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Forjó Amado Nervo su espíritu literario entre pérdidas y nostalgias

23/05/2011 03:56 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Conocido como uno de los literatos más importantes de América, el poeta mexicano Amado Nervo, quien murió el 24 de mayo de 1919, forjó su prolífica carrera con altibajos económicos y personales que a la postre, fueron elementos característicos de su lírica. Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, su nombre verdadero, nació el 27 de agosto de 1870, en Tepic, Nayarit; estudió los noveles básicos de educación en escuelas locales de donde fue oriundo. Tras el fallecimiento de su padre, fue enviado a Jacona, Michoacán, al Colegio San Luis Gonzaga, para posteriormente, estudiar la preparatoria en la localidad de Zamora, en ese mismo estado. Con estudios en latín, su preparación en la abogacía, se vio interrumpida por la decadencia financiera por la que atravesaba su familia, la herencia de su padre, había terminado. De regreso a Tepic, trabajó para ayudar al sustento familiar. Mazatlán fue uno de los destinos en donde comenzó a buscar un mejor destino. Allí, escribió sus primeros artículos periodísticos para el Correo de la Tarde. En 1884 viajó a la Ciudad de México, en donde empezó, como él mismo lo describió, “a abrirse paso”. Entre diversos oficios en los que trabajó, como tendero, tablajero y comerciante, Nervo tuvo que esforzarse para afrontar su nueva vida. Sin embargo, la muerte de su hermano, superó toda pena moral que en ese entonces vivió. En su faceta de escritor, colaboró en varias publicaciones como El Mundo Ilustrado, El Nacional, El Mundo, El Imparcial, El Universal y en las mejores revistas literarias. Abarcó diversos géneros de la literatura, por lo mismo tuvo una amplia producción en cuentos, reseñas, artículos, críticas de libros, semblanzas y crónicas. Una de las revistas para las que trabajó fue “Azul”, de Manuel Gutiérrez Nájera, en donde se relacionó con Luis G. Urbina, Rubén Darío, José Santos Chocano, entre otros que por su opinión y artículos, fueron importantes en el mundo intelectual de esa época. Cuando esta publicación cerró sus puertas, el literato mexicano fundó y dirigió al lado de Jesús Valenzuela, la Revista Moderna, que fungió como sucesora de Azul. Conoció París en 1900 cuando fue enviado como corresponsal del rotativo El Imparcial. En el viejo continente, su círculo amistoso estuvo integrado por Catulle Mendés, Moréas, Valencia, Lugones, Oscar Wilde y Rubén Darío, con quien afianzó su amistad, además de Ana Cecilia Luisa Dailliez, el gran amor de su vida. La muerte de Ana Cecilia, quien fue su compañera durante más de diez años, le significó “la amputación más dolorosa de sí mismo”, ello le inspiró “La amada inmóvil” (1922). Fue en París en donde publicó su primera obra “El Bachiller” (1895) y “Poemas” (1901), cuyas obras extendieron su celebridad en los países de habla hispana. Expuesto a los altibajos económicos, la opulencia que gozó por un tiempo decayó luego de que El Imparcial cancelara su participación. De regreso a México en 1902, escribió “El éxodo” y “Las flores del camino”, al tiempo que colaboró en la Revista Moderna. En ese mismo año publicó “Lira heroica”. “Las voces” (1904) y “Jardines interiores” (1905), fueron otras de sus obras. Consagrado en entre los poetas mexicanos, su capital simbólico le permitió ejercer la burocracia y la docencia. En este rubro, impartió clases de castellano en la Escuela Nacional Preparatoria. En el ejercicio diplomático, fungió como secretario de la embajada de México en Madrid, en donde vivió y entabló amistad con Mario Miguel de Val, director de la publicación Ateneo. Su estancia en la capital española, aumentó su acervo literario, pues además de cumplir en la diplomacia, escribió “Juana de Asbaje” (1910), “En vos baja” (1909), “Elevación” (1917), “Ellos” (1912). En 1918 regresó a México y adquirió el estatus que había perdido, por lo cual fue enviado como plenipotenciario en Argentina y Uruguay. Una anécdota de su vida cuenta que por el afecto y admiración que el poeta mexicano sentía por el compositor argentino Ernesto Drangosch (1882-1925) y viceversa, él artista sudamericano musicalizó los pomas “En paz”, “Amemos”, “Ofertorio” y “Un signo”. Amado Nervo murió en Montevideo, Uruguay, el 24 de mayo de 1919, a los 48 años de edad. Sus restos fueron trasladados a México en una labor apoteósica, en la que barcos argentinos, cubanos, venezolanos, brasileños, escoltaron la corneta uruguaya. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.


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