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Fieles hacen pactos con la Virgen de Urkupiña, Perú, en busca de sus sueños

16/08/2010 17:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Urkupiña, la fiesta que nació como una competencia de llameros en honor a una divinidad andina, hoy se ha convertido en una veta de sueños materiales y espirituales para peregrinos que vienen de todas partes al santuario, construido donde se cree que la Virgen María de Urkupiña en Perú, se le apareció a una pastorcita, para pedirle préstamos y que sea su guía en el camino de la vida.

Basta con ver la multitud que se congrega en Quillacollo los días de agosto para venerar la imagen para comprender la fuerza que mueve a los peregrinos.

El párroco del templo de San Ildefonso, Víctor Benavente, intentó explicar el misterio así: "Yo escuchaba al monseñor Tito Solari que lo que muchos consideran un fenómeno sociológico y espiritual es algo mucho más misterioso. Aquello que atrae a tanta gente es el encuentro del hombre –muchas veces en sufrimiento y en dificultad– que tiene ganas de decir algo de su vida y manifestarlo a los pies de nuestra madre, la Virgen María de Urkupiña. Yo creo que también los milagros que se han ido suscitando a lo largo de esta historia de la imagen sagrada hace que cada vez más la gente quiera apegarse".

Los días 14, 15 y 16 de agosto, Quillacollo se convierte en un gran centro de peregrinación. Y si bien el esplendor de la celebración está en la penitencia de los bailarines que llegan a danzar para la Virgen, la festividad alcanza su cúspide el último día, con la misa del alba y la caminata al calvario. El sacrificio de los devotos es la llave para abrir el corazón de la Virgen.

El pacto de los peregrinos –que va de uno a tres años– se plasma en promesas de regresar al santuario, que está ligado al ritual de las piedras. El altar de la imagen, tanto en el templo de San Ildefonso como en el santuario siempre, tiene velas y flores en señal de que la relación con la imagen está latente.

La religiosidad por la imagen es un rasgo característico de la identidad del valle y, según el director de Cultura de Quillacollo, Noé Pérez, la devoción se mantiene en forma permanente.

Una virgen con muchos rostros

Desde hace cinco años, la festividad ha enfatizado la integración a través de un encuentro simbólico de las advocaciones de la Virgen María. La iniciativa, promovida por misioneros y devotos, se ha plasmado en la visita de al menos 10 vírgenes cada año, con lo cual, la Iglesia católica marca el inicio de la festividad.

Con este gesto se pretende profundizar el mensaje de unidad para los peregrinos que año tras año llegan en agosto hasta el templo de San Ildefonso y el santuario de Urkupiña, en el cerro de Cota, motivados en el testimonio de la Virgen de Urkupiña y los milagros que se le atribuyen, muchos de los cuales están relacionados al bienestar material y físico.

Esta vez, la Virgen de Urkupiña recibió la visita de 10 imágenes del país y de Latinoamérica. Además, de otras 10 vírgenes locales como la Virgen del Rosario y La Inmaculada. Entre las traídas figuran El Socavón (Oruro), El Carmen (La Paz), Cotoca (Santa Cruz), Chawaya (Tarija), La Merced (Sucre), La Dolorosa (Tapacarí), Copacabana (Bolivia), Milagrosa (Colombia), Luján (Argentina) y Guadalupe (México).

Historias

Milagro La diosa que se volvió piedra

La festividad tiene sus raíces en una leyenda que narra el culto de los aymaras a una diosa. Se trataba de indígenas de Tapacarí, Ayopaya y Quillacollo que le rendían tributo a una divinidad, descrita en las crónicas como "una diosa de asombrosa belleza", llamada Kawillaka, quien dio a luz al hijo del dios fecundo, Cuniraya Huairacocha.

Aunque la diosa andina ya era venerada por su belleza, sería con el nacimiento del niño que surgió la leyenda que se ha reproducido hasta nuestros tiempos. Atraído por su belleza, el dios Cuniraya se fijó en ella y elaboró un fruto con su esperma, que la diosa comió sin conocer el origen y nueve meses después dio a luz a un niño. Intrigada por conocer al padre de su criatura, un día convocó a los dioses. Pero como todos se disputaban la paternidad, dejó que el niño reconozca a su padre. Éste buscó el regazo del andrajoso y sarnoso dios de la fertilidad. La diosa huyó y quedó petrificada.

La competencia de los llameros

La historia de la diosa petrificada dio origen a la leyenda sobre Urkupiña y su nexo con la fertilidad, pues enterado de su transformación, el dios Cuniraya Huiracocha ordenó a su hijo, el Inca, rendirle culto la divinidad.

Los tributos tenían lugar en un reducto incaico que comprendía la laguna de los Incas y las qolqas (silos), donde los incas acumulaban maíz. Como parte del rito se organizaron las carreras de llamas, que eran arriadas por sus amos hasta la cúspide de una colina, posiblemente el actual cerro de Cota.

La carrera fue alentada, principalmente, por los campesinos de Tapacarí, Ayopaya y Quillacollo, que competían por llegar a la cúspide y para ello traían sus mejores llamas. Cuando la llama más ágil y veloz llegaba a la punta del cerro, todos gritaban: "¡Orqopiña, orqopiña!", que fue traducido como: "Ya llegó al cerro". La llama ganadora era sacrificada en honor a los dioses.

Aparición de la pastorcita

Una leyenda alejada de la mística incaica es la que surgió en la colonia y que tiene como protagonista a una pastorcita. La historia cuenta que la niña pasteaba a sus ovejas cuando se le apareció una mujer con un niño en su regazo, iluminada por una luz celestial. Hay quienes añaden a esta versión que la misteriosa mujer dejaba a su niño jugar con la pastorcita. Las crónicas dicen que "una niña campesina pasteaba su rebaño de ovejas en la colina que hoy se llama el Calvario, situado al sur de Quillacollo, y un día se le apareció una señora muy bella con su hijo y entabló una conversación con ella". Las visitas se hicieron frecuentes y eso le pareció normal a la pastorcita pero no a sus padres, que le pidieron que la siguiente vez les avise. Llegado ese día, la niña corrió a su casa para avisar el fenómeno. El anuncio provocó que un grupo se reúna y vaya a ver la Virgen mientras la niña exclamaba, "¡Orqopiña!, ¡Orqopiña!".(Vengan a verla, está en el cerro).

Fuente|Los Tiempos.


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