluma. Aunque más conocido por su novela El Periquillo Sarniento, publicada en 1816, el grueso de su obra y pensamiento está en cientos de hojas de periódicos y en folletos, lo que le permitió vivir de su pluma, por lo que se le considera el primer periodista profesional de América. El aprecio por la obra de este escritor empezó con Ignacio Manuel Altamirano, ya en el siglo XX fueron los ateneístas Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes, quienes estudiaron “El Periquillo Sarniento” no como una novela de costumbres sino en el contexto de los textos de emancipación del yugo español; los estudios más serios de la obra de Fernández de Lizardi corrieron a cargo de Luis González Obregón y, sobre todo, Jefferson Lea Spell. “Aunque la escritura del Periquillo antecede por cinco años el establecimiento del México Independiente en 1821, no suele ser estudiada como producto de la Nueva España. Al otorgársele la posición privilegiada de primera novela mexicana, se enfatiza lo que ahí anuncia de los temas y estilos literarios que posteriormente se desarrollarán...”. Los que primero apropiaron las novelas lizardianas para las letras mexicanas fueron los escritores de la Reforma, comenta De Alba Koch y cita a Guillermo Prieto, para quien El Periquillo Sarniento es “un gran libro para México” pues en él se encuentra la “justificación más fundada y más elocuente de nuestra independencia”. José Joaquín Fernández de Lizardi, conocido también como El Maniático de la Educación, hizo una obra que es, al mismo tiempo, política, literaria, periodística, sociológica, historiográfica y lingüística. Su novela “El Periquillo Sarniento” reviste especial interés porque permite atisbar la vida y las costumbres pintorescas de la Nueva España en sus postrimerías, al mismo tiempo que incurría en sus afanes moralizantes y educativos. La novela, asegura el escritor y filósofo español Fernando Savater, tiene un elevado valor testimonial, porque “en el fondo los malos y malditos de esta novela contribuyen a divertirnos y entretenernos”. Entre otras cosas, lo que logró el autor en la novela fue asentar el lenguaje peculiar, la jerga estudiantil, el habla de los abogados y los médicos, la jerigonza de los jugadores, de los ladrones, del bajo mundo en general, el dialecto de los indios, la variedad léxica de las comidas, las bebidas y la indumentaria. En resumen, un campo rico para los estudios lingüísticos, literarios, culturales y sociopolíticos de la época. El personaje principal de la novela es Pedro Sarmiento, apodado Periquillo por los colores de su atuendo y Sarniento, porque padeció sarna (infección en la piel). Es un criollo (hijo de españoles de América) que goza de más ínfulas que de bienes. “La indolencia, la soberbia y el juego pierden a Periquillo; su descenso social le hace descubrir y aprovechar las lacras de distintas profesiones y oficios. Su educación, su buena presencia y su astucia le permiten sobrevivir los altibajos de la fortuna, pero el desengaño que le provoca la muerte de su amigo Januario, que lo había inducido al mal, inicia la reconversión del pícaro. Después de muchas peripecias, Periquillo se reforma aceptando los beneficios del trabajo y de la virtud”, como lo describe De Alba Koch. En su lecho de muerte Pedro Sarmiento redacta sus memorias para “que en esta lectura aprendáis a desechar muchos errores que notaréis admitidos por mí y por otros, y que prevenidos con mis lecciones, no os expongáis a sufrir los malos tratamientos que yo he sufrido por mi culpa, satisfechos de que mejor es aprovechar el desengaño en las cabezas ajenas que en la propia”. La novela se publicó por entregas, los tres primeros volúmenes se publican durante el movimiento por la Independencia, el cuarto es censurado por la autoridad con el argumento de que hace críticas a la esclavitud; así, la obra se pudo conocer íntegra hasta 1831-1832. La investigadora María Rosa Palazón sostiene que Fernández de Lizardi “fue un gran defensor de la libertad de imprenta, por ello se molestó cuando Guadalupe Victoria prohibió el voceo de los periódicos, las obras comenzaron a anunciarse en documentos escritos y, en una población mayoritariamente analfabeta el documento se perdía”. Sus periódicos y folletos fueron denunciados en diversas ocasiones; incluso se prohibió la distribución de algunos de sus textos por su contenido en apoyo al insurgente, por considerarse subversivo. Para Palazón (José Joaquín Fernández de Lizardi, ILCE/Ediciones Cal y Arena, México, 1997, serie Los imprescindibles), además de El Periquillo Sarniento…, se tendrían que atender “en primer lugar los periódicos y folletos, en segundo la poesía aguda e irónica y la fábula y, en tercero, la novela Don Catrín de la Fachenda, donde Lizardi logra desprenderse de sí mismo para dibujar al personaje”. En la primera parte de su Testamento dejó asentado: “…mando que no me velen. Las veladas son inútiles a los enfermos; pero muertos de nada sirve sino de divertir holgazanes y tal vez enfermar a los dolientes” y también: “Mando que a la hora de mi muerte no atormenten más mi espíritu con gritos intempestivos, jesuseos de ahorcado, llantos en la pieza, conjuros contra diablos y otras diligencias que suelen tenerse ensayadas para esta hora…” Un año después de la muerte de Iturbide, se le concedió el grado de capitán y fue nombrado editor de La Gaceta de México. Rechazado por los independentistas a ultranza y odiado por los conservadores, murió en la pobreza el 21 de junio de 1827, víctima de tuberculosis. El epitafio que compuso para sí mismo reza: “Aquí yace El Pensador Mexicano quien hizo lo que pudo por su patria”, indica el Conaculta en un comunicado.


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