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Forma parte la Inquisición del imaginario colectivo

18/08/2011 04:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Con un saldo no tan fúnebre como en España, y en Europa, en general, de 43 sentenciados a muerte, el Tribunal del Santo Oficio, conocido como la Inquisición, tuvo una vigencia de casi 250 años en la Nueva España. El temible tribunal fue instituido en la Nueva España en 1571 y su abolición se concretó el 10 de junio de 1820, aunque el decreto había sido promulgado el 31 de mayo anterior, de acuerdo con el artículo “El fin de la Inquisición”, publicado por el historiador Alejandro Rosas en el más reciente número de la revista “Relatos e historias”, correspondiente al mes de agosto. Sin embargo, su negra fama perduró inconcluso bastantes años después del fin de sus días. Cuatro décadas después de que había desaparecido, en torno a su pasado sombrío seguía la construcción de mitos y leyendas, anota el especialista. Recuerda que el geógrafo, historiador y escritor Antonio García Cubas refirió que en 1861, un individuo de nombre Antonio Carreón exhumó 13 momias, de las cuales se llegó a afirmar que eran restos de renegados y judaizantes emparedados por el célebre tribunal, entre las que se encontraban la de Fray Servando Teresa de Mier. Al finalizar las tareas de la Inquisición no hubo festejos, pero si la liberación de 39 presos, quienes temían se quemados en el famoso cadalso de la Alameda y otros con 30 años de prisión, quienes tenían un estado físico lastimoso. Era 1920, un año antes de que se consumara la Independencia mexicana, por lo que aunque la gente acudió frente a la “Bastilla mexicana”, la sociedad capitalina mantuvo una actitud tan fría como las viejas y húmedas cárceles de la Perpetua, donde por años cientos de reos pagaron su “infidencia” a la fe católica. Tras su establecimiento en la Nueva España, en 1571, dos años después fueron excluidos de su jurisdicción los indios, en lo que el historiador Rosas califica como un acierto de la Corona española y la Iglesia. Recuerda que Pedro Moya de Contreras fue el primer inquisidor general de la Nueva España y quien estableció el mencionado Tribunal; el mismo año presidió el primer auto de fe. En 1573 fue nombrado arzobispo de México, cargo que ocupó hasta 1591. Simultáneamente se desempeñó que virrey de la Nueva España de 1584 a 1585. La “Bastilla Mexicana” fue el edificio de la Inquisición, era un sólido recinto de tezontle, ubicado en las calles de Sepulcros de Santo Domingo y la Perpetua (hoy Brasil y Venezuela), cuya entrada principal se denominaba “casa chata”. Determinados salones tenían acceso directo a las prisiones y pasadizos para ingresar a la sala de tormento, “donde había unos agujeros por los cuales los testigos y el delator no podían ser vistos por los reos”. Entre los tormentos físicos a los que eran sometidos los reos, se encontraban: el de la cuerda, que consistía en estirar extremidades (brazos y piernas) del acusado hasta que confesara o sus articulaciones se quebraban. Otro era el tormento del agua, que provocaba en la víctima una sensación desesperante de ahogamiento; también, el suplicio de los pies, los cuales eran untados con aceite o tocino para provocar mayor dolor al agrietarse la piel por la grasa hirviente. Los reos portaban el llamado “sambenito”, una especie de escapulario de lienzo o paño, amarillo o rojo, que cubría el frente y la espalda del individuo hasta casi las rodillas, con tres distintas modalidades, dependiendo la sentencia del reo: “Samarra”, “Fuego Revolto” y “Sambenito” -nombre que después fue común a todos-. La “Samarra” la llevaban los relajados, o sea, los presos entregados al brazo seglar (tribunales ordinarios de justicia) para que fueran agarrotados o quemados vivos. Tenía pintados dragones, diablos y llamas, entre las que se veía ardiendo el retrato del reo. El hábito conocido como “Fuego Revolto” era el de los que habían demostrado arrepentimiento y por eso se pintaban las llamas en sentido inverso, como para significar que se habían escapado de morir abrasados por el fuego. El “Sambenito”, que vestía el común de los penitenciados, era un saco encarnado con una cruz aspada o de San Andrés. Llevaban también rosarios y velas amarillas o verdes encendidas los reconciliados y apagadas los impenitentes y cuando eran blasfemos se les ponían mordazas. Cabe mencionar que en Tlalpan (entre las actuales calles de Matamoros e Hidalgo), se encontraba otro inmueble con el mismo estilo arquitectónico, edificación que era conocida por la gente como Comisariado de la inquisición, la cual se decía que algunos célebres inquisidores la habían habitado sucesivamente, de ahí el origen de su nombre. El cronista Luis González Obregón señaló que tras casi 250 años de ejercer funciones el Santo Oficio, el saldo no fue cruento, pues sólo se había dictado sentencia de muerte a 43 reos, aunque cientos de personas que pisaron las cárceles secretas de la Perpetua sufrieron en carne propia el tormento físico y psicológico, la humillación o la degradación que ejercieron los inquisidores. Varias generaciones crecieron con el recuerdo de las injusticias y los excesos cometidos al amparo de la religión, pues la Inquisición se mantuvo presente en el imaginario de la sociedad.

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